grandes ideas

Miedo al futuro libre e impredecible. La curiosa union de grupos políticos aparentemente opuestos a los que une el temor de dejar que la libertad humana defina el futuro. Ellos son los que quieren hacerlo.

Introducción

Si se observa bien la realidad política actual es posible detectar un hecho extraño. Antiguos enemigos políticos son ahora aliados de algunas causas comunes con las que simpatizan.

Políticos considerados de derecha, por ejemplo, se han unido con políticos de la izquierda para oponerse a la apertura del fronteras en comercio exterior. O tienen alguna otra causa en común, como el apoyo a la regulación fuerte de la tecnología.

Este es el tema tratado en esta carta y fue tomada del libro de Postrel, Virginia I (1998). The future and its enemies : the growing conflict over creativity, enterprise, and progress. New York. Free Press, chapter 1, «The one best way», pp. 1-26.

Lo que la autora aporta es valioso: el peligro totalitario involucrado en las ideas de quienes, no importando si son de derecha o de izquierda, tienen miedo al futuro libre que produce la libertad individual.

Más aún, el análisis de la autora revela cómo los mecanismos de regulación de la tecnocracia sirven de valiosas herramientas para que una minoría de reaccionarios imponga su voluntad.

Una clasificación política

El primer capítulo del libro comienza con esta aseveración. Una de nuestras costumbres más arraigadas es ver al panorama político como dividido en personas que son de izquierda o que son de derecha.

Los de una inclinación discuten con los de la otra inclinación una serie de puntos, como el manejo de la economía, la apertura del comercio o los aumentos de impuestos.

Pero hay un problema con esa costumbre, dice Postrel. En la realidad esa es una clasificación de varias posibles. Hay otras clasificaciones de políticos, más allá de las izquierdas y las derechas.

Esa clasificación supone desacuerdos entre unos y otros, cuando en la realidad sí hay puntos en los que ambos están de acuerdo.

Es decir, la vida diaria muestra la existencia de coaliciones de algunos de la izquierda con algunos de la derecha en varios asuntos. Como quizá la protección de algunas industrias, la oposición al libre comercio y la necesidad de regular las tecnologías.

Los une el miedo al futuro libre

El común denominador de estas alianzas entre izquierdas y derechas es, según la autora, el miedo al futuro libre que no puede ser predicho y que es demasiado diverso para ser comprendido.

Para esas personas, que tienen miedo al futuro, hay alianzas posibles entre ellos, sean del signo que sean. Ellos ven al mundo en crisis y, por eso, creen que alguien debe tomar el control de las cosas y remediar los problemas.

Hace treinta años, no se tenía miedo al futuro impredecible y cambiante. Se tenía miedo a un presente estático e hiper-controlado. Los enemigos en esos tiempos eran la tecnocracia y la represión, jamás la creatividad ni el dinamismo.

Hoy las cosas son diferentes. Hoy nos hemos dado cuenta del dinamismo de la sociedad y eso ha creado un nuevo tipo de personas. Esas que tienen miedo al futuro impredecible y proponen, por eso, tesis estáticas.

Los enemigos del futuro son de la izquierda y de la derecha, sin distinción y han formado alianzas entre sí, a pesar de haber sido enemigos en otras cuestiones.

Los enemigos del futuro son de dos tipos, lo suficientemente distintos como para analizarlos por separado, a pesar de pertenecer a ese grupo común de personas que tienen miedo al dinamismo espontáneo de la sociedad.

Grupos con miedo al futuro libre

La autora presenta a continuación las características principales de cada uno de esos grupos.

Reaccionarios

El grupo de los reaccionarios propone un regreso al pasado, a un mundo estable, sin dinamismo y sin factores que alteren la tranquilidad.

Como en una granja en la que generaciones hacen lo mismo o como el caso de empleados de factorías que siempre tienen el mismo empleo.

Incluso el Unabomber tenía estas propuestas de un mundo sin cambios tecnológicos.

Los reaccionarios tienen en común ideas de continuidad, estabilidad y mantenimiento de las raíces en la comunidad rural. Por eso están en contra de la tecnología, de la especialización, de lo cosmopolita.

