Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Que un Koala
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Nunca nos los quitaremos de encima. Son parte de nuestra naturaleza. Si unos los niegan, otros los crean y popularizan.

Es un amor obsesivo por los escenarios apocalípticos. Quizá eso explique la popularidad de ese tipo de películas sobre el fin del mundo.

No hace mucho, de nuevo salió esto en la radio.

La persona dijo que Malthus tenía razón, cosa sorprendente porque hasta donde sé seguimos vivos a pesar de su predicción. Veamos esto con brevedad: un escenario apocalíptico que es conclusión lógica de dos premisas.

• Una, la población se reproduce en proporción geométrica.

• La otra, los alimentos se producen en proporción aritmética.

Si las dos premisas son ciertas, el escenario se cumple sin remedio: morimos de hambre los suficientes hasta el número que sea adecuado al monto de alimentos.

La realidad ha negado el escenario de Malthus. Lo sucedido es opuesto a lo previsto: estamos en mejores condiciones que en los tiempos de Malthus (1766-1834).

• Una razón es la falla en la premisa de los alimentos: inventos, mejores métodos, nuevas tecnologías, todo eso ha producido más recursos que los predichos por el modelo. Los humanos, al parecer, tenemos una buena capacidad para ser productivos.

• Pero hay otra falla, en la otra premisa, la población no sigue esa proporción de crecimiento exponencial. Sigue otro patrón distinto al predicho.

Consecuentemente, si las dos premisas son erróneas, la conclusión necesariamente está equivocada.

El escenario que entristeció a tantos en esos tiempos y los siguientes, no sucedió. Aún así, como esa persona en la radio, la afición por los escenarios fatales no ha desaparecido.

Hay ahora una especie de nuevos Malthus que alegan que la predicción sigue siendo válida y que terminaremos en ese final terrible de demasiada gente y pocos recursos. Digamos en medio siglo o algo así, veremos una situación terrible: no habrá recursos suficientes para tanta gente.

Hablan esas predicciones no tanto de alimentos como de recursos, principalmente energéticos. Va acabarse el petróleo, el carbón, los metales, y todo eso será dramático con tantos miles de millones de personas.

¿Posible? Sí, pero la cuestión es más compleja que quedarse en el nivel de lo posible. Tenemos en contra de la predicción a los adelantos tecnológicos que elevan la productividad.

Por ejemplo los autos híbridos reducirían el uso del petróleo. No sé qué vendrá después, pero la realidad parece indicar que la tecnología proveerá recursos insospechados ahora.

El tema bien vale una segunda opinión por lo fascinante que es nuestra afición por el futuro. Especialmente por el futuro preocupante y fatal.

Nos causa, por supuesto, pesimismo, pero al mismo tiempo nos mueve a hacer cosas que prevengan esas fatalidades. Después de todo, somos bien diferentes a los animales, los únicos capaces de pensar en escenarios futuros.

Vamos bastante más allá del koala y su instinto para buscar hojas de alimento inmediato.

Estos escenarios fatales, como el de Malthus, tienen a pesar de todo ciertas ventajas. Nos ponen a pensar, nos mueven a actuar y, sobre todo, no hacen ver que son fallidos. Sus predicciones fracasan una y otra vez.

Quizá su mismo conocimiento los altere haciéndolos fallar. Pero, desafortunadamente, los escenarios fatales suelen también producir algo malo, la locura de los remedios extremos.

No exagero al decir que hay opiniones que señalan lo bueno que sería la propagación de alguna enfermedad pandémica que redujera a una tercera parte el número de humanos. O las propuestas de abandonar las fuentes de energía que conocemos para regresar a lo natural, lo que sea que eso signifique.

Son las consecuencias de un alarmismo desenfrenado que lleva a locuras.

Los escenarios fatalistas, como el de Malthus en sus nuevas versiones, tienen buenos efectos si producen en nosotros un hábito de prudencia, esa virtud que cultiva la sabiduría de pensar en las consecuencias de nuestros actos.

Esta manera de crear escenarios, estoy convencido, es mejor que las predicciones numéricas (generalmente lineales y por eso irreales).

La prudencia permite no sólo pensar en que sucedería si seguimos una tendencia, sino también qué sucedería si tratamos de corregirla de diversas maneras.

Total, los nuevos escenarios apocalípticos tienen una ventaja, nos llaman a ser prudentes también en la soluciones y remedios.

Post Scriptum

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