¿Qué es la fe? Definición, significado y tipos. Esa creencia convencida en algo que aún no es demostrado o que no puede serlo. ¿Qué es tener fe?

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Introducción

Si tomo la palabra ‘fe’ y la pongo frente a varias personas preguntando por su significado, seguramente harán lo mismo.

La mayoría de sus reacciones será posible de catalogar bajo el común denominador de otra palabra ‘creencia’. Creencias religiosas, creencia en alguna persona, en algún hecho.

Los cronistas de futbol utilizan la palabra cuando dicen con pompa que «un jugador se tuvo fe» al realizar un tiro a gol. Un equivalente a confianza.

Cuando se tiene fe en alguien significa que se le tiene confianza, quizá por ser un experto, como un médico o una abogado que sigue un caso.

Incluso hasta se habla de la fe que da un documento o un notario, constatando que algo es cierto. Hay una connotación de seguridad y certeza, como una fe de fallecimiento, que constata que alguien ha muerto.

Y hay además calificativos. Se habla de buena fe y de mala, señalando esta última una especie de hipocresía y disimulo destinado al engaño.

Significados variados

Fe es una palabra corta pero con significados diversos.

Puede, por ejemplo, significar ‘confianza’, como cuando un paciente afirma tener confianza en el diagnóstico de su doctor. Es como un otorgamiento o rechazo de credibilidad en otros en el caso de, decir que se cree que es cierto el reporte oficial de la inflación.

También, se refiere a cuestiones religiosas y puede así hablarse de la «fe judía» queriendo significar la serie de creencias de una religión. Más concretamente, «En el cristianismo, virtud teologal que consiste en el asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia».

Lo que interesa para el resto de la columna es la fe en sus referencias religiosas.

Fe y religión

En religión, la palabra tiene un uso propio básico. Es una de las virtudes teologales en el Catecismo Católico y que implica el reconocer la revelación de Dios.

Es decir, creer, tener confianza en ella, incluso a pesar de no ser totalmente demostrable en términos humanos.

Como genérico, ella es ese conjunto de creencias que puede tener una religión, para poder hablar así de la fe anglicana, bautista o judía. Y quizá por extensión puede hablarse de conjuntos de creencias no religiosas, como la marxista, o la fe ciega en algún gobernante o cacique.

Fe, convencimiento y confianza

Visto así, el término ‘fe’ es un tanto frío. Intenta describir de la manera más objetiva algo que, por lo visto antes, significa el creer con convencimiento y confianza algo

Creer ya sea una descripción de un suceso periodístico, con la fe puesta en un reportero. O bien algo mucho mayor, como la seguridad de que lo establecido por el Catolicismo es verdad e incuestionable. Una creencia segura.

Fe como algo vivo

Pero para transformar la palabra en algo más vivo y caliente hace falta agregar otra dimensión. Tenerla en que este texto que se lee está escrito en español y en blanco y negro no necesita mucho más que el testimonio ocular.

Pero tenerla en cuestiones que no admiten pruebas de los sentidos es otra historia, muy diferente. Su definición plena requiere estar frente a asuntos que no es sencillo probar, o que es imposible hacerlo.

¿Cómo probar que Dios existe, que somos su creación? No es sencillo y quizá sea científicamente imposible. Es aquí donde entra la fe, esa creencia en cosas que para las personas tienen sentido, pero no pueden ser probadas en un laboratorio.

La razón no basta

No puede tenerse una confianza absoluta en la razón: los errores son posibles, las equivocaciones son frecuentes, las correcciones son pan diario.

Hay cosas en las que la razón no tiene más utilidad que la de señalar que en esos terrenos ella puede equivocarse.

Entra ahora Ratzinger

En una entrevista, el entonces Cardenal Ratzinger dijo que «Lo que realmente tengo en el corazón es mantener este tesoro precioso, la fe, con su poder para iluminar, para no perderse…»

Es parte a su respuesta sobre si ha tratado él de mantener algo, de salvaguardarlo como un padre que quiere preservar una herencia.

La definición fría es ahora caliente, tiene sentido personal. Es algo que esclarece y enciende, que ayuda a ver, que da sentido.

Poco después, en la misma entrevista, dice,

«El centro de la fe descansa en la aceptación de ser amado por Dios, y por lo tanto creer es decir ‘Sí’ no solo a él, sino a la creación, a las criaturas, sobre todo a los hombres, para intentar ver la imagen de Dios en cada persona y por esa razón convertirse en un amante». Ratzinger, Joseph, Seewald, Peter (1997). Salt of the earth : christianity and the catholic church at the end of the millennium.San Francisco. Ignatius Press.

A continuación aclara que eso no es sencillo, pero que ese decir que sí significa la creencia de que Dios ha creado a las personas y que las ama.

Una fe rica, alegre

La idea de fe ahora tiene otra connotación más rica. Ya no es únicamente una creencia en algo que se toma como cierto, sino la convicción de algo central a la vida y que crea una diferencia personal esencial.

