La situación fue sorpresiva. Produjo inquietud.

Pero, sobre todo, un esfuerzo para poner las ideas más esenciales en el espacio más breve posible.

El reto fue éste: “usted”, me dijo una persona inteligente, “ha escrito que tiene creencias religiosas, explique ahora el por qué ha escrito también que es una lástima que se hayan perdido esas creencias en nuestros tiempos”.

Acepto el reto y escribo lo que sigue.

Comienzo por reconocer que hay una situación de creciente secularización. Esto significa que la religión predomina menos que antes y que ahora ella es una de varias opciones, una que en muchas ocasiones se ve con desdén.

Mi opinión es que esta secularización es dañina para todos. Explico mis razones.

La autoridad moral de las religiones, una vez perdida, produce un efecto colateral negativo: el crecimiento del poder estatal, que se adentra en lo moral y determina por medios políticos lo que es bueno y lo que es malo.

Sin el contrapeso de la religión, la libertad es regulada por el gobierno y eso lleva a tentaciones totalitarias y a vaivenes morales. La libertad, en medio de esto, pierde dirección.

Muchos de mis amigos defensores de la libertad han descuidado este aspecto. Defienden a la libertad como un valor en sí mismo y tienen razón, lo es.

Con esto, critican a la democracia, la que es un simple instrumento, y nada más que eso, para cuidar a la libertad de los excesos de gobierno. Pero la libertad en sí misma es al final de cuentas una valiosa circunstancia para decidir hacer.

Lo que me preocupa es ese algo que se decide hacer. Y entonces entiendo a la libertad como la oportunidad personal para hacer lo bueno y evitar lo malo, por decisión propia y autónoma.

De allí que se necesiten guías, normas, principios, como usted quiera llamarles, que nos señalen caminos. Sería absurdo que cada persona tuviera la capacidad para desarrollar una escuela ética razonable.

Muy bien, la conclusión me parece obvia, la libertad necesita preceptos que orienten las decisiones libres. También es obvio que el asunto ahora es de dónde salen esos preceptos o guías.

Pues bien, una de sus fuentes, la más importante, es la religión. Sin esta fuente de mandatos o normas morales, la libertad perdería criterios para su uso. No es mío este razonamiento, es de Tocqueville (1805-1859), el famoso escritor francés.

Voy un poco más allá. El Cristianismo, por ejemplo, afirma que los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza del mismo Dios. Yo, que creo eso, no puedo sino actuar de manera congruente con esa creencia, que me lleva a