Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Legisladores Impreparados
Eduardo García Gaspar
7 septiembre 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son personas cuyo trabajo supone un fuerte conocimiento de la economía, conocimiento que muchos no tienen. La observación no es nueva, la hizo un economista hace mucho tiempo, cuando señaló que las leyes laborales destinadas a proteger a los trabajadores en realidad los lastimaban.

Todo a pesar de intenciones loables y por causa de conocimientos escasos. Sí, los legisladores no saben de economía.

Recientemente otro caso ilustra la ignorancia económica de los legisladores: el de una ley destinada al fomento de la lectura en México y que contiene una disposición notable, la de hacer que todos los libros de una misma edición tengan el mismo precio en todas partes.

La ley fue devuelta por el ejecutivo al congreso, aparentemente por esa idea, argumentando que es contraria a un mercado libre. Tiene razón el ejecutivo.

Los legisladores aprobaron la idea de que en todas partes del país una misma edición de un libro tuviera siempre el mismo precio, así sea en Monterrey que en la más pequeña librería de Tinhuindín o Teocaltiche. La única argumentación en favor de hacer esto es que ello había funcionado “bien” en los países en los que había sido aplicado, sin más detalles.

Tiempo después leí que en esos países el precio único había funcionado bien para los editores, pero no para los lectores que tenían libros en promedio más caros que en los países donde eso no se aplicaba.

Enfrentado a la disyuntiva de aprobar o no un precio único para los libros, usted y yo debemos partir primero de entender que de aplicarse, ello es un control de precios de facto, aplicado por el editor y que impide la existencia de rebajas y ventas especiales.

En otras palabras, lastima al consumidor final beneficiando al editor, que es exactamente lo opuesto de lo que debe hacer un legislador, proteger al ciudadano. Eso lo entiende cualquiera.

Pero sucedió lo opuesto en este caso y los legisladores mexicanos aprobaron el precio único. La explicación de eso puede ser la del economista mencionado: los legisladores no saben de economía y pueden ser fácilmente engañados en esos terrenos por alguien astuto que quiere lograr un beneficio, en este caso, el editor. No sería la primera vez que esto sucede.

Allí está la ley laboral mexicana para probar que quienes la hicieron han estado inhibiendo la creación de empleos durante décadas (y por eso, son promotores de la emigración y de la economía informal).

La acusación es en extremo grave, pues los legisladores son eso, personas que emiten disposiciones obligatorias cuya última finalidad es ayudar al bienestar de los ciudadanos de un país. Sin un conocimiento básico de economía su tarea será en extremo difícil y, peor aún, crearán leyes cuyos efectos reales serán opuestos a los buscados. El tema ha sido tratado en algunos de los análisis de las causas de la pobreza.

Recuerdo que en uno de ellos lo llamaban “regulación ineficiente de los mercados” y lo responsabilizaban de ser causa de pobreza. Uno de los ejemplos de esta mala regulación es el exceso de trámites y el alto costo de procesos burocráticos, como el abrir un negocio, o el registrar una propiedad. No dudamos de las buenas intenciones de esas disposiciones, pero tampoco de sus malos resultados, comprobados en la práctica.

Regresemos al ejemplo del precio único del libro. El efecto neto hubiera sido encarecer los libros al evitar rebajas y se conoce de sobra que eso produce una disminución en la cantidad demandada del bien en cuestión. El precio único, por tanto, hubiera reducido la venta de libros, lo que es contrario a la intención de la ley, que era fomentarla. Otro caso de efectos secundarios indeseables.

Porque eso es lo que al final causa la ignorancia económica, efectos secundarios contrarios a los buscados. Queriendo hacer una cosa se termina logrando otra, la contraria, cómo la de falta de empleos o como la de menor lectura, en el caso que nos ocupa. No son éstas cuestiones ideológicas, sino sencillos conocimientos prácticos. Nada tienen que ver con ser o no socialista o liberal.

La realidad se mueve y funciona con independencia de nuestras preferencias políticas. Reconocerlo es un paso en la dirección correcta y que haría bien en el logro de consensos entre legisladores demasiado ideologizados, si se permite el término.

POST SCRIPTUM

• El economista al que me refiero es Mises, Ludwig von (1981). SOCIALISM. Indianapolis. Liberty Fund. 0913966630 y señala la ignorancia económica de los legisladores previsamente al tratar sobre leyes laborales. Existe un resumen AmaYi® de esta idea aquí.


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