Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Y Ahora, Todo Gratis
Eduardo García Gaspar
27 octubre 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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La primera impresión es engañosa. Visto de manera superficial se cree que es un problema financiero… aunque en la realidad se trata de un problema moral, como casi todos. Es la situación de las finanzas públicas. Tener un déficit público es un evento financiero. Decir que es bueno o que es malo, es un juicio moral.

En esto, al final de cuentas, hay dos posturas. Los hay que piensan que tener un déficit público está justificado por lo bueno que ello resulta. Dicen que la economía se revitaliza con el gasto público, que se logra bienestar común con, por ejemplo, servicios de salud, o subsidios a empresas estatales. López Obrador, en México, pertenece a este grupo, por ejemplo.

Los hay, por otro lado, que piensan lo opuesto. Un gasto público deficitario es negativo por los efectos que tiene: debilitamiento de una institución importante y el traslado del pago de ese déficit a terceros. Las distorsiones que produce en los precios, frena el desarrollo.

Tomemos las cifras del gobierno estadounidense en estos momentos. La Oficina de Administración y Presupuesto ha proyectado un déficit de 9 billones en los siguientes diez años. Consideremos su deuda pública, de unos 12 billones, más pasivos sin respaldo, con lo que la deuda se calcula en 60 billones. David M. Walker, ex contralor del gobierno, ha dicho que EEUU, su gobierno, puede quebrar dentro de una generación.

Las cifras son de horror y señalan un principio universal, aplicable a los gobiernos de todas partes: un déficit puede salirse de control con enorme facilidad. Y si lo hace, la razón es obvia: se decidió así porque se pensó que era bueno. Volvemos al tema moral y que es inevitable. Cuando una decisión es tomada se debe a que se creyó que era buena, que produciría un mejor estado de cosas.

El problema es que eso que se pensó que era bueno, tarde o temprano termina en algo pésimo: más y mayores impuestos pagados por quien no fue responsable de la decisión. Es igual a ir a un restaurante invitando a varios amigos: todos creerán que es algo bueno, pero no lo será si la cuenta se deja a los de otra mesa.

México es un ejemplo de esto. Su gobierno no tiene dinero para cubrir gastos el año entrante y está declarando más y mayores impuestos para cubrir el déficit. Ciudadanos que nada tuvieron que ver con decisiones de gasto pagarán la cuenta de una administración que gastó de más porque pensó que era bueno. No lo es.

El proceso de creación de un déficit comienza con un menú de promesas electorales de distintos candidatos, quienes pelean por dar más y más si es que ellos resultan ganadores. Sus promesas son irreales, y basadas en la idea de que las cosas no tienen costo. Esas promesas son creídas literalmente por un electorado que en buena proporción no tiene bases para evaluarlas y que también cree en que las cosas no cuestan.

Todo el proceso de promesas dadas y creídas coloca una presión enorme en el gasto del gobierno. Todos quieren más, pero nadie comprende que debe pagarse lo que se da. Nada es gratuito en la realidad. El electorado es confundido por un conjunto de gobernantes que jamás mencionan los costos de lo que ofrecen. Nunca dicen “si queremos esto, tenemos que renunciar a lo otro”.

Y así se fabrica un mundo de fantasía en el que nada cuesta, todo es gratis. El electorado en buena parte se convence de que el gobierno pague todo sin pensar que al final lo pagará cada ciudadano. Llamar a esto democracia y creer que se hace un bien social, es uno los engaños más grandes de todos los tiempos. Hacerlo es inmoral. Sí, es un mal manejo financiero, pero sobre todo, inmoral.

Un columnista recientemente lanzó grandes elogios el plan de salud estatal que Obama desea en los EEUU, argumentando que se así se dará servicios gratuitos al 98% de la población. Esta es la fantasía de la que hablo. Si yo tengo un plan para dar comida gratis al 99% de la población de México, lo primero que se tiene que examinar es el costo de mi plan. Mi intención es lo de menos.

¿Dónde está el origen de la fantasía financiera? En los gobernantes que son los que inician el proceso de la ilusión con promesas imposibles. Pero ellos no se atreven a ser realistas con el electorado y, sabiendo su ingenuidad, lo engañan haciéndole cree que las cosas no son gratis, que no cuestan. Este es el origen del déficit, inmoral en sí mismo, e inmoral en su proceso.

Post Scriptum

Los datos del déficit en EEUU fueron tomados de America’s Uncontrolled Debt and Spending is the Real ‘Waterloo’ de Ray Nothstine .


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