Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Uso Social de Escáners
Eduardo García Gaspar
5 enero 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Estábamos en 2008, cuando salió la noticia que muchos esperaban: el nuevo presidente reaccionaba contra la negativa del Banco de México para imprimir más billetes. Y es que el presidente recién electo había pedido que el presupuesto de gasto federal se incrementara en un 300 por ciento, cosa que fue imposible dados los ingresos del gobierno.

Los impuestos no podían aumentar y el presidente pidió lo obvio. Solicitó al Banco de México que imprimiera el triple de billetes para poder gastarlos el gobierno, a lo que el banco central se negó y ahora el presidente había ordenado comprar escáners adicionales para copiar billetes y gastarlos como si fueran nuevos.

Ello aliviaría la pobreza en el país en poco tiempo y permitiría cuidar a las personas desde que nacieran hasta que murieran, regalándoles artículos escolares a los infantes, golosinas a los adolescentes, cervezas a los adultos y medicinas a los ancianos.

Después de todo, existía el derecho social a la educación, pero también al consumo de cerveza. Se le dijo más tarde al presidente que lo de los escáners era delito, equivalente a falsificación de moneda, pero él contestó que siendo representante de la nación, él estaba por encima de la ley, y procedió a copiar billetes.

Pero no sólo eso, mandó él cambiar las unidades de medición, para evitar ser sujetos del imperialismo exterior: ahora las unidades de medida se contaban de derecha a izquierda, simbolizando el camino al estado benefactor. Antes había ya decidido que el país se cerraba a la competencia extranjera y mandó construir un muro adicional al norteamericano en la frontera norte. Ya no más importaciones, ni exportaciones.

Lo hecho en México, dijo, “es para los mexicanos y no para el consumidor extranjero”. Algunos empresarios mexicanos aplaudieron la medida y de inmediato elevaron sus precios y pidieron subsidios para la industrialización mexicana. A los agricultores nacionales, a todos, de les obligó a sembrar maíz, frijol y chile, abandonando los cultivos de hortalizas para exportación y se les concedieron créditos blandos, tan blandos que no era necesario pagarlos.

La negativa de algunos agricultores fue considerada un complot contra los intereses nacionales. Por otro lado, el presidente anunciaba que las cifras de criminalidad mostraban que ella había sido reducida en casi su totalidad.

La reducción se debía a cambios en las leyes que ya no consideraban delito el robo menor de 500 mil pesos, ni el secuestro por menos de 72 horas. Toda la policía estaba dedicada a atender la revisión del FOBAPROA. Esas leyes, no fueron emitidas por el congreso, sino por el presidente mismo, que había decretado que el “congreso soy yo y más tarde seré la Suprema Corte de Justicia”.

Las películas extranjeras pagaban un IVA del 50 por ciento, por ser artículos de lujo. Con los fondos así recolectados se financiaba la cinematografía nacional, lo que produjo largas filas en las oficinas encargadas de repartir los fondos y películas que nadie iba a ver.

El presidente había decretado que su sueldo sería reducido a la mitad y ahora anunciaba que se lo reduciría a una cuarta parte, para al final del sexenio tener un ingreso simbólico de un peso anual.

Lo mismo hizo con todos los funcionarios federales, lo que les obligó a cobrar por recibir a los ciudadanos diez veces más de lo que costaba ver películas extranjeras y completar sus ingresos y comprar más escáners. El problema de falta de fondos de las pensiones del IMSS fue solucionado dándole al sindicato tres mil escáners para copiar billetes y poder cubrir pensiones después de 5 años de trabajo.

El petróleo había bajado de precio, pero internamente las gasolinas costaban 10 veces más que antes y la baja de ingresos del gobierno había sido compensada con la compra de más escáners.

El asunto había llegado a tal nivel que la industria más floreciente del país era la fabricación de escáners, excepto por un problema, algunos de sus componentes no eran producidos en el país y eran importados secretamente por un hoyo expresamente hecho en el muro mexicano de la frontera.

Estaba yo copiando varios billetes de 500 pesos para comprar el pan del día, cuando el escáner explotó por exceso de uso. El ruido me despertó y me di cuenta de que todo había sido un sueño. Una pesadilla posible.

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