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Secularismo: Una Definición
Selección de ContraPeso.info
1 enero 2013
Sección: RELIGION, Sección: AmaYi, SOCIEDAD
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No hay duda de que el lugar de la religión en la sociedad ha cambiado en los últimos siglos. Este cambio es lo que se conoce como secularización, una idea que necesita ser entendida. Eso es lo que Taylor intenta hacer en su libro. ¿Qué sucedió desde el año 1500 hasta nuestros días y que produjo el secularismo actual en Occidente?

El secularismo se ha entendido de dos grandes maneras. Taylor ofrece una tercera, más rica para una mayor comprensión de un fenómeno notable de nuestros tiempos. Las definiciones estándares se refieren a eso que se hace independiente de influencias clericales. Es la comprensión estándar del laicismo, como algo que se separa de lo religioso. Taylor va mucho más allá de eso.

La idea fue encontrada en Taylor, C. (2007). A Secular Age (1st ed.). The Belknap Press of Harvard University Press.

Taylor comienza con una afirmación directa, no es claro qué significa secularismo.

Quienes viven en Occidente o en sociedades influidas por ideas occidentales, sin embargo, reconocerán que se vive en una época secular. Sociedades seculares que son un tema de análisis difícil de resistir al compararlas con otras épocas, e incluso con sociedades contemporáneas que no lo son.

Existen dos grandes rasgos que ayudan a entender al secularismo. Con esto comienza Taylor su capítulo de introducción, examinando dos maneras de caracterizar a la sociedad secularizada de Occidente y de los países que viven bajo esa cultura.

La primera forma de entender al secularismo es mirar a las instituciones y las prácticas, especialmente al Estado. Eso da una visión doble, la de la organización política en sociedades premodernas y en las actuales.

En las sociedades premodernas su organización política, instituciones y prácticas, tenían una relación clara con alguna religión, alguna fe, alguna creencia divina, alguna idea sobre la realidad final. Eso era su fundamento o garantía.

En la sociedad occidental moderna, en cambio, ya no hay ese sustento. Las iglesias están separadas de los gobiernos, de la organización política. Los asuntos religiosos son por mucho un asunto privado. Las sociedades es una de creyentes de muchos tipos, pero también de no creyentes.

Taylor lo expone con simpleza: en las sociedades seculares la actividad política se realiza sin considerar a Dios, sin tratar el tema. Una situación que era imposible durante siglos anteriores dentro de las sociedades cristianas.

Esta explicación es útil. Hace unos siglos, en la civilización occidental, la presencia de Dios estaba no sólo en la política, sino en el resto de las prácticas de la sociedad.

Si se acude incluso a tiempos anteriores a esas sociedades premodernas, en las sociedades arcaicas la religión estaba en todas partes, sin la distinción moderna de campos políticos, económicos, sociales y demás. La religión no era una esfera separada del resto.

Esta es una manera de comprender al secularismo, como el retiro de Dios de los espacios públicos.

Las actividades de la sociedad, su economía, política, educación, diversión y demás, no hacen referencia a creencias religiosas. Dios no es ya parte de las discusiones. Cada esfera de acción se rige por sus propios principios y racionalidad económica, política y el resto.

La diferencia es enorme contra otros tiempos en los que el Cristianismo tenía una presencia clara en todo. Sus consideraciones no podían ser puestas fácilmente de lado en esfera social alguna. Sus ritos y celebraciones y mandatos eran parte integral de toda actividad.

Este vacío religioso moderno de las esperas y espacios públicos, sean de ceremonias, ritos o mandatos, es compatible aún con con las creencias religiosas. Es posible que la gran mayoría de las personas posean creencias religiosas y las practiquen con entusiasmo.

Esta es quizá la manera más usual de entender al secularismo y al laicismo.

Es muy clara en la esfera política actual, en la que se considera un avance la separación de las acciones de gobierno de toda influencia religiosa, cristiana principalmente. La política, entonces, se rige por la racionalidad de sus propios objetivos, como el lograr la felicidad del mayor número o algo por el estilo.

Una segunda forma de entender el secularismo es la caída de creencias religiosas y sus prácticas.

Es el retiro personal de las creencias religiosas. El no asistir a sus ceremonias. Esto sucede aún en sociedades en las que aún existen vestigios religioso en las esferas públicas.

Es otra manera común de entender la secularización social observando, por ejemplo, una menor asistencia de personas a servicios religiosos. Menos número de matrimonios religiosos, bautizos, primeras comuniones y similares. Esta forma de entendimiento y la anterior son las usualmente mencionadas.

Ahora el autor propone una tercera manera de entender el proceso de secularización en Occidente.

No es ya la separación de las esferas públicas de la religión, ni el número de personas que asisten a una iglesia. No es la ausencia de religión. Tampoco es el producto del auge de la ciencia y la razón. Es algo distinto.

Es la definición de secularismo como un giro que al menos en parte ha transformado a la sociedad premoderna. Antes, la creencia en Dios se aceptaba sin problemas ni cuestionamiento, era algo dado y aceptado. Ahora esa creencia es una opción entre varias y “con frecuencia no la más fácil de abrazar”, dice Taylor.

El contraste es claro con otras sociedades actuales, como las musulmanas. Hay en las sociedades modernas grandes diferencias en cuando a lo que puede creerse, tomando como origen la realidad de que creer es una opción en las sociedades occidentales modernas.

Esta es la gran idea de la que parte el autor. El resto de su obra la examina y explora con una perspectiva histórica que llevó a Occidente de una sociedad en la que era “virtualmente imposible” dejar de creer en Dios a una en la que eso es sólo una posibilidad, “incluso para el más convencido creyente”.

Es una sociedad moderna de alternativas, opciones. De elección y disyuntiva y selección. Puede alguien ser un creyente fuerte, sin por eso considerar que otros que han elegido diferente sean considerados “depravados, o ciegos, o sin valor” por no tener fe. Una situación en la que conservar la propia fe es arduo.

Es un ambiente en el que sucede nuestra comprensión de las experiencias morales, espirituales y religiosas. Es otro “contexto” para las creencias religiosas en la sociedad. De la sociedad en la que el Cristianismo era la opción default, que no se cuestionaba, se ha pasado a una sociedad en la que hay selección múltiple y cuestionada.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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