Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No son Derechos, son Deseos
Leonardo Girondella Mora
2 octubre 2007
Sección: DERECHOS, Sección: Análisis
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Una de las maravillosas cosas de nuestra época tiene un doble filo —el deseo de mejorar y cambiar las cosas es posible, pero al mismo tiempo jamás existirá un mundo perfecto. Se puede mejorar, pero no puede serse perfecto —tampoco es posible decretar por decreto la perfección.

En 1948, la ONU hizo algo ambivalente: creó una declaración universal de derechos humanos. Buena y encomiable sin duda alguna esa declaración, ella es al mismo tiempo esa daga de filo doble.

Dice la declaración que considera que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

A lo que añade otra consideración, la de “que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”. Es aquí donde la cuestión se vuelve  palabrería.

¿Tiene alguien el poder de liberar a los seres humanos del temor y la miseria? Esta promesa es prácticamente una de tipo religioso y pertenece al terreno de la espiritualidad. ¿La ONU es una religión capaz de liberar del temor? No lo creo y a juzgar por su historia y sus dirigentes, está muy lejos de lograrlo.

En otra de las consideraciones de la parte introductoria del documento dice que “los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.

¿Los pueblos están resueltos a un concepto más amplio de libertad? Si no se define ese concepto y si no se ha hecho un referéndum al respecto, la afirmación suena gloriosa y mesiánica, pero falsa y hueca.

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Quiero examinar esa tesis mía, la de una mezcla de apreciables objetivos y de falsas expectativas —lo que produce una mezcla de escasa utilidad. Recuerdan eso dicho de los comités: un camello y un buitre fueron alguna vez un caballo pura raza y un cisne antes de pasar por ese comité. Aquí, los preciosos derechos humanos han sido convertidos en palabrería después de pasar por la ONU. [véase Spencer al respecto]

Dice el artículo 1 que, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. ¿Ve usted la mezcla? Ser libres e iguales es un derecho sustentado en la dignidad humana —pero eso del comportamiento fraternal es un deseo de perfección. No pueden mezclarse peras con manzanas y tampoco derechos con deseos.

El 2 dice que “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición… condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona”. Está bien. Es un derecho de igualdad natural.

Esa igualdad se reitera en el artículo 7: “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”.

Dicen los artículos 3, 4 y 5 que, “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona… Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas… Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes… Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”.

Los artículos siguientes, 8, 9 y 10 son consecuencias lógicas de los anteriores. Dicen que “Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley… Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado… Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal”.

Estos últimos muestran una de las cualidades de los derechos —la de imponer obligaciones en los demás. El derecho a contar con tribunales imparciales, por ejemplo, pone en aprietos a muchos gobiernos que no cumplen con su obligación. México, en este caso, no cumple con la obligación que se espera.

Ni tampoco con el artículo 11 que dice que “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito”.

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Lo que deseo señalar de manera muy explícita es que un derecho significa también una obligación —si se tiene derecho a ser supuesto inocente frente a un tribunal imparcial, esto requiere por necesidad una obligación en los gobiernos y su poder judicial. No hacerlo es violatorio de los derechos básicos que suponen dignidad igual en todas las personas.

Lo que sucede en esta declaración de la ONU es que se ha convertido después de los primeros derechos básicos en una lista de consecuencias que se desprenden de esa libertad humana basada en su dignidad igual en todos. Es lógico que si una persona es digna y libre, como dice el artículo 12, “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. La vergüenza es que la ONU no aplica esto en varios casos de países miembros.

Tampoco aplica el artículo 13, que afirma que “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. Es letra muerta y muestra una faceta desagradable —la ONU no está dispuesta a cumplir con sus propias declaraciones. Ese derecho impone una obligación en los gobiernos, pero también en la ONU. Una obligación que no es reconocida.

El artículo 14 sigue con el tema: “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país… Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”. El 15 dice que, “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad… A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad”.

El artículo 16 cambia de tema y dice que, “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio… Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio… La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

De nuevo, todo esto es una consecuencia de la libertad humana —en realidad no son derechos en sí mismos, sino consecuencias gratas de esa libertad que no necesariamente se tienen siempre: los matrimonios no son siempre libres, como si ilustra en usos y costumbres de algunos pueblos o religiones que estarían violando ese derecho consecuencial. Si la familia tiene derecho a ser defendida por el gobierno, éste tiene la obligación de defenderla.

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El artículo 17 establece que, “Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente… Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad”. Un derecho de los clásicos liberales que establece como contrapartida un freno al robo y la confiscación —algo no respetado por miembros de la ONU a quienes no se llama la atención por esto. Es otra de las demostraciones de la imperfección de este mundo.

El 18 y el 19 tratan de otro de los derechos clásicos: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia… Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Es correcto apuntalar de nuevo estos derechos de origen liberal —lo que es otra oportunidad para señalar la imperfección del mundo en el que se vive. Reconocer esos derechos no significa que ellos se respetarán. Los obligados por esos derechos son gobiernos que no los respetan y que son miembros de la ONU.

El artículo 20 y el 21 señalan que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación… Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. Toda persona tiene el derecho de accceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”.

Son los ideales de la democracia liberal, una herramienta imperfecta que aquí es exaltada como un derecho. No creo que lo sea, por lo menos al mismo nivel que el de la libertad y la igual dignidad. Son más bien consecuencias prácticas de un derecho básico, no derechos en sí mismos —mezclarlos no es correcto.

El artículo 22 es una buena muestra de lo que no es un derecho básico. Dice que “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”.

No es un derecho, sino un deseo o una ambición —sería grandioso que todos tuvieron la posibilidad de gozar de seguridad social y de gozar de “derechos económicos, políticos y culturales” (lo que sea que eso signifique). Se trata de esa liberalización del temor y la miseria ahora traducida en un caso específico: los gobiernos deben proveer la satisfacción de esos derechos, es decir, los gobiernos deben tener más fondos y ser más poderosos.

Eso mismo se ejemplifica en el artículo 23: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”.

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La mezcla es terrible: buenos deseos y derechos reales se embarullan sin sentido. Si derecho al trabajo libre significa libertad de decisión personal, no hay problema —pero si significa otorgar empleos, las cosas se complican pues en alguien recaería la responsabilidad de crearlos. Protección contra el desempleo podría significar la obligatoriedad del seguro de desempleo. Completar por medio de seguridad social un salario justo es, otra vez, un deseo, pero no un derecho que haga recaer esa obligación en alguien.

La mayoría de esos deseos implica la existencia de recursos que no son especificados y connotan la obligación gubernamental de cumplir con ellos. Sé que este mundo es imperfecto, que hay situaciones reprobables, que debe trabajarse en su solución —pero convertir todo eso en derechos es irrelevante en el mejor de los casos.

Otro caso igual es el del artículo 24 que establece que, “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”. La situación es tan absurda que ha ocasionado burlas, como la del amigo dentista que decía que él tenía derecho a vacaciones pagadas y que se presentarían en la ONU para exigirlas.

En la misma vena está el artículo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social”.

¿Cómo garantizar un nivel de vida adecuado? ¿Cómo definir adecuado? Trabajar en esa dirección es una obligación, considerarlo un derecho es una confusión. Si para casos independientes de la voluntad debo contar con esos derechos, entonces el fracaso de mis negocios me colocarían en esa condición. ¿De quién obtener esos derechos? Quitárselos a otros no se puede, porque violaría el artículo relativo a la propiedad.

El artículo 26 se refiere a la educación: “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

¿La educación gratuita? Es imposible. Todo tiene un costo y alguien debe pagar por ella, lo que significaría que tener educación gratuita equivale al derecho de quitarle propiedades a otros para pagar mi educación. ¿Puede ser un derecho tener una educación generalizada? El error es obvio ya: la mezcla de derechos reales y fundamentados con una serie de buenos deseos que no tienen determinados su establecimiento.

El artículo 27 es innecesario, al decir que “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.

La última parte se refiere a propiedad personal y ya fue tratada antes —que sea artística o no, eso no importa. Participar en la vida cultural o en el progreso científico es una consecuencia de la libertad y no hay necesidad de inventar otros derechos. Puedo hacer arte, el que quiera, excepto si con eso justifico el derecho a robar la pinturas y telas.

El artículo 28 dice que “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. ¿A quién le exijo ese derecho? La ONU y los gobiernos han sido notablemente incapaces de lograrlo —porque no es un derecho, sino una situación deseable que es legítimo ambicionar.

El artículo 29 cambia todo el tema y establece que “Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”.

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En resumen, nada excepto palabrería para decir que somos libres y esa libertad tiene límites establecidos por la misma libertad de los demás.

Para terminar, el artículo 30 establece que “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”. Pregúntele a Cuba.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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