Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Asuntos Públicos y Privados
Eduardo García Gaspar
19 abril 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una idea de las sumergidas. Está oculta. Es difícil de percibir.

Aparece en ocasiones con diferentes apariencias.

Me refiero a la idea que clasifica a los asuntos de una sociedad en públicos y privados y sostiene que todo lo público es algo de competencia gubernamental.

Me explico con una instancia que es comprendida con facilidad, la de las creencias religiosas.

La idea sostiene que las convicciones religiosas son de índole privada y no pública, por lo que deben limitarse sólo a la vida personal de la gente, no a su vida pública.

El caso más obvio es el del gobernante que tiene creencias religiosas. Bajo la idea que intento explicar, se le pide a tal gobernante que en su vida pública no actúe bajo la influencia de sus creencias religiosas, que las confine a su vida personal.

Es decir, las cosas privadas no deben afectar a las cosas públicas.

El punto tiene su atractivo superficial, pero resulta imposible. ¿Puede pedírsele a alguien que divida su vida de tal manera? No lo creo.

Si a uno se le pide que ignore sus convicciones porque la religión es un asunto privado, no veo porqué a otro no se le pida también que ponga de lado a sus convicciones filosóficas que también son privadas.

No es una idea clara, ni está bien definida. Según ella, en una democracia debe garantizarse que los asuntos públicos sean tratados en la vida pública de la sociedad, pero que los asuntos privados se mantengan y sean respetados en el ámbito de la vida personal de cada quien.

Es tan vago e indefinido que resulta imposible de aplicar.

Sin definir qué es lo público y qué es lo privado, el asunto se deja a lo que cada quien quiera pensar y el resultado serán un caos. Piense usted, por ejemplo, en si la salud personal es un asunto público o privado.

Unos piensan que sí, pero otros que no. Si resulta público, entonces se justificará que los gobiernos regulen cantidades de sal y grasas en los alimentos.

Pero si es privado, cada uno decidirá lo que come. ¿Hay interés público justificado en la salud? Seguramente todos coincidirán que sí en casos de epidemias que signifiquen un riesgo claro y real.

Pero la regulación de alimentos para combatir la obesidad ya no es tan clara. Como tampoco lo fue la prohibición de las bebidas alcohólicas, considerada de interés público.

A lo que voy es que existe a una tendencia injustificada a hacer que lo que justifica la expansión gubernamental sea considerado un asunto público, mientras que lo que impide tal expansión se considere privado.

Al considerar privados ciertos asuntos, la expansión gubernamental se facilita.

Resulta admirablemente sencillo concluir que casi cualquier cosa resulta un asunto de interés público. Puede argumentarse que las actividades artísticas lo son y que, por eso, merecen subsidios. Igual sucede con todos los aspectos de la alimentación, por ejemplo, lo que da pie a que intervenga el gobierno y, por ejemplo, regule precios.

Considerando público, por ejemplo, al mercado hipotecario, en automático se concluye que el gobierno debe intervenir y, quizá, reducir los requisitos de los préstamos para que todos tengan casa.

Muy pocas cosas en realidad pueden ser dejadas de considerar como de interés público y es cierto, pero eso no justifica que por esa razón sean clasificadas como responsabilidad gubernamental.

Y cuando se encuentra algo que no fomenta la expansión de las funciones gubernamentales, la reacción es clasificarlo como privado y quitárselo de encima.

Ya que es privado no debe influir en lo público, es decir, en lo gubernamental. Si usted tiene una idea, la que sea, que limita al gobierno, le dirán que eso es privado y no público.

El tema bien vale una segunda opinión para exponer una trampa intelectual que justifica el crecimiento gubernamental y viola libertades ciudadanas.

Es la mentalidad, por ejemplo, que prohibe fumar en restaurantes y que viola derechos de propiedad. Igual que prohibió bebidas alcohólicas y, ahora, drogas. O que justifica expropiaciones de empresas petroleras.

Sí, muchas cosas son de interés público y tienen influencia en la calidad de nuestra vida, pero eso no significa que por serlo deban ser una responsabilidad gubernamental.

El niño obeso es responsabilidad de sus padres, igual que su educación y su casa. Las libertades necesitan que los ciudadanos tengan también responsabilidades.

Post Scriptum

La idea que critico afirma que dentro de regímenes democráticos existen dos tipos de asuntos, los públicos y los privados.

Sostiene que los asuntos públicos sean tratados como tales y se sujeten a decisiones de gobierno que obliguen a todos por igual. Los asuntos privados, por el contrario, deben permanecer dentro del ámbito privado y no ser llevados al terreno público.

La falta de definición de qué es un asunto público y que es un asunto privado tiene como consecuencia práctica facilitar la expansión de facultades gubernamentales. De casi todo asunto social podrá concluirse que es de interés público y, por tanto, justificar la intervención estatal.

Lo que constituya un obstáculo a esa expansión gubernamental será considerado como privado, facilitando el crecimiento de las facultades de los gobiernos.

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