Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ocio y Negocio
Leonardo Girondella Mora
1 septiembre 2016
Sección: ETICA, Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en:


Quiero llamar la atención sobre una distinción lingüística que no he visto mencionar con la frecuencia que merece —la diferencia entre dos palabras ‘ocio’ y ‘negocio’.

La distinción usual es sugerente, pues hace al negocio lo opuesto a ocio: neg-ocio, no ocio —un tema que lleva al concepto del tiempo libre, que ha sido definido así:

«Se conoce como Tiempo Libre a aquel tiempo que la gente le dedica a aquellas actividades que no corresponden a su trabajo formal ni a tareas domésticas esenciales. Su rasgo diferencial es que se trata de un tiempo recreativo el cual puede ser utilizado por “su titular” a discreción». Definicion ABC.

O de esta otra manera, en realidad no muy diferente:

«Tiempo libre es el periodo de tiempo disponible para una persona para realizar actividades de carácter voluntario, cuya realización reportan una satisfacción y que no están relacionadas con obligaciones laborales y/o formativas». Significados.

E incluso, definido con un componente médico:

«El tiempo libre es el tiempo dedicado a actividades recreativas y que está exento de obligaciones. Es necesario para un desarrollo óptimo de la salud, para distender las tensiones y entablar relaciones sociales». Definicion.mx.

Tiempo libre y ocio son virtualmente iguales, como se aprecia en esta definición:

«Ocio es el tiempo de una persona para descansar y aprovecharlo en actividades que no sean meramente laborales, es un tiempo para realizar todo aquello que al individuo le guste y le divierta». Significados.

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La definición usual tiene una falla considerable y que parte de la suposición no justificada de que trabajo y ocio son contrarios, de que tiempo libre y ocupaciones son opuestos.

¿Lo son realmente, tanto como para aceptar que si el tiempo libre es positivo, el trabajo es negativo?

No por definición, pues hay casos de personas en los que no hay distinción de tipo negativo-positivo entre ellos —tanto su ocupación o trabajo es tan positivo como su ocio y tiempo libre.

Si en el ocio la persona hace lo que «le guste y le divierta», algo dedicado a la «recreación» y «exento de obligaciones», será natural inferir lo opuesto: el trabajo no gusta ni divierte, no es recreativo y tiene obligaciones.

Pero lo que sucede con quien tiene pasión por su trabajo, quien gusta hacerlo, quien se divierte haciéndolo —todo eso niega la universalidad pretendida de igualar al trabajo con una carga desagradable y al ocio con una carga positiva, lo que es demasiado primitivo.

Este es el punto central de esta columna, el apuntar la equivocación que se hace al suponer que el ocio y el tiempo libre son por definición buenos, y el trabajo y las ocupaciones malas —cuando no hay nada que eso acredite razonablemente.

Es evidente por sí mismo que existen ocios malos y buenos, como por igual existen ocupaciones buenas y malas —lo que abraza la cuestión de fondo en el tema: eso que hace a cualquiera de esas cosas buenas o malas.

Llegó de esa manera al punto que pretendo acentuar, el de la existencia de alguna pauta que permita hacer esa distinción entre ocio bueno y ocio malo, entre ocupaciones buenas y malas.

Esa pauta debe estar contenida en la idea de la superación humana, de su enriquecimiento —de la satisfacción de su naturaleza propia. Por esto, quien en su ocio o en su trabajo pierda el propósito de superarse o se rebaje, estará obrando de manera reprobable.

En palabras diferentes, es errado suponer que el ocio es positivo por principio —y negativo el trabajo. Podría muy bien darse la situación contraria, la que llevada a su extremo podría hacer llegar al absurdo de que es negativo el esfuerzo que presentan las obligaciones de educar a los hijos, o de estudiar para saber más.

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Una vez apuntada la idea anterior, creo conveniente señalar que acaso puede verse el error que he señalado como una consecuencia del hedonismo —el que pretende considerar como positivo la renuncia a obligaciones y el dedicarse a hacer cualquier cosa de la que se tenga un capricho.

Y, finalmente, precisar que nada de esto significa que algunos momentos de descanso y rompimiento de rutinas, sean indebidos —incluso con la posibilidad de «romper» reglas midiendo consecuencias.

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