Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pensar: Arte Perdido
Eduardo García Gaspar
16 noviembre 2009
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Un tipo le dice a usted cara a cara que “no hay religiones verdaderas”. No sé qué haría usted, pero cuando me sucedió eso hablando con un profesor, me atreví a llevarle la contraria. Otro caso de otro clisé que es imposible de dejar pasar. Necesita ser examinado. Lo que le dije fue lo siguiente.

“Primero quiero entender lo que dices. Afirmas que ninguna religión puede reclamar para sí misma que ella es la verdadera, ¿cierto? Eso significa que no puede haber reclamos teológicos de verdad en religión alguna, ¿cierto? Muy bien, sin embargo, lo que tu afirmas es una cuestión teológica y religiosa también. No tiene sentido decir que no hay religiones verdaderas, porque decirlo es también una declaración religiosa”.

Fue un gusto encontrar hace poco en un libro una ocasión similar acontecida a otra persona y que razonó igual que yo (quizá ambos estemos equivocados, quizá no, pero lo que decimos es lógico). En ese mismo libro encontré otra situación que expongo (Budziszewski, J. (2004). Ask Me Anything: Provocative Answers for College Students. NavPress).

Imagine usted que alguien dice que cada cultura vale en sí misma y que sólo puede enjuiciarse de acuerdo con sus propios estándares. Hay gente que en realidad piensa así, que cada cultura tiene validez en sí misma y que ninguna puede juzgarse sino desde dentro de ella.

La respuesta más usada es la que usted se imagina: hacer una pregunta inocente. ¿Debe juzgarse a la mentalidad nazi sólo de acuerdo con lo que ella creía, sin calificar desde fuera asesinatos masivos? Es suficiente para desarmar a cualquiera, pero hay más.

Usted puede plantear lo siguiente a quien dice eso de no poder evaluar a ninguna cultura con criterios externos. Supóngase que existe una cultura que se cree superior a todas y que según ella el resto de las culturas deben ser evaluadas de acuerdo con sus estándares propios. ¿Podría esta cultura ser sólo evaluada de acuerdo con lo que en ella se piensa?

Más aún, decir que ninguna cultura debe ser evaluada con estándares exteriores a ella, es una afirmación influida por una cultura y sería opuesta a la de otra cultura en la que se cree que sí pueden evaluarse con criterios externos a otras culturas.

Las dos afirmaciones a las que he hecho referencia, la de que no hay religiones verdaderas y la de que no es posible evaluar objetivamente a cultura alguna, pertenecen a una clase de conocimiento aceptado, el que es llamado políticamente correcto. Es decir, se juzga que es de mala educación cuestionarlas y, por eso, se les acepta como verdades incuestionables.

Verdades incuestionables, pero artificiales y que son sujetos de situaciones chuscas. El libro que aprovecho aquí narra una, la de un profesor que dice que las culturas sólo pueden ser juzgadas por sus propios criterios y por eso critica a los misioneros cristianos que hacen su prédica en varias culturas. ¿Es lógico lo que dice el profesor?

No. Si dice que cada cultura debe ser juzgada por sus propios criterios internos, eso también es aplicable a los misioneros cristianos, quienes tampoco podrían ser criticados por esa razón.

Son cosas como éstas las que hacen divertido el ser columnista y encontrar clisés aceptados que al final de cuentas son afirmaciones irracionales que no se sostienen a sí mismas. Mucho me temo que la existencia de esas frases tan populares como falsas tengan, al menos en parte, un mismo origen: la afición por los eslóganes que evitan pensar.

No creo que sea malo que la publicidad recurra a frases memorables para vendernos un producto cualquiera. Las frases que usan Coca-Cola, o Pepsi-Cola para vender sus bebidas son de escasas consecuencias. Pero reducir el estudio de las culturas y religiones al eslogan de que ninguna cultura puede ser criticada, o es verdadera, es algo de consideración.

Es especialmente dañino en clases, donde profesores pasan clisés que impiden la curiosidad intelectual. Quien dice a sus alumnos que todas las religiones son iguales, no sólo comete un error de lógica, sino que emite un conocimiento equivocado.

O como me dijo un amigo, las mentes que se han acostumbrado a ver imágenes en la televisión, en programas con argumentos estúpidos, no pueden ya digerir razonamientos lógicos expresados en palabras. Y se convierten en presas fáciles de frases contagiosas que les repiten personas con cierta autoridad. Quizá tenga razón.


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