Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad de Lenguaje
Eduardo García Gaspar
28 marzo 2011
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Tiene su gracia. Involuntaria, pero gracia al fin. Es ese conjunto de normas que piden ya no usar en un anuncio “Se solicitan vendedores”. Ahora debe decirse, “Se solicitan vendedoras y vendedores”.

Tampoco puede hablarse de “la mujer del compadre”, sino de la “esposa del compadre”.

Fascinante la mentalidad que pide que no existan clubes de abogados, sino clubes de abogacía. Que no se diga asociación de vecinos, sino asociación de vecinos y de vecinas.

Que no se hable de educación para niños, sino de educación para la infancia. Que no se diga el gerente, sino la gerencia.

Me refiero a los manuales sobre el uso sexista del lenguaje. Toman ellos como premisa que el castellano es una lengua en la que se oculta a las mujeres y eso, me imagino, sea tomado como un acto de discriminación.

Decir, por ejemplo, “Mexicanos al grito de guerra” es reprobable, no por lo de la guerra, sino porque debería decir “mexicanos y mexicanas al grito de guerra”.

Todo un avance lingüístico de la modernidad, que no está exento de problemas, como el de encontrar que la palabra “artista” oculta al hombre y por eso es reprobable. Deberá, por tanto, decirse a partir de ahora, “artistas y artistos”.

El asunto se ve como el remedio a una injusticia, la de no hacer iguales a hombres y mujeres.

Tiene su punto la idea, pero mucho me temo que sea una exageración. Otra manifestación de la pasión de nuestros días por la igualdad en todo y para todo, paradoja deslumbrante en tiempos en los que la diversidad se celebra y festeja. ¡Que mayor diversidad que la de existir hombres y mujeres!

Y, por otro lado, no creo que existan muchos que cuando se habla de la historia del hombre entiendan que se está excluyendo a las mujeres, por lo que ahora debe hablarse de la historia de la humanidad, del avance de la humanidad. O que entienda que cuando se habla de los héroes de la independencia se está hablando sólo de hombres.

Lo que me llama la atención de esta corrección política que se pide en el lenguaje es que queriendo ser precisa, resulta imprecisa. Queriendo ser exacta acaba por ser inexacta. Tratando de ser igualitaria, termina siendo desigual.

Quiere hablar de la gerencia, no del gerente, sea o no hombre. Quiere hacer ver que un ingeniero puede ser hombre o mujer, pero en la realidad o es hombre o es mujer. Quiere tratar a todos por igual, pero acaba por tratarlos a todo en una masa sin precisión.

Pretende manipular el lenguaje con otra idea en mente, la de crear un cambio intelectual. Cuando lo natural es que sean las ideas las que modifiquen al lenguaje, no al revés. Pone su atención en las apariencias y descuida el fondo.

Pretende que hablar de ciudadanos es aislar a las mujeres, que mencionar vecinos es ocultar a las mujeres. Que hablar de la mujer de Pedro indica ser propiedad de alguien, cuando Pedro también le pertenece a esa mujer.

Y, lo peor, nos cree tontos a todos. Por ejemplo, cuando se dice que los mexicanos viajaron más al exterior, supone que podríamos creer que no lo habrían hecho las mexicanas.

Por supuesto, el lenguaje importa y mucho No son lo mismo las conversaciones educadas que aquellas en las que se arrojan insultos. No son lo mismo los libros con dominio de la lengua que los escritos descuidadamente.

Pero cuando el lenguaje es abusado en aras de la obsesión igualitaria, pierde riqueza y alternativas creadas sin que nadie realmente dictara el lenguaje. El idioma empobrece.

Nuestro idioma, como el de todos, es producto de nadie y de millones. No es controlado centralmente, pero ahora quiere serlo en otro afán de dominio, esa terrible ansia de poder que tienen los espíritus que no soportan a la libertad.

Porque en el fondo es eso, un temor por la espontaneidad que reclama el pequeño derecho a hablar de abogados queriendo incluir al que se dé la gana.

Comencé diciendo que tienen su gracia esas intenciones por obligar a usar un lenguaje censurado por la obsesión de la igualdad. Pero todo lo cómico que se percibe, también tiene un drama.

La obsesión por la igualdad siempre tiene como primera víctima a la libertad, la de poder escoger sin obstáculos el hablar de los derechos del hombre, o de los derechos humanos, dependiendo de lo que el que habla quiera. Sea un autor o una autora.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje y en ContraPeso.info: Libertad de Expresión.

También, en ContraPeso.info: Políticamente Correcto.

En su dimensión correcta, los intentos de control de lenguaje son una forma de censura, un obstáculo a la expresión personal.

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1 comentario en “Libertad de Lenguaje”
  1. Magdalena Alanís Dijo:

    A mí me parece ridículo, y hasta ofensivo, que quienes promuevan estos cambios absurdos lo hagan con la bandera de la “igualdad” y la “defensa” y “promoción” de la mujer, y terminan haciendo estupideces: decir “ellos y ellas”, “ingenieros e ingenieras”, “hermanos y hermanas”, etc., es marcar, remarcar, enaltecer, precisamente lo contrario: las diferencias, y no la igualdad. Estupideces que dividen y separan, más que igualar. Con esos amigos y amigas, ¿para qué queremos enemigos y enemigas?





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