Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Asunto de Palabras
Leonardo Girondella Mora
14 julio 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La discusión política —quizá la más importante de todas— ha sido rebajada a su nivel más bajo. No sólo tiene una falta de uso de la razón, sino que es usualmente acompañada de un lenguaje pobre y vulgar.

Este el el tema que quiero explorar, siquiera de manera breve. Comienzo señalando algunas instancias del fenómeno al que me refiero

Pelea en Cámara de Diputados.

Protesta González Noroña donde debe verse la reacción de la gente y los comentarios escritos del video.

Un fragmento de un discurso de Chávez tiene eso mismo que trato de comunicar.

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Una vez mostrado lo anterior, sigo con una visión de ese fenómeno: la reducción del lenguaje en el campo político a palabras vulgares y posiciones soeces —por parte de quienes tienen papeles políticos, pero también por una parte de la ciudadanía.

La reducción de la calidad del discurso político está bien demostrada con el uso de palabras vulgares —un padecimiento que se llama coprolalia y que, apunto, impide el uso de una conversación política que lleve a posibles acuerdos entre partes con distintas opiniones.

Mi tesis es directa: el empleo de un discurso político con un lenguaje con frecuencia pobre y en demasiadas ocasiones vulgar pone un freno a la posibilidad de llegar a acuerdos —¿cómo dialogar con alguien que dice a su contrario, “váyase al carajo”?

¿Cómo entender a quien como argumento en su defensa se desnuda en público y se sube a una bicicleta, o arroja piedras a una tienda?

¿O grita vulgaridades para interrumpir un discurso de quien expresa una opinión contraria a la suya?

La reducción de la calidad del lenguaje político es una reducción de la política misma —quizá en buena parte producida por la baja calidad de los gobernantes mismos: sin preparación la única defensa de sus opiniones es el empleo del insulto y la agresión.

La política es una arena propicia a los desacuerdos, lo que hace de ella algo que requiere delicadeza al tratarlos —no pueden las partes simplemente lanzarse insultos y creer que han cumplido son su misión de gobernar.

Su misma esencia de gobernante les obliga a una educación mayor, a una más grande cortesía entre ellos.

Pueden decirse entre ellos muchas cosas, pero sin romper reglas de afabilidad, etiqueta y protocolo —es una obligación del gobernante ser amable, cordial y correcto, aun en el caso de considerar que sus opositores son tontos, tercos, bobos.

En 1936, Winston Churchill pronunció un discurso en la House of Commons, donde dijo que,

El Gobierno simplemente no puede tomar decisiones, no puede hacer que el Primer Ministro tome decisiones. Así es que siguen en una extraña paradoja, decididos en su indecisión, resueltos en su irresolución, implacables en su deriva, sólidos en su fluidez, todopoderosos en su impotencia. (traducción mía).

No es realista esperar de muchos nuevos políticos esa elegancia en la crítica a sus opositores —pero sí es un reclamo mínimo la exigencia de reglas de urbanidad entre ellos. La calidad del lenguaje es imprescindible para gobernar con corrección.

Mi conclusión es la obvia: se han colado a puestos públicos de importancia personas que no están preparadas para gobernar —y es prueba irrefutable de esa impreparación el lenguaje que ellos usan.

Un lenguaje vulgar y soez va siempre acompañado de falta de raciocinio, de carencia de entendimiento, es decir, insuficiencia de habilidades de expresión y negociación.

No son ellos representantes de los ciudadanos, son suplentes de la muchedumbre y el populacho, a quien copian su lenguaje y emoción colectiva. Su lenguaje lo prueba, sus expresiones lo demuestran, sus acciones lo confirman.

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Ha sido mi tesis el proponer a la reducción de la calidad del lenguaje político como una prueba de la degradación de la política —su falta de educación, etiqueta y protocolo, donde la incapacidad para razonar es sustituida por la ineptitud del insulto y las palabras vulgares.

El fenómeno tiene consecuencias. La degradación de la política, causada por personas de baja ralea en puestos públicos, obstaculiza el buen desempeño de los gobiernos y los vuelve más factor de miseria que agentes de prosperidad.

Addendum

La cita de Churchill está en Farnsworth, W. (2010). Farnsworth’s Classical English Rhetoric. David R Godine, p. 70.

Creo necesario añadir que el ejemplo del político de bajo lenguaje y vocabulario reducido, es un ejemplo copiado por los ciudadanos, a quienes ese gobernante transforma de ciudadanía en turbamulta.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje y en ContraPeso.info: Conversaciones.

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