Sus herencias son románticas y ellos hace que sus tesis tengan un carácter poético y emocional, propio de los literatos y escritores.

Ellos ansían virtudes rurales en armonías imaginadas con una vida tranquila y apacible, sin cambios, donde ninguna invención molesta esa vida sosegada.

Estos reaccionarios son una minoría y no han tenido gran reconocimiento, pero sus ideas tienen gran vitalidad y el mérito de señalar los grandes cambios que se han dado en la sociedad. Ellos son claramente conservadores y muchos de ellos tienen antecedentes de izquierdas.

Su posición es de influencia entre los ecologistas, el de un ecosistema sin cambios, estático, sin innovaciones, como el del una sociedad en equilibrio con la naturaleza, sin adelantos. Quizá en pequeños poblados o como máximo en pequeñas ciudades que incluso no se abastecen de otras comunidades, sino que son autosuficientes.

Tecnócratas

Por su lado, los tecnócratas no tienen esos sueños románticos de retornar al pasado. Más bien lo que ellos quieren hacer es controlar el dinamismo actual de la sociedad.

Los tecnócratas están a favor del futuro, pero solo si alguien se hace cargo de él y si ese futuro se realiza de acuerdo a un plan diseñado por ellos. Los tecnócratas reciben toda nueva idea con un sí, pero hay que regularla, hay que reglamentarla, hay que legislarla.

Ellos tienen miedo a la espontaneidad del futuro libre. Creen que todo debe hacerse de acuerdo con su planeación.

Ellos piensan que existe un camino que es el mejor, un camino que ellos pueden establecer y así reglamentar el futuro. Y hacer eso dentro de un plan en el que ellos determinan qué es lo mejor, cuáles son los valores y cuáles son los estándares.

En nuestros días estamos muy acostumbrados a la tecnocracia y por eso no nos inquieta que todo nuevo desarrollo deba pasar por los filtros gubernamentales. Desde el entretenimiento popular hasta los nuevos equipos médicos. Toda nueva idea genera una reacción en la tecnocracia, que es la de prohibirla o controlarla.

Los tecnócratas son los que fijan el ideal estático del futuro. Ellos quieren organizar a la ciencia, a la industria, a la educación, porque ellos son los que saben y son los capaces de encontrar soluciones racionales a los problemas sociales.

Así es que se crean dependencias gubernamentales y comités para revisar, estudiar y proponer sobre el futuro, sin dejar nada a la espontaneidad, a la retroalimentación al juego del ensayo-error. Ellos quieren un plan para seguirlo a raja tabla.

Los tecnócratas son partidarios de la democracia participativa, por medio de la cual se examina toda iniciativa individual con medios que se prestan a ser manejados por el gobierno o bien influidos por los activistas y reaccionarios.

La unión de tecnócratas y reaccionarios

Este es un gran peligro, advierte la autora. El dominio tecnocrático de regulaciones, leyes, comités y democracia participativa, hace lento el progreso, pone un freno al desarrollo.

El dominio tecnocrático además transfiere el poder de decisión al gobierno y así el gobierno toma decisiones que muy bien podían tomar los particulares.

Los tecnócratas, con estos mecanismos, hacen posible la labor de los reaccionarios. Los tecnócratas proveen a los reaccionarios con la maquinaria que ellos necesitan para imponer su voluntad.

Los tecnócratas quieren estar a cargo del cambio y con ello dan la oportunidad preciosa a los reaccionarios para que lo impidan. Ambos tienen miedo al futuro libre e impredecible.

En resumen

Esta es una gran aportación de la autora, quien no sólo propone una nueva clasificación de los políticos, sino que explica cómo los mecanismos de regulación gubernamental y mecanismos en apariencia democráticos, son en realidad formas de detener el progreso y la libertad personal.

Los partidarios de lo estático, sean de izquierda o de derecha, requieren un principio central de organización de su labor, pero no lo tienen ni se han puesto de acuerdo.

Lo que ellos temen es un futuro impredecible, diseñado por las acciones individuales de las personas y así, dejan ver los peligros totalitarios de sus medidas y acciones.

Y una cosa más…

V. Postrel hablando de su libro:

[La columna fue revisada en 2019-08]