Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Escuchar es Clave
Eduardo García Gaspar
12 abril 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Voy a usar algunos datos de Mozart. Igual que hace ya años.

Los usaré para hablar de dos cosas: del aborto y de la razón o inteligencia.

No se sabe con exactitud la fecha en la que W. A. Mozart escribió la Serenata en Si bemol, K.361/370a.

Pudo haber sido hacia finales de 1783, o bien a principios del año siguiente.

Alguien, cuya identidad no se conoce, escribió en el manuscrito original las palabras Gran Partita. Desde entonces así se le conoce.

Fue compuesta para instrumentos de viento. Tiene siete movimientos.

Sabemos que el 23 de marzo de 1784, cuatro de esos movimientos fueron estrenados por Anton Stadler, en Viena, en el Teatro Nacional Hoftheater. Stadler fue un virtuoso del clarinete.

Mozart compuso para Stadler un quinteto (K.581) y un concierto (K.622). La Gran Partita tiene algunos parecidos con otras obras: el quinteto K.452 y la sonata K.454.

La Gran Partita es el cierre del período de escritura de Mozart para instrumentos de viento. La Gran Partita es una gran obra, en especial me agrada el tercer movimiento, adagio. Me gusta también el quinto, romanze.

No es una obra que agrade desde la primera vez que se escucha. Los instrumentos de viento tienen sonidos no usuales en esta época. Necesité oírla varias veces. Ahora es uno de mis grandes placeres. Escuchar es clave.

Eso mismo pasa en otras ocasiones. Hay cosas que no agradan al principio y que son rechazadas sin mayor oportunidad. Las hay que gustan desde el inicio y posteriormente son puestas de lado.

Es una cuestión de la mente, de la costumbre, de la apertura, de la cerrazón, de la emoción.

En nuestra época hay, y seguirá habiendo, un tema que recuerda esas reacciones. Es el tema del aborto.

Digo, admitiendo que puedo estar equivocado y que no pretendo imponerme sobre nadie, que el aborto es un tema que produce sordera en las posiciones de defensores y atacantes.

Unos dicen que es un asesinato. Otros dicen que es un derecho. Y ninguno escucha al otro.

Están mal ambas posiciones. Es deber de ambos oír a la otra parte y abandonar la creación de frases contagiosas. Desafortunado es que los eslóganes hayan aminorado la capacidad de análisis y aumentado la habilidad de repetición.

El aborto puede ser examinado sin gran problema, pienso. Todo se reduce a estudiar una variable.

Si dentro del vientre materno, el feto es considerado un ser humano, entonces el aborto es un asesinato. Poco habría que alegar más. Pero, si el feto no es considerado un ser humano, entonces el aborto no es un asesinato. Sería algo permitido.

Empezar así, analizando, ayuda a llegar más lejos: el problema ha sido reducido a la determinación de cuándo un ser humano se convierte en tal. ¿Cuándo? Ese es el problema.

Para los proponentes del aborto, es obvio que en el momento de nacer el feto se convierte en humano. Para quienes se oponen al aborto lo contrario es verdad: un ser humano lo es desde el momento de la concepción.

¿Cómo saberlo? Ese es un problema más definido y claro.

Yo lo he entendido así: los humanos cambiamos en el tiempo. Sufrimos modificaciones. Basta comparar a un anciano con un niño para saber de lo que estoy hablando.

Esos cambios no alteran la naturaleza humana. Un niño y un anciano son igualmente humanos. Por eso, no veo gran diferencia tampoco entre un niño con un día de concebido y otro con un día de nacido.

Por otro lado, el nacimiento no es un acto que me parece tener las características suficientes como para cambiar la naturaleza de ningún animal. El león nace león. La cebra nace cebra. Antes de nacer eran león y cebra. No fue el nacimiento el que los hizo ser león, o cebra u hombre o mujer. Lo eran desde antes.

Salir del vientre materno es un momento importantísimo, pero un suceso nada más, incapaz de cambiar naturalezas. Un suceso de los varios que acontecerán en la vida de cada persona.

Por tanto, para mí, el aborto es un asesinato.

Así entiendo el problema. Obviamente no todos están de acuerdo. Pero puedo ofrecer un razonamiento que me parece lógico y atinado.

En fin lo que quise mostrar es que pensando y razonando se puede llegar a conclusiones.

No debe aceptarse nunca nada, ninguna idea, sin examinar sus razones y sus fundamentos, con inteligencia, pero también con fe, pues no todo puede ser reducido a cálculos, experimentos, o cuestiones numéricas.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Aborto.

Igual que esa serenata de Mozart, que debe ser escuchada varias veces para comenzar a entenderla y gozarla, es necesario escuchar y entender los argumentos sobre el aborto, para poder comprender y llegar a conclusiones razonadas.

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