Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos, la Sobredosis
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2015
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


«Tengo derecho a ser escuchado», dijo la persona.

Y, por supuesto, reclamó a los demás que le pusiéramos atención. La mentalidad es curiosa.

Tal vez sea producto de esa enfermedad de nuestros tiempos. La de entender al mundo como un ente al que se le exige y reclama.

Quizá haya sido en las escuelas, en las universidades, donde a los estudiantes se les entrena como máquinas que fabrican peticiones a las que llaman derechos.

«Tengo derecho a ser escuchado» fue solamente un ejemplo y muy claro, pues lo que la persona dijo a continuación fue una absoluta tontería.

El derecho a opinar obviamente no incluía la obligación de saber, ni la de razonar. Un ejemplo:

«Los niños y niñas tienen derecho a opinar y a que esa opinión, de acuerdo con su edad y su madurez, sea tenida en cuenta cuando los adultos vayan a tomar una decisión que les afecte».

Como que hay en eso una cierta dosis de exageración. Mi punto es precisamente ese, el de la sobredosis de derechos a la que es sujeto el estudiante, pero también el resto de las personas.

Es como si se les dijera que ellas tienen el derecho a ser amadas y fueran por todas partes reclamando, «si tú no me amas, estás violando mis derechos».

O, regresemos a la persona que exigió ser escuchada y dijo una bobada. Ella supuso que en los demás podía imponer una obligación. De no ser escuchada, sus derechos serían violados. Una posición curiosa que no es simétrica: ella no llega a pensar que debería también escuchar a todo el resto.

El asunto llega a lo ridículo. Piense usted en que yo tengo el derecho de ser leído, lo que me llevaría a demandar ante la Oficina de Derechos Humanos a los millones que no me leen.

El día en el que usted no me lea, recibirá un reclamo mío. Es surrealista, pero este es el mundo que ha creado la sobredosis de derechos en nuestros tiempos.

Volvamos al reclamo de quien dice tener el derecho a ser amado por todos. Entendido correctamente, un derecho significa tener la posibilidad sólida de hacer un reclamo a otros. Por ejemplo, el derecho a opinar significa que nadie puede detener la expresión de esas opiniones. Ese es el único reclamo que puede hacerse, jamás el de ser escuchado.

Quien pide ser amado como un derecho olvida que está haciendo un reclamo imposible y que lo más que puede pedir es que los demás no lo lastimen, ni dañen; pero no que lo amen. El amor no puede convertirse en un reclamo a otros, como tampoco la fraternidad. Es algo que no puede decretarse por ley.

El amor, la amistad, son algo que una persona otorga a otra por voluntad propia, sin que haya reclamo de por medio, de manera voluntaria. Imagine usted el absurdo que sería tener el derecho al matrimonio como un reclamo impuesto sobre los demás. ¿Podría esa persona sentir que sus derechos fueron violados porque alguien se negó a casarse con ella?

No es ridículo pensar en esa posibilidad. Piense usted en el derecho al trabajo y la interpretación de que eso obliga a otros a dar empleo a quien lo solicite; o en la. obligación de aceptar como estudiante a todos los que quieran serlo.

Hay una elección que podemos sacar de todo esto:

«[…] los otros tienen un derecho a esperar de nosotros el hacer nada que les impida u obstruya su búsqueda de felicidad —nada que les interfiera o impida obtener o poseer los bienes que ellas necesitan […]».

Eso es lo que puede esperarse de los derechos reales, los que distinguen claramente a quien ejerce el derecho de quien tiene la obligación de respetarlo, es decir, de no impedirlo.

Finalmente, algo que creo que merece una segunda opinión: la sobredosis de derechos a los que nuestros tiempos están sujetos tiene un efecto colateral en las personas, en las que fomenta una costumbre egoísta de reclamar al resto sin aceptar obligaciones propias.

No sorprenderá, por tanto, que el egoísmo sea un rasgo preponderante en las sociedades afectadas por esta sobredosis. Piense usted, por ejemplo, en el derecho a una pensión digna y su interpretación como un reclamo sobre los bolsillos del resto, como ahora en Grecia y otras partes.

Post Scriptum

La cita última es de Adler, M. J. (1997). Aristotle for Everybody.

Otra consecuencia de la sobredosis de derechos es el crecimiento gubernamental.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras