El estupor, el asombro, el deslumbramiento juegan un papel en la vida humana. Un papel que puede menospreciarse. Mi propósito es resaltar la importancia que tiene para los humanos esa reacción que llamamos asombro, especialmente frente a la verdad.

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Pero primero, la definición de asombro

¿Qué es asombro? Algo simple, en apariencia y un elemento vital frente a la verdad.

No es difícil definir asombro, una sensación de gran sorpresa, una vivencia de estupefacción ante lo no esperado, frente a lo impensado. El deslumbramiento que se tiene al descubrir algo. Y la verdad es usualmente algo que produce asombro

Más aún, el asombro se conecta con la niñez:

«Los niños llegan al mundo con una inmensa capacidad de asombro y los adultos nos encargamos de suprimirla a través del tedioso recorrido por el sistema educativo. Y […] el desinterés general en aprovechar la disposición de la primera infancia hacia las preguntas […]». elespectador.com

Y, obviamente se pierde al crecer:

«Pasando los años no somos capaces de asombrarnos de nada, todo nos parece “evidente”: el encender la luz desde un interruptor, abrir la llave y ver correr el agua, despertarnos y ver la luz; salvo cuando algo nos falta». comc4.wordpress.com

📍 Quizá lo primero en lo que pueda pensarse es en las posturas frente a la verdad que puede tener una persona y que pueden llegar al extremo de decir que es totalmente cierto que no existen verdades.

Asombro y verdad

El asombro suele conectarse con lo que produce, bien visto, un suceso cualquiera, como presenciar una puesta de sol, ver Las meninas, escuchar a un ruiseñor, o una sinfonía de Beethoven. 

El asombro está ligado a la idea de descubrimiento, siendo la verdad eso que lo produce. Ese descubrimiento no un hecho científico necesariamente, como el descubrimiento de la penicilina, sino un acto personal. 

Es el darse cuenta por uno mismo de una verdad descuidada, de la que ahora se tiene conciencia. Es como una tríada que va de verdad a descubrimiento a asombro.

El Productor: La verdad sobre un rol distorsionado

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La queja acostumbrada

El lamento usual: hemos perdido la capacidad de asombro, como el de maravillarnos ante un apagador eléctrico. Sin embargo, hay algo más sutil en el fondo de esa pérdida de capacidad de asombro y que en realidad no es tal.

Lo que se ha abandonado es ese punto intermedio entre asombro y verdad, el descubrimiento. Es decir, la voluntad de pensar o reflexionar que lleva al descubrimiento, al asombro final ante la verdad.

Es el ponerse a pensar lo que se ha perdido, abandonar el hábito de preguntar y cuestionar, en otras palabras, de hacer filosofía.

📌 Por ejemplo, no es que no nos deba asombrar ver una puesta de sol entre las montañas, eso debe suceder bajo ciertas circunstancias, lo que falta es el asombro ante las cosas que se dan como dadas, como la propia vida. En otras palabras, asombro frente a lo intangible, lo espiritual, lo sagrado.

Es cuando se deja de ser intelectualmente curioso que se pierde el asombro ante la verdad. Eso es lo que produce el hacer de lado a la costumbre de ponerse a pensar, de intentar ser perspicaz.

Pero hay otra forma de perder el sentido de asombro y ese es el suponer que la verdad no existe. Sin verdad, no hay posibilidad de asombro. Eso lleva a examinar una posibilidad.

¿Qué sucedería si no existiera la idea de la verdad? 

Un reto a la imaginación. ¿Cómo sería el mundo si no tuviéramos en nuestra mente el concepto de la verdad?

Tiene utilidad pensar en ese mundo sin verdad porque, al fin de cuentas, eso es lo que muchos piden. Los que dicen que todo es relativo, que cada persona tiene su verdad, que no hay posibilidad de saber la verdad. 

Un ejercicio de imaginación que describe la letra de una nación

«El principio y el final. Los de mal y los de bien. Más arriba cuál de cuál. Más abajo quién de quién. El derecho y el revés. Lo prohibido y lo legal. […] Todo es relativo. Todo lo que ves. Lo profundo y lo banal, lo real y la ilusión. […] Lo perfecto y lo anormal. La locura y la razón. Lo correcto y lo inmoral». Tabaré Cardozo.

Con relativismo y sin verdad

Poca confusión puede haber en ese reclamo de que todo es relativo. Son lo mismo la locura y la razón, lo correcto y lo inmoral. Ahora es momento de especular qué tipo de mundo se tendría si no existiera el concepto de lo verdadero.

Un filósofo contemporáneo ha hecho la tarea por nosotros, partiendo de un ejemplo muy simple:

«Imagínese tratando de aprender francés en una sociedad de franceses monolingües, sin suponer que, en general, pretenden hablar con sinceridad. Por supuesto, no todo lo que decimos es cierto: a veces cometemos errores, a veces decimos mentiras o verdades a medias. Pero sin el concepto de verdad y su posición soberana en nuestro discurso, no podríamos decir mentiras; tampoco podríamos tener el concepto de un error». Scruton, Roger. An Intelligent Person’s Guide to Philosophy (p. 28). Penguin Publishing Group. Kindle Edition. 

En un mundo en el que no existiera la verdad, por ejemplo, no se podría aprender otro idioma, ni matemáticas (la raíz cuadrada de 144 variaría). No podría decirse que un cierto gobernante ha mentido, ni que se ha cometido una equivocación en un estado financiero.

La comunicación entre las personas sería nada más que un lanzamiento de palabras sin significado. No podríamos estar de acuerdo con nadie, tampoco en desacuerdo. Perdería todo significado, el significado que se encuentra en esa concepto de verdad. Nada tendría validez, ni significado. Tampoco habría posibilidad de asombro.

No sería un mundo agradable ese en el que no existiera sorpresa ante la verdad.

Conclusión

Examinar el asombro ante la verdad tiene una justificación. Sin asombro ni sorpresa, sin deslumbramiento ni estupor, la vida humana perdería mucho de su sentido.

Porque sin pensar, sin razonar, sin hacer filosofía no hay descubrimientos personales, ese darse cuenta de la realidad de las cosas.


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