El futuro percibido por las persona influye en su motivación de decisiones. Lo que ella suponga que sea el provenir que le espera alterará la conducta que ella realice. Nada nuevo, pero olvidado con frecuencia.

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Introducción

Las personas responden frente a las circunstancias que rodean sus decisiones. Los incentivos alteran sus conductas. Uno de los incentivos con más poder para afectar sus acciones es la percepción que ellas tengan del futuro y la motivación que ella produzca.

Ya que las historias tiene un gran poder de explicación, las siguientes explican esa influencia tan poderosa del futuro percibido en las motivaciones personales.

La crónica del asteroide anunciado

Si llegase a anunciarse que un asteroide chocará contra la Tierra dentro de los siguientes 45 días terminando con toda la vida de este planeta o algo similar, uno de los efectos de la noticia es predecible.

Las personas dejarán de trabajar, de hacer, de invertir, de construir, pues ya no tiene caso hacerlo. Los frutos de todas esas actividades nunca se llegarían a disfrutar. La percepción del futuro cambió todo.

Consecuencias

El creer en un futuro razonablemente cierto de largo plazo es uno de los pilares que sostienen a la sociedad y su potencial de prosperidad. Es la clave que mueve a estudiar durante años creyendo en la posibilidad de alcanzar una situación mejor a la actual. A ahorrar para disfrutar de ese capital muchos años después. A solicitar y dar créditos, a planear e invertir.

Percibiendo que el futuro es estable y confiable es lo que hace que las motivaciones y estímulos se dirijan a hacer cosas que se gozarán más tarde.

Lo opuesto sucede cuando se cree que el futuro es incierto e inestable, o bien negativo. El choque del asteroide, por ejemplo, destruye todo incentivo de ahorro y trabajo.

No tiene sentido el iniciar la construcción de una casa hoy, si dentro de unas semanas la Tierra será destruida. El efecto de la incertidumbre futura es igual: si no se posee esa confianza razonable en el futuro, la prosperidad disminuye sin mucho que puede hacerse para remediarlo.

El asno y la invasión del reino

Dos reinos se encontraban en guerra peleando por el dominio de uno sobre otro. Esto tenía atemorizada a la población de ambas partes. Sus pobladores vivían en constante temor, pues no había semana en la que no vieran tropas enemigas marchar por sus tierras.

Un cierto día, en una pequeña pradera, cerca de un bosque, el leñador de palacio cargaba costales de su burro. Con la leña recolectada podría hacer buenos fuegos en el palacio y calentar las habitaciones reales. Estaba la carga casi lista cuando el leñador escuchó el ruido que más temía, el de las tropas enemigas que se acercaban.

De inmediato terminó de cargar la leña y trató de apresurar el caminar del burro, el que marchaba ahora más lento que de costumbre. Por más que lo jalaba del hocico y lo golpeaba en la cola, el burro se negaba a caminar con más prisa. Fue entonces que el leñador decidió usar su retórica.

Se puso frente al burro y con gran seriedad le explicó las razones por las que debería apresurarse. El burro, se cuenta, lo escuchó con gran atención. Terminada la exposición de las razones del leñador, fue ahora turno de hablar del burro. Lo que dijo fue más o menos lo siguiente:

¿Por qué debo apresurar el paso con carga tan pesada? ¿Por qué debo temer a quienes ya están a la vista? ¿Qué harán ellos conmigo? Bajo tu dominio llevo leña al palacio de un rey y bajo el dominio del otro rey harán lo mismo conmigo. No tengo nada que ganar ni que perder con uno ni con otro.

Esopo, que es quien cuenta esta fábula, hace explícita una moraleja: un cambio de amo no significa nada para la gente.

Consecuencias

El futuro que el asno percibe le afecta su motivación a caminar sin prisa. Le da lo mismo quién gane la guerra. Bajo el dominio de uno o bajo el del otro, su vida no se modificará. ¿Para qué caminar más rápido?

La motivación del futuro esperado

La lección es diáfana. Eso que las personas suponen que será el futuro alterará la manera en la que se comportan en el presente, para bien y para mal. Quien se encuentre desahuciado tendrá una conducta distinta a la de quien piensa tener muchos años más de vida.

Aplicación política

Hay aquí una lección política. Las autoridades, de todo signo, tienen como objetivo central la creación de un ambiente de confianza y estabilidad, para que las personas tengan incentivos de trabajos y proyectos de largo plazo.

La consecuencia, ceteris paribus, es un futuro mejor que el presente, mucho mejor.

Y lo peor que puede suceder es que las autoridades produzcan un ambiente de incertidumbre que anule los incentivos de proyectos y trabajos de largo plazo.

Lo que la autoridad debe evitar es portarse como el asteroide que caerá sobre la Tierra —la sola sospecha de que lo hará, detendrá las acciones de las personas. No tiene caso sacrificarme hoy si no tengo una esperanza razonable en una autoridad estable.

Estabilidad razonable

Otra consecuencia práctica es también diáfana. Los cambios de dirección en las políticas públicas deben evitar vaivenes y movimientos erráticos.

La incertidumbre sobre posibles actos de autoridad provocarán incentivos negativos en las personas, las que pospondrán sus planes hasta percibir la certidumbre que se necesita. Nada tan negativo puede existir que un gobierno impredecible.

La incertidumbre de las acciones de un gobierno se combate con leyes, que son lo opuesto del personalismo gubernamental. Bajo la ley, es posible predecir razonablemente el futuro, pero sin leyes, lo único que vale es la voluntad diaria de los gobernantes.

Confiar en las leyes produce un sentimiento de seguridad en las personas, mientras que atenerse a la voluntad del gobernante produce lo opuesto, un sentimiento de riesgo y debilidad. La diferencia que esos dos sentimientos crean es gigante.

El tema es ajeno a las preferencias ideológicas que puedan tenerse, de izquierda o de derecha, no importa, lo anterior apela al sentido común y es una consideración pragmática aplicable a todo régimen de cualquier signo.

Un gobierno que se comporta como un asteroide producirá lo mismo que este, motivaciones destinadas a desatender el futuro.

La complicación: el futuro poco probable

📌 Hasta aquí, el punto central es claro. La percepción del futuro altera las motivaciones de las conductas presentes. Un asunto claro de incentivos y estímulos.

Presuponiendo que el futuro es razonablemente estable y confiable, las personas se embarcarán en esfuerzos de largo plazo. Por el contrario, si no tienen idea de qué humor amanezcan los gobernantes y qué ordenarán ese día, actuarán con fines de beneficio inmediato.

Sin embargo, hay un factor adicional que debe ser tratado explícitamente: los sucesos futuros muy graves pero poco probables.

Situaciones futuras poco probables

Son los casos de desastres realmente mayores. Los escenarios de terremotos, tsunamis, huracanes, fuera de lo esperado son posibilidades ciertas que suelen no recibir atención.

Es el extremo de un huracán gigantesco que devaste varias islas en el Caribe, o de un tsumani provocado por la caída de un meteorito —situaciones posibles, pero de atención reducida. O una pandemia grave y para la que no existe una vacuna inmediata.

Son posibilidades futuras posibles pero percibidas como poco probables y eso afecta la motivación de la conducta presente: recibirán escasa atención.

Un análisis

📕 En lo que sigue exploro la naturaleza de esa falta de atención, tomando ideas del libro de Becker, G. S., & Posner, R. A., Uncommon Sense: Economic Insights, from Marriage to Terrorism (2009, University Of Chicago Press) y a los que añado comentarios personales.

• Las probabilidades de ocurrencia de eventos catastróficos mayores es pequeña, no es inexistente, pero sí es reducida cuando se habla de posibilidades como la de un huracán de categoría máxima.

Son casos como el del ciclón Bhola en 1970, causando un estimado de 300,000 muertos en la India y lo que ahora es Bangladesh —un huracán de categoría 3. O el huracán Kenna de categoría 5, que dañó el oeste de México.

O terremotos, como el de Chile en 1960, de 9.5 de magnitud —no son frecuentes, ha habido sólo cinco superiores a 9.0 desde 1900.

• Esta probabilidad baja causa la escasa atención que reciben los sucesos catastróficos por parte de quienes tienen la mayor responsabilidad de atenderlos. El gobernante calcula que durante su periodo de gobierno es casi seguro que nada de esa magnitud suceda y no atiende su posibilidad.

Es un simple cálculo racional el que hace: atender esa posibilidad pequeña desvía recursos que pueden usarse en otras cuestiones de mayor urgencia e importancia. Y es cierto hasta un punto, pero aún así desatiende la posibilidad.

Más inclusive, el gobernante puede razonar que su país no puede atender el suceso catastrófico y que si acaso sucede, contará con ayuda internacional. Por consiguiente, la posibilidad es descartada totalmente de su lista de planes de gobierno.

• Adicionalmente, los gobiernos y su compleja estructura burocrática tienen dificultades para desarrollar. Primero, el plan de acción en caso de desastre y segundo, dificultades también para realizarlo en el momento en el que llega a suceder.

Sin embargo, no se considera otra organización que pueda realizar esas labores. Solamente el gobierno tiene capacidades de tamaños suficientes y el poder para atender esos sucesos. No es real esperar de los gobiernos una atención libre de defectos, pero al parecer no hay otro remedio mejor.

La cosa se complica, en este sentido gubernamental, porque un un escenario realmente catastrófico puede muy probablemente abarcar a dos países o más, cuyos gobierno tendrán que coordinarse entre sí para atender la situación.

• No sé si existen o no cálculos al respecto, pero es posible que los costos de preparativos para atender la posibilidad de un evento catastrófico mayor sean más elevados que el costo real de la catástrofe. Esto haría aconsejable tomar medidas que se dirijan a aminorar los daños posibles.

Por ejemplo, el no permitir construcciones en zonas de alto riesgo, como tierras bajas o muy cercanas a ríos —incluso la exigencia de estándares altos en la construcción, para soportar terremotos. También, los servicios de aviso anticipado serán de ayuda.

Conclusión

El punto central de la columna es apuntar que la percepción del futuro que tengan las personas afectará su motivación de conductas presentes.

Si el futuro es percibido como estable y confiable, se tendrán estímulos para emprender trabajos de largo plazo, cuyos beneficios no sean inmediatos. Eso produce capital y lleva a la prosperidad.

Lo opuesto sucede cuando el futuro es visto como inestable e impredecible. En este caso, las motivaciones de las personas serán de corto plazo, para realizar acciones de beneficio inmediato que olvidan al largo plazo y frenan al progreso.

De lo anterior, es razonable concluir que una de las tareas fundamentales de los gobiernos es hacer que el futuro sea percibido como realmente estable y confiable.


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[Actualización última: 2021-12]