grandes ideas

El capitalismo es dinámico. Cambia, evoluciona y siempre está en movimiento. Así es la actividad económica en todo momento, lo que tiene consecuencias. Sí, el capitalismo es destrucción creativa.

Introducción

Si la economía es un proceso dinámico sería lógico suponer que un estudio estacionario de ella sería irrelevante en el mejor de los casos. toda su comprensión sufre, por tanto, una redefinición absoluta.

Esta es la gran idea de Schumpeter. El descubrimiento de que el capitalismo es dinámico. Una tesis con consecuencias.

La idea de esta carta viene del libro de Schumpeter, Joseph Alois, Capitalism, socialism, and democracy. New York. Harper, Part II, «Can capitalism survive?» Chapter VII «The Process of Creative Destruction», pp. 81-86. 

Punto de arranque

Criticando a quienes critican al capitalismo, el autor nos da una idea verdaderamente genial sobre cómo funciona la economía y, más aún, sobre el capitalismo y las críticas que recibe.

Da comienzo Schumpeter a este capítulo para, en resumen, dar un aviso. Criticar a las situaciones de prácticas monopólicas u oligopólicas no es sencillo, ni simple.

Las cosas no son tan fáciles como el tomar una situación determinada en un momento determinado y acusar a las empresas grandes de querer maximizar sus beneficios.

Pensar en una situación de competencia perfecta y confrontarla con la realidad de una competencia imperfecta puede llevar a suponer que en algún momento esa perfección existió. Y suponer que ahora ella ha degenerado en situaciones indeseables de acciones monopólicas.

El capitalismo es dinámico y las cosas no son tan sencillas.

Monopolios, oligopolios y big business

Esa crítica simplista, además, debe considerar que la producción total no ha decrecido desde finales del siglo 19, fecha en la que se puede colocar el nacimiento de las grandes empresas (recuérdese la fecha de publicación original del libro, en 1942).

Desde esos tiempos han existido los big business que tanto suelen ser criticados.

Basta con tomar el precio de los bienes producidos y medir su costo no en dinero, sino en las horas de trabajo que requieren para ser comprados por los trabajadores. Esa medición indica sin duda un avance en el bienestar de las personas.

Y, de hecho, dice el autor, si se ven los campos en los que más avances ha habido, se constatará que ellos son aquellos en los que la competencia no es perfecta. Exactamente donde están esas grandes compañías a las que se critica.

Lo que deja hasta este momento Schumpeter es la idea de no aceptar sin reservas esas críticas a las situaciones monopólicas.

Todo, porque ha existido sin duda un gran adelanto en el bienestar y los mayores avances se han dado en las áreas en las que los criticados big business actúan.

El capitalismo es dinámico

A continuación, el autor entra en una de las ideas más fascinantes acerca del funcionamiento de la economía.

Dice que el punto crucial de entender es que el capitalismo es un proceso que está en evolución contante. Si se ignora este aspecto dinámico del capitalismo, las críticas de las situaciones monopólicas tienen muy escaso fundamento.

Insiste el autor, el capitalismo jamás podrá ser estacionario. Su naturaleza misma es dinámica. Y ese dinamismo va mucho más allá de lo que puede pensarse inicialmente.

Si la naturaleza cambia y si la sociedad cambia, es lógico pensar que la economía cambie también. Si la población cambia y si hay cambios en el capital, sería lógico esperar que la economía cambie.

La idea de Schumpeter es que los cambios en la economía van más allá de eso. La economía misma es cambio, independiente de los cambios que en ella producen otras variables, como el crecimiento o decrecimiento de la población.

El capitalismo dinámico es movido por los nuevos productos, los nuevos mercados, las nuevas tecnologías, las formas nuevas de organización de las empresas e industrias.

Esta es la naturaleza del capitalismo, una sucesión de revoluciones que son creadas por adelantos como la rotación de cultivos y el uso del tractor en la agricultura.

Como la mejora en los hornos de fundición y en las plantas de generación de energía. Como en los adelantos de la transportación, desde la carreta hasta el avión.

Incluso puede decirse que se trata de un proceso de mutación.

Esta transformación, sin detenerse, revoluciona a la economía desde dentro, modifica, sin parar, las estructuras de la economía. Las estructuras viejas son destruidas, se crean nuevas estructuras. Y esta es la naturaleza misma del capitalismo.

Sería sencillo proyectar a la actualidad esta idea pensado en los más recientes desarrollos de la Tecnología de la Información. Los ordenadores y computadoras han sido otra de las revoluciones que han cambiado a las estructuras, destruyendo unas y creando otras.

Es una Destrucción Creativa. La expresión por la que Schumpeter es famoso.