La diferencia de quien tiene esa fe y actúa actúa de manera diferente a quien no la tiene. Es decir, la fe se toma como un punto de referencia en la conducción de la propia vida y, resulta obvio, es causa de alegría.

Mi tesis es que quien tiene fe goza su vida —y lo opuesto, quien carece de ella la sufre.

El asunto es complicado, dado que este mundo terrenal es complejo e imperfecto, lo que significa que en él se tienen necesariamente ocasiones de sufrimiento y desesperación para todos, quienes tienen fe y quienes no la tienen.

Pero quienes pasan por sufrimientos en su vida reaccionarán diferente, dependiendo de si tienen o no fe. La fe da un sentido al sufrimiento, lo explica y lo hace comprensible. La falta de fe hace inexplicable al sufrimiento y lo vuelve fuente de desesperación.

¿Fe en un genio que concede deseos?

Una persona cualquiera dice algo que piensa es concluyente —dice que Dios no existe, una afirmación que algunos hacen con gran convicción. Lo interesante es la justificación que la persona da: dice que Dios no existe porque cuando ella le ha hecho peticiones, nunca se han cumplido.

No creo que sea un caso aislado —consiste en un argumento que tiene lógica interna. Una persona cualquiera pasa por una situación indeseable, como la enfermedad de un familiar, y piensa en Dios, a quien pide la salud de su familiar, quien no mejora de inmediato o incluso muere.

La reacción ante situaciones genéricas de ese tipo es comprensible. La persona ha solicitado un favor al ser que piensa lo puede hacer todos y el favor no es concedido, de lo que se deduce que tal ser no existe pues no se conmovió ante el sufrimiento de quien le ha pedido un favor.

La otra posibilidad

Debe examinarse el escenario opuesto al explicado antes. Si la persona no obtuvo de Dios el favor pedido, ahora debe verse la otra situación, una en la que todo favor pedido es concedido. Todos sin excepción.

Si esto llegara a ocurrir, no tengo duda de que las personas transformarían su vida de forma radical. Podrían ellas lograr su deseo con tan solo pedirlo, cualquier deseo. Podrían pedir el alivio de su cáncer, el ganar la lotería, el buen matrimonio de sus hijos, lo que sea, hasta ganar en Las Vegas.

El problema de esta situación es la conversión de Dios en una versión mejorada del genio de la lámpara que solo concedía tres deseos. Este Dios concedería todos los deseos, los que sean.

Esto cambiaría las cosas porque así el ser superior sería convertido en un criado al servicio de las personas y por eso ya no sería el ser superior.

Pero si se entiende a Dios como el ser que no tiene un superior y que él reúne lo infinito de la virtud y la sabiduría, solo queda la opción de razonar que él sabe más que nosotros y que debe existir una razón por la que algunas de las peticiones que se le hacen no son concedidas.

El genio de la lámpara es un simple mago con capacidad de conceder sin límites. ¿Quieres ser muy rico?. Presto, allí está la fortuna mayor del mundo, o las mujeres más bellas, o un reino al que gobernar sin límites. El genio concede todo, lo bueno y lo malo, sin consideración a los efectos que eso produce.

Si Dios es el ser superior que por definición suponemos, no podría actuar de ese manera. Tiene que seguir ciertos principios, como quizá los siguientes.

A. Concederá a la persona lo que él sabe que es mejor a la larga para ella. Sin duda una idea difícil fácil de comprender cuando quizá se le pida tener una fortuna monetaria considerable. Pero mucho más compleja de entender cuando se le pide por la salud de la esposa.

B. Dios pide además fe, una confianza absoluta en él, total y sin condiciones. La idea va más allá de lo que suele ser entendido como fe: el creer como cierto lo que otro dice.

La fe definida, conclusión

Para comprenderla, cito el texto del Catecismo Católico:

1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por la fe ‘el hombre se entrega entera y libremente a Dios’ (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. ‘El justo vivirá por la fe’ (Rm 1, 17). La fe viva ‘actúa por la caridad’ (Ga 5, 6).
1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: ‘Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia’ (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: ‘Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos’ (Mt 10, 32-33).

Si combino las dos consideraciones, A y B, con lo absurdo de un Dios que todo lo concede, solo queda una salida: confianza en Dios por encima de la concesión o negación de los favores que le pedimos.

¿Satisface lo anterior a todos? Por supuesto que no. Muchos podrán alegar que Dios no hace nada frente al sufrimiento, que deja que las personas padezcan sin causa ni necesidad. Ante lo que reaccionan diciendo que un Dios así, si es que existe, no puede ser bueno y no merece respeto.

En esta reacción, comprensible, falta el elemento clave de la fe, que es esa entrega completa y voluntaria a Dios —lo que me lleva a considerar otro escenario, adicional al del genio de la lámpara, el de una situación en la que no haya necesidad de fe.

En este caso, se supondría que la existencia de Dios quedara demostrada científicamente y sin dudas, lo que provocaría la creencia obligada en él. En este escenario tampoco habría necesidad de fe.

Concluyo que la clave se encuentra en esa palabra, fe.


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[Actualización última: 2021-11]