Detrás del personaje de leyenda, Robin Hood lleva a la mente una idea simple. En ella se encierra el clisé del personaje. «Robaba a los ricos para dar a los pobres» y eso es bueno. Por tanto, no sería malo hacerlo realidad en la actualidad. Los gobiernos lo han hecho, padecen un síndrome de Robin Hood.

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Introducción, la leyenda de Robin Hood

¿Quién fue Robin Hood? Como toda leyenda, esta tiene datos imprecisos. Sin embargo, esta cita lo describe admirablemente:

«Un campesino harto de los impuestos reales, un conde sublevado o un simple ladrón. También un forajido escondido en el bosque de Sherwood o en el condado de South Yorkshire, oculto del malvado sheriff de Nottingham y del príncipe normando Juan sin Tierra […] Icono de los sajones frente a los normandos, ladrón de ricos y héroe de pobres, la leyenda sobre ese hábil arquero inglés defensor improvisado de los derechos de los oprimidos, que vacía las arcas henchidas de forma injusta para dar de comer a los que no tienen nada que llevarse a la boca». abc.es

La idea se confirma en esta otra:

«Su nombre, Robin Hood o Robin de los Bosques, el cual se pasaba la vida retando al sheriff y elaborando emboscadas para conseguir devolverle al pueblo lo que le correspondía, su dinero robado mediante grandes tasas». gmridiomas.es

La actividad del héroe es una especialización profesional: quitar a los poderosos para dar a los pobres. Sigue una tercera cita que apoya esa conclusión:

«El mejor arquero, defensor de los pobres y oprimidos, según la leyenda luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, quienes utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se les oponían». es.wikipedia.org

La leyenda de Robin Hood está resumida en un conocimiento simple, un clisé, que lo coloca como un héroe popular que defiende a los pobres de los ricos. Y lo hace, robando a los poderosos para dar a los débiles. Es admirablemente simple y popular. Difícilmente podría esgrimirse una argumentación en su contra.

La leyenda examinada

Como muchas cosas, la simplicidad del papel percibido, esconde una situación mucho más embrollada. La sociedad es demasiado compleja como para aceptar simplificaciones de leyenda, por agradables que sean. En lo que sigue examino esa situación.

El mecanismo: quitar para dar

El esquema de la especialidad de trabajo de Robin Hood es dual: roba recursos al grupo A y los da al grupo B. Lo hace porque el grupo primero tiene más recursos que el segundo, muchos más. Más aún, lo hace, porque los recursos que tiene han sido quitados del grupo B. Se trata de una restitución en realidad.

La mentalidad ha sido trasladada a la actualidad. Se les llama políticas redistributivas y no las implementa Robin Hood. Los gobiernos lo hacen, generalmente mediante impuestos. Pero unos que son de tipo especial, progresivos, diseñados para retirar desproporcionadamente más a unos que a otros.

Poca diferencia existe entre el gobierno redistribuidor de recursos y Robín Hood, al menos en la mentalidad de quitar a unos para dar a otros. Esto plantea una situación peculiar. Robin Hood robaba, emboscaba, asaltaba y retiraba propiedad privada. ¿Hace lo mismo el gobierno? La comparación ha sido propuesta hace siglos, al entender a los gobiernos como bandas criminales.

¿Corregir un robo anterior?

Plantear esta posibilidad requiere primero, una aclaración. Robin Hood no robaba a comerciantes. Asaltaba a las autoridades que cobraban demasiados impuestos a las personas, a la gente común. Era un acto de rebeldía en contra de una ley injusta de impuestos malos.

Lo anterior abre una posibilidad fascinante. La de un nuevo Robin Hood que retire dinero cobrado por el gobierno, y que es excesivo, para luego devolverlo a la gente. Esto invierte los planos. Es posible que se viva de nuevo hoy esa situación de impuestos demasiado grandes, como los cobraban las autoridades de esa época y que se necesite una versión actualizada de Robin Hood.

La tentación del intermediario

Siendo realistas, la profesión del héroe no podía ser gratuita. Él y su pandilla de forajidos requieren comida, bebida, vestido, casa, armas. Esto significa que no todo lo que roba Robín Hood llega a la gente. De lo robado tiene que destinar algo para el mantenimiento de su banda.

Esto plantea una posibilidad curiosa. Es realista presuponer la tentación del intermediario. ¿Por qué no quedarse con una porción creciente de lo sustraído. En lugar de comida barata, de ropa corriente y de bebidas vulgares, podría quizá tenerse algún faisán, o mejores vinos, o ropa más lujosa.

Esta es la misma tentación que tiene, y a la que sucumbe, el gobierno redistribuidor de riqueza. De los impuestos que recibe, dedicará partes crecientes a vivir mejor y repartirá menos de lo recolectado. Mucho menos cada vez.

Es decir, el sistema de redistribución de la riqueza depende en mucho de la honestidad del responsable de ella. El punto es, por supuesto, si es posible suponer que los gobernantes no sucumbirán a la tentación de gastar más en ellos y repartir menos.

El mal hábito del beneficiado

El esquema de la redistribución al estilo de Robin Hood tiene un posible efecto no intencional de consideración y que suele pasarse por alto. Es la consecuencia del desarrollo de una expectativa errónea de los beneficiados. Pueden ellos desarrollar el hábito de recibir dinero sin esfuerzo e incluso reclamar al bandido que robe más para ellos recibir más.

Esto mismo le sucede al ciudadano que se habitúa a recibir dinero del gobierno. Puede llegar a sentirse con derecho a recibirlo y llegar a formar líderes entre ellos que lo reclamen. Es decir, Robin Hood o su sustituto, enfrentarán «demandas sociales» sustentadas como derechos propios que el redistribuidor debe cumplir por obligación moral.

La reacción del afectado

Este es el grupo de personas que son robadas de sus propiedades. Es lógico suponer que su reacción será la de proteger sus propiedades, lo que repercutirá en mayores costos de robo y asalto. Esto tenderá a reducir la eficiencia de los robos de propiedad. Más guardias de seguridad, por ejemplo, harán más riesgoso el atraco.

Incluso, es posible, que las personas afectadas se retiren del lugar. Emigrados a otras partes, ya producirán una disminución del botín y menos recursos a distribuir. Robin Hood, o su sustituto, enfrentarán una crisis de recursos escasos y, seguramente, las quejas y reclamos de los beneficiados.

La leyenda, el clisé y el paradigma

La leyenda del héroe ha tenido consecuencias. Ella ha propiciado un clisé de extrema simplicidad que se sustenta en este esquema:

🩸 Un grupo de malvados y villanos. Son los ricos y nobles que quitan recursos a los pobres.

🩸 Un grupo de buenos y víctimas. Son los pobres a quienes los malvados roban.

🩸 Un héroe. Es el personaje, rodeado de compañeros, que corrige esa situación, devolviendo a las víctimas lo que les han robado los villanos.

La estructura, como dije, se volvió institucional cuando los gobiernos asumieron el papel del héroe y comenzaron a ejercer el papel de quitar a unos para robar a otros. Un curioso giro, porque la leyenda de Robín Hood establece que él robaba a los gobernantes principalmente por cobrar impuestos enormes.

Esta conversión del villano de la leyenda de Robin Hood en héroe disfrazado tiene su sustento teórico. Uno muy clásico en la noción de la lucha de clases, en la que las víctimas son llamadas explotados y los villanos o burgueses, explotadores que se quedan con la plusvalía. Lo mismo, pero con un ropaje teórico que crea un paradigma.

Conclusión

La leyenda de Robin Hood ha sido analizada en sus componentes y consecuencias. Siendo un mito, no tiene preocupación por las posibilidades de su implantación y sustentabilidad.

Pero la leyenda tiene importancia en cuanto a que ella ha sido actualizada a versiones modernas, en las que el antiguo villano ha tomado el rol de héroe. Si Robin Hood regresara a la vida se sorprendería no con admiración, all ver que ssu antiguo enemigo lo ha suplantado.


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[Actualización última: 2022-12]

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Lector frecuente y culto, defensor de la libertad y de la moral objetiva. Cofundador de Contrapeso.info.