La autosuficiencia no existe. Nadie es realmente autosuficiente pero todos pueden mejorar su vida por medio de la especialización y el comercio libre. Intentar ser autosuficientes produce miseria.

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Ignorancia desde el inicio

Parece ser un hecho ignorado totalmente —o quizá mejor dicho, tomado como una constante gratuita— la realidad de que prácticamente la totalidad de todo lo que las personas consumen es producido por otros.

Un ejemplo de esa ignorancia:

«La autosuficiencia alimentaria es una estrategia clave en la nueva política agrícola del país. Esta estrategia implica avanzar en una mayor producción interna de granos, en particular maíz, frijol, trigo harinero y arroz; así como en leche, carne de res, cerdo, pollo y pescado. Asimismo, se busca tanto aumentar la producción de insumos que se requieren para producir alimentos: semillas, fertilizantes, diesel, abonos, maquinaria y equipo como transitar a modelos de producción sustentables y ampliar la oferta de bienes y servicios del Gobierno federal a los productores rurales». gob.mex

Las personas no producen lo que ellas consumen. Es decir, lo que se conoce como autosuficiencia no existe. Nadie es autosuficiente. Y tampoco lo son los países. Nadie puede producir todo lo que necesita.

Eso es una realidad innegable que puede ser vista en el extremo de la incapacidad personal para producir un teléfono móvil, mucho menos para crear la red que lo comunica con el resto del mundo. Por no mencionar su cepillo de dientes y el tenedor con el que come.

No podemos ser autosuficientes

Mi objetivo es señalar este hecho olvidado, la autosuficiencia no existe —el que puede verse en la realidad diaria.

Lo que las personas producen y usan no es algo que ellas podrían producir —basta con ver a quien vive en una ciudad intentar producir sus propias verduras, o a quien vive en el campo tratar de producir sus propios televisores.

La autosuficiencia es pobreza

Nadie es autosuficiente, al menos en una sociedad que tenga oportunidad de progresar y mejorar estándares de vida. En una total autosuficiencia, las personas vivirían miserablemente.

Lo que las personas producen por sí mismas es algo que que en pocas ocasiones podrían ellas mismas usar o consumir y representa solo una muy pequeña parte de sus necesidades.

El cirujano no puede atenderse a sí mismo y el productor de maíz necesita más que ese bien para vivir.

Por lo tanto

La conclusión de que la autosuficiencia no existe podría ser establecida en una especie de regla que dicta un principio.

El bienestar personal crece proporcionalmente con respecto al nivel de dependencia en otros. Conforme más se dependa de los demás mejor será la vida de todos.

Y al revés, conforme mayor autosuficiencia de consumo se tenga, peor se vivirá.

Entonces, es mejor la insuficiencia que la autosuficiencia personal en la producción de bienes para la satisfacción de necesidades.

Esta es una poco intuitiva idea que no es comprendida en muchos de los llamados nacionalistas de autosuficiencia de algún país.

Autosuficiencia y especialización

La autosuficiencia no existe y eso se resuelve con otra realidad que está a la vista de todos y a la que poco se atiende: la especialización.

La especialización es eso que permite a cada persona producir bienes que otros necesitan dentro de un proceso que se crea sin diseño previo y que coordina las especialidades de todos con las necesidades de todos.

Ese proceso de coordinación de las especialidades se realiza por medio de intercambios, un mercado de lo producido por las especialidades de todos.

Son acuerdos voluntarios derivados de la especialización y que tiene resultados finales como, por ejemplo, un teléfono móvil que se aprovecha con Whatsapp.

La autosuficiencia no existe

Lo que quiero apuntar en esta columna es que la autosuficiencia personal no puede existir en una sociedad próspera. Si la autosuficiencia se intenta, ella producirá pobreza.

La insuficiencia personal que produce pobreza tiene un remedio obvio, la especialización.

Por eso apunto la íntima asociación que existe entre la especialización personal, que lleva al mercado de intercambios, con la capacidad para mejorar la vida de las personas haciéndoles depender de las especializaciones del resto.

Esta realidad, de un mercado que coordina las especializaciones que mejoran la vida de todos, es una cosa de apariencia tan obvia que muchos la toman como una constante de vida.

La toman como algo que existe y no puede perderse, como un recurso natural renovable del que se dispone sin costo.

Sin embargo, cuando la autosuficiencia de intenta y la especialización se frena —generalmente con políticas gubernamentales—, el proceso se altera y se crea miseria.


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[Actualización última: 2021-11]