Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olvidar lo Especial
Eduardo García Gaspar
28 febrero 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


La situación es frecuente. Ignoro números, pero se ve por muchas partes. Incluso de primera mano.

Y no es algo ante lo que puede permanecerse estático. Me refiero a lo que se conoce como “vivir juntos”.

Los casos son sencillos de describir.

Dos jóvenes son novios, llevan algún tiempo de conocerse y deciden que se quieren lo suficiente como para irse de casa de sus padres.

Consiguen un sitio donde vivir ellos solos. Lo amueblan hasta donde dan sus posibilidades. Un día, sin mayor ceremonia, comienzan a mudar sus cosas de casa de sus padres, generalmente, al nuevo lugar.

Y, sin darse mucha cuenta, un cierto día ya duermen allí. Su decisión puede haber sido muy pensada o el resultado de un calentamiento cerebral. No importa.

Los casos, en cambio, no son sencillos para los padres. Suelen producir enojo, tristeza, decepción, preocupación… toda esa mezcla de sentimientos que tienen los padres cuando ven a hijos que toman decisiones que no consideran las mejores para ellos.

Es cierto que algunos padres lo toman como una costumbre actual, e incluso la aplauden, pero no dudo que incluso estos tengan en su interior alguna inquietud.

El fenómeno es preocupante. Una de las razones es esa falta de ceremonia, la que quizá puede parecer artificial.

Pero en el fondo tiene sentido, pues es un compartir con el resto de familiares y amigos un día especial del inicio de una unión especial que no puede ser como otro cualquiera. Las bodas tienen una historia de siglos que muestra fiestas que hacen al día uno excepcional.

No tener esa fiesta me parece triste. Algo congruente con nuestros tiempos, en los que el negro es el color de tantas personas y los ramos exuberantes de flores suelen ser sustituidos con ramas secas.

Tiene algo de deprimente, de oculto, que choca con lo que debía ser algo muy especial. No favorezco las bodas convertidas en un concurso de gasto en extravagancias, que me parecen repulsivas. Pero sí apoyo el festejo de un día especial. Uno de los pocos que se celebran contando los años.

En esa pérdida de lo especial, hay otra cosa no tan clara. Si falta lo especial, creo, se ignora también el significado del compromiso.

Mudarse a un departamento lleva la idea de la facilidad con la que puede uno de ellos mudarse a otro lado. Es como si el matrimonio fuese convertido en una mudanza mutua que puede llevarse después a la mudanza personal, con el simple cambio de dirección de uno de ellos o los dos.

El matrimonio y lo que él produce se llama familia y es mucho más que la idea de vivir juntos. La razón de ser de una boda es hacer pública una decisión propia, la de haber llegado a un compromiso, el de vivir juntos el resto de la vida.

Una promesa de fidelidad mutua que tiene poderosas razones. Es lo que da estabilidad a lo que sin ella no puede dar buenos frutos, la familia y la creación de vida en los hijos. Un hijo no puede estar sujeto a la decisión del cambio de domicilio de uno de sus padres. No lo merece.

¿Por qué sucede esto? Me dicen que es producto de nuestros tiempos, pero eso me deja insatisfecho.

Me parece mejor verlo como un producto de lo inevitable que sucede cuando se tienen libertades sin normas que la guíen. Es una de las cosas que han cultivado quienes pretenden liberarse de todo y terminan encadenándose a todo, menos a lo que importa.

Las personas no podemos soportar una libertad definida como el hacer lo que sea.

Creo que los padres de familia saben esas cosas, o al menos las intuyen, y les intranquiliza que sus hijos tomen caminos con riesgos que son mayores a los necesarios.

Suelen decir esos jóvenes que su amor es más que firmar papeles y tienen razón, pero eso no quiere decir que los papeles no tienen sentido. Lo tienen, son una forma física de ver un compromiso que va más allá que el llevarse sus cosas a una nueva casa.

Piensan, me parece, esos jóvenes que se liberan de las convenciones sociales y que por eso no necesitan, por ejemplo, tener un matrimonio religioso.

Piensan que eso es ser libre y auténtico, que es salirse de una farsa social. No, en realidad es entrar a un engaño, al de creer que el vivir juntos no es especial, que es como una mudanza de muebles y ropa.

En fin, creo que esa situación por la que dos jóvenes deciden vivir juntos, sin necesidad de ceremonia matrimonial, retiran lo especial de un día que tiene mucho de ello. Quizá sea parte de la pérdida del sentido de las cosas especiales que tiene nuestra vida.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Familia.Véase Chispa de Arranque, con una idea de C.S. Lewis sobre el matrimonio.

Recuerdo a alguien que aceptaba con gusto esas uniones informales diciendo que se trataba de un amor espontáneo, un amor sin compromisos. Pero es ilógico eso: el amor es precisamente eso, compromiso, una decisión libremente aceptada. Un amor sin compromisos es una contradicción de términos.

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