Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ciudadanos Sin Creencias
Leonardo Girondella Mora
8 julio 2008
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Una investigación en los EEUU —U.S. Religious Landscape Survey— arroja resultados que son de interés para todos. En ese país, el 60% de las personas consideran a la religión como algo de mucha importancia.

La cifra se pone en perspectiva con los datos de otros países —dicen lo mismo de la religión el 12% de los franceses y el 14% de los italianos, según reporta el WSJ (1 de marzo de 2008). Otra indicación de la importancia de la religión para los estadounidenses es el cambio de religión —44% de ellos han cambiado de religión en algún momento de su vida: cambian, no la dejan en general, y los cambios no son para ir a religiones soft.

Los datos me sirven para especular sobre una idea de Tocqueville —la de que la libertad necesita ideas morales y ellas provienen de la religión principalmente: quien pierde valores religiosos, también pierde libertad.

Para explorarla, deberán seleccionarse dos casos, ambos de libertades claras —pero uno de ellos en el que la religión sea aún practicada y el otro en el que no lo sea. Europa puede ser el caso de la existencia de la libertad en el que la religión ha sido dejada y los EEUU el caso de la libertad también, pero en el que la religión se ha mantenido.

Según la idea de Tocqueville podrá pronosticarse que los EEUU mantendrán la libertad que tienen, pero que en Europa se perderá —no es un pronóstico perfecto porque hay otras variables y tampoco es inmediato, al contrario, debe ser de largo plazo.

Hay opiniones que afirman eso precisamente —por ejemplo, la columna de Samuel Gregg, que señala pérdidas de libertad frente a un estado creciente que retira responsabilidades al ciudadano. En otra columna, el mismo autor habla de la jaula económica de la que y que impide crecer todo lo que se pudiera.

También, está la idea de Phelps, un economista, que ha hablado de la infertilidad del capitalismo europeo continental.

El mecanismo que asocia íntimamente a los preceptos religiosos con la libertad es lo interesante del tema —las creencias y los valores de las personas hacen las veces de guías que dan sentido a la libertad para saber usarla y aplicarla a la consecución de metas personales. Sin reglas morales no se tienen esas guías ni esas metas, consecuentemente la libertad se pierde porque ella no es una creencia valorada y digna de ser defendida.

Sin creencias, sin valores, la libertad deja de ser importante, porque ella es un valor también—en un mundo sin valores ese vacío será llenado por otras cosas, generalmente el poder que se usará sin limitaciones. Esto permite un pronóstico adicional: las sociedades que no posean valores arraigados tenderán a ser dominadas por gobiernos poderosos y sin límites; y viceversa.

La realidad, esos dos casos, parecen darle la razón a Tocqueville —se necesita tener creencias y valores si es que la libertad quiere ser mantenida pues la libertad misma es un valor en el que se cree. El lado opuesto es el del ciudadano que no valora la libertad y se satisface con un gobierno que promete darle todo a cambio de su voto, para ahorrarse la responsabilidad de ser libre.


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