Partiendo, entonces, de la mención de las críticas a las situaciones de competencia imperfecta del capitalismo, el autor nos lleva hasta su punto principal. El capitalismo es por naturaleza y esencia dinámico.

Cambia, se transforma, crea, destruye. No cambia porque otras cosas cambian, sino que muda porque esa es su substancia.

Las consecuencias y efectos

Esa idea, de la de la naturaleza dinámica del capitalismo, tiene consecuencias muy serias.

Por principio de cuentas, un sistema de ese tipo requiere tiempo para ser conocido y analizado. Intimar con el capitalismo, saber de sus efectos, va a tomar tiempo.

De esto ya dio una pista el autor cuando mencionó los avances en el bienestar desde finales del siglo XIX.

Esto mismo, visto desde otro punto de vista, significa que el capitalismo no puede evaluarse en un momento fijo que ignora el pasado y el futuro.

La única manera de hacer una crítica racional del capitalismo es considerar largos períodos de tiempo, décadas y siglos.

Quizá pueda usarse una analogía para aclarar esta idea de Schumpeter. Para evaluar al capitalismo, que es dinámico por esencia, se le debe concebir como una película, no como una fotografía.

Y en esto hay una consideración de gran repercusión. Un cierto sistema económico que rinda situaciones óptimas en momentos fijos puede ser inferior a otro sistema que no dé esos momentos óptimos, simplemente porque el no dar momentos fijos óptimos es una condición necesaria para rendir resultados mejores en el largo plazo. Esta es una consideración sutil y perspicaz.

Llevada a la mención con la que Schumpeter inicia el capítulo, sin duda tacha de erróneas las criticas del capitalismo que mencionan situaciones indeseables en momentos fijos.

Son erróneas esas críticas, al menos, porque ignoran el dinamismo del capitalismo.

Después de todo, puede ser que un sistema que posea instantes perfectos y otro no, pero que el de los momentos imperfectos sea mejor en el tiempo porque esa es su condición, la de tener momentos imperfectos para ser superior.

Capitalismo orgánico

El capitalismo es un proceso de naturaleza orgánica. Esto significa que lo que le sucede a una de sus partes puede ser de ayuda para entenderlo, pero las conclusiones son limitadas al no ver el todo.

Cada una de las partes del proceso capitalista tiene sentido real sólo en el contexto total. Ignorar esto es un error de sus críticas. Esas partes y sus funciones deben verse, obviamente, a la luz de la Destrucción Creativa. Hacer de lado esto es una equivocación.

Se regresa a las críticas de quienes mencionan situaciones oligopólicas y sacan a la luz la existencia de prácticas en las que los big business persiguen elevar precios, reducir oferta, todo con la intención de elevar sus utilidades.

Esas críticas fallan por lógica pues no toman en cuenta la historia pasada ni las estimaciones de una empresa que se debate por mantenerse viva en un ambiente de cambios incesantes.

Debe recordarse que el capitalismo es dinámico. Crea y destruye estructuras, no la forma en la que esas estructuras son manejadas en un momento dado.

¿Solo competencia de precios?

La atención es comúnmente atraída por la competencia de precios, lo que según el autor es un punto irrelevante.

La competencia de verdad es la que tiene lugar en otros terrenos:

  • La competencia por los nuevos productos,
  • por las nuevas tecnologías,
  • por los nuevos mercados,
  • por los nuevos insumos y
  • por las nuevas formas de organización industrial.

Esta competencia es la que dicta las ventajas de precio y de calidad que tienen los productos de las empresas y que son la causa de su sobrevivencia.

El impacto de los precios en sus productos es mínimo comparado con el impacto de todo eso que es cuestión de vida o muerte para la empresa.

Incluso las empresas que no tienen competidores directos, que están solas en su campo, deben verse como empresas que sí tienen en verdad competencia.

Compiten contra sectores vecinos al suyo, con nuevas productos, tecnologías, adelantos que las afectan en su existencia misma.

No en todos los casos, pero esa competencia verdadera produce en el tiempo una situación similar a la de la competencia perfecta.

Si por ejemplo, una serie de comerciantes en una cierta localidad lograran acuerdos mutuos para no competir entre sí, fijando precios, ellos estarían sujetos en el tiempo a competencias de otras tiendas en otras partes, ventas por catálogo, supermercados.

Concluyendo

Y termina, Schumpeter este capítulo con un símil. Quien intenta analizar al capitalismo sin considerar que es dinámico, comete el mismo error de quien trata de analizar Hamlet sin el príncipe de Dinamarca.

Y una cosa más…

El capitalismo es dinámico, esta es la pieza de información que resalta Schumpeter. La que está bien resumida en esa frase de «destrucción creativa»

Un concepto que da la impresión de haber permanecido como un secreto para los críticos del capitalismo.

[La columna fue revisada en 2019-08]