Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libres de Tontos
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2011
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las palabras, más que sus acciones, son las pistas que revelan lo que hay dentro de la mente de las personas. Un ejemplo es una frase reciente de Obama, en la ONU, cuando entre otras cosas dijo que,

“We must act on the belief that freedom from want is a basic human right,”

Es decir, “debemos actuar basados en la creencia de que estar libres de necesidades es un derecho humano básico”.

Eso de “freedom from want” significa estar liberados de necesidades, tenerlas satisfechas. La frase no es nueva. F. D. Roosevelt la usó textualmente.

La acomodó dentro de una idea sobre libertades o derechos: la libertad de expresión, la libertad de culto, la liberación de necesidad y la liberación de miedo. No tengo nada en contra de la libertad de expresión y de la de culto. Al contrario, tenerlas es parte de nuestra humanidad, como otras muchas.

Pero con las otras dos, me surgen amplias dudas.

Liberar de la necesidad y liberar del miedo, no son propiamente derechos. Son ideales: sería extraordinario realmente estar libres de necesidades y ya no padecer miedo. Pero lograrlo es otra cosa. Peor aún, escuchar esas palabras de Obama, por ejemplo, me causa temor y sería lógico que entonces yo le reclamara que no dijera eso.

Si tengo el derecho a estar libre de temores, Obama debería callarse. Es absurdo. Podrá ser un ideal, pero no un derecho. Para liberarme de mis necesidades no puedo ir a su casa y exigirle a usted que me dé de comer, ni que me regale una cerveza.

Lo que bien vale una segunda opinión es encontrar dónde está el error de esos derechos que no lo son en realidad.

Empecemos por un derecho real, el de libertad religiosa. Ese derecho que tenemos está compuesto por dos elementos. Uno, es el obvio, el fácil de ver, y significa que usted y yo podemos practicar la religión que queramos, o ninguna. La decisión es nuestra y todos la entendemos.

Pero el segundo elemento es más sutil. No se ve con facilidad. Esa libertad religiosa, igual para todos, tiene un elemento de obligación en el resto. Nos impone la obligación de no impedir que ese derecho sea ejercido. Por ejemplo, no puedo yo impedir que la gente entre a un templo religioso. Esa libertad de todos exige también obligaciones en todos.

Vayamos ahora a un derecho falaz, el de estar libres de necesidades, que es lo que Obama sostuvo. Es fácil ver que yo tengo ese derecho, pero me enfrento a un problema con el otro elemento. ¿A quién el exijo que me libere de tener necesidades? No hay respuesta que tenga sentido.

Si voy con mi vecino a exigirle que me libere de mi necesidad de viajar y que pague mis vacaciones, él soltará una carcajada y llamará a un psiquiatra.

Otros de esos derechos falaces es el de estar libre de temores. No suena mal, pienso yo, quiere decir que mi existencia debe carecer de sobresaltos y miedos. Pero me pasaría el tiempo reclamando mi derechos a gobernantes que gastan de más, al entrenador de mi equipo favorito de futbol por perder partidos.

Y, como dije, tendría que escribir a la Casa Blanca para exigir mi derecho a no padecer temores por su terrible déficit.

Creo que mi punto es claro: es muy agradable escuchar hablar de derechos y más derechos, pero es muy desagradable saber que detrás de esos derechos hay una idea sin sentido. No hay manera razonable, ni justa, ni sólida de liberar a la gente de sus necesidades y de sus temores.

Este dominio de la palabrería sobre el contenido de lo que se dice es uno de los más severos padecimientos de estos tiempos de mucha televisión y escasa razón. Se escuchan las palabras de gobernantes, que suelen ser atractivas, llamativas, bellas.

Pero no se repara en su significado, en sus posibilidades y consecuencias. Obama es un ejemplo de este padecimiento de palabras y carencia de significado.

No es el único y es un padecimiento común en la política. La ONU es un ejemplo brillante. En su declaración de derechos se dice que “Toda persona tiene derecho a… vacaciones periódicas pagadas”.

¿Lo ve usted? Ahora es cuestión de que usted vaya a casa de alguien y le exija que le pague los costos de sus vacaciones. Si usted viene conmigo y pide eso, respondería que entonces usted pague las mías y así quedamos empatados.

Quizá el remedio esté en establecer otro derecho, el de estar libres de gobernantes tontos.

Post Scriptum

La idea de determinar como derechos falaces a los que no tienen una respuesta clara de en quién cae la obligación de respetarlos, es de H. Hazlitt: Son de Dos Direcciones.

Toda la clave para distinguir un derecho real de uno falso está en el segundo elemento, el de responder en quién cae la obligación de respetar ese derecho. Para un derecho real, la respuesta suele ser en todos porque todos tienen ese mismo derecho, por ejemplo, de tener opiniones. Para un derecho falso no hay una respuesta satisfactoria ni justa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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