Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema es la Frecuencia
Eduardo García Gaspar
28 febrero 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Todo comienza con una realidad, la de nuestra imperfección. Cometemos errores. No estamos exentos de ellos. Y esos errores pueden ser clasificados de manera tal que sea posible definir un rasgo humano, el de la insensatez o necedad.

Quizá sea mejor definirla con la mejor palabra, estupidez. En columnas anteriores he tratado el tema, especialmente usando ideas de un economista italiano, Carlo Cipolla y su libro, Allegro ma Non Troppo.

Allí establece cinco leyes que, según él, rigen este fenómeno humano, el de la bobería.

La tercera de las leyes es posible que sea la más interesante. Ella da una definición de persona boba, tonta, burra, como usted quiera llamarla. Dice que una persona así es la que produce daños en otras sin lograr beneficio propio.

Esta definición es fantástica porque da pie a una clasificación de personas, según el autor. Si las dos variables son (1) el beneficio propio y (2) el beneficio ajeno, entonces pueden verse cuatro tipos de acciones posibles.

Uno, la acción que causa un daño propio y un beneficio ajeno. Esta es la conducta del que se sacrifica en beneficio de otros. Un ejemplo claro es el de quien renuncia a una carrera brillante y se dedica a curar enfermos en alguna inhóspita selva. O el padre de familia que trabaja dos turnos para pagar la educación de sus hijos.

Dos, la acción que causa un beneficio propio y un daño ajeno. Es la conducta del que sacrifica a otros en beneficio de sí mismo. Un ejemplo claro es el del bandido, que obtiene dinero o bienes ajenos. O también, el del gobernante corrupto que usa en su beneficio el dinero de terceros recolectado vía impuestos

Tres, la acción que causa un beneficio propio y también un beneficio ajeno. Es la conducta del que logra tener beneficios propios con efectos también positivos en los demás. El ejemplo más usado es el de un intercambio voluntario, como la venta de un auto: ambas partes terminan en una situación mejor.

Cuatro, la acción que causa un daño propio y también un daño ajeno. Es la conducta del que lastima a otros, pero también se daña a sí mismo. Es la conducta, por ejemplo, del alcohólico que así lastima a personas cercanas y se lastima él mismo. Según la clasificación, este es el estúpido.

La clasificación suena más o menos lógica, pero tiene que ser refinada con alguna información adicional. En la revisión del libro que estoy usando, se añade un dato vital: debe considerarse la continuidad o frecuencia de las acciones. Todos podemos cometer idioteces, todos.

Pero es idiota quien comete tonterías como patrón consistente de conducta. Una persona no puede ser considerada tonta si sus actos estúpidos son aislados, pero lo será si sucede lo opuesto y actúa con frecuencia de esa manera. Pero también hay que añadir otra pieza de información.

Esa clasificación supone que son las consecuencias lo que revela la estupidez humana y esto abre las puertas a problemas difíciles.

Por ejemplo, un político corrupto puede ser clasificado como dañando a los demás, pero beneficiándose a sí mismo. Eso, al menos, en el corto plazo, lo que le haría aparecer como una persona sagaz.

Sin embargo, ampliando el panorama y con un plazo más largo, sus actos de corrupción también dañan al corrupto: él y sus hijos, por ejemplo, vivirán en una sociedad peor de la posible sin esa corrupción. Es decir, viendo sólo las consecuencias de los actos, el panorama es problemático y la definición de estúpido no es tan clara.

Esto se parece mucho a la idea de B. Tuchman, la de la idiotez propia de los gobernantes que aplican consistentemente políticas que les dañan aún a sabiendas de ese daño

Eso es lo que le sucede al consecuencialismo, esa opinión moral de que lo bueno o lo malo de un acto se deriva de los efectos o consecuencias que se produzcan. Los efectos de nuestras acciones varían en el plazo considerado, en las intenciones buscadas y en el razonamiento que las justifique.

El tema y lo anterior, me parece, bien vale una segunda opinión para poner sobre la mesa un tema que es rara vez tratado con seriedad. La mayor parte de las veces es sujeto de bromas y risas. No está mal eso, lo que es tonto es no ponerle atención, la suficiente como para tratar de minimizar las consecuencias de nuestra imperfección.

Post Scriptum

La acción que causa un daño propio y un beneficio ajeno puede ser cuestionada. Si se considera que la persona actúa motivada por el logro de un bien percibido, eso significaría que no hay propiamente un daño propio. Si la persona es un misionero en tierras inhóspitas, eso es para ella un bien y sólo puede ser percibido como un mal por quien prefiere la civilización.

Las dos columnas anteriores fueron Hay Más de los Imaginados y Todos Pueden Serlo.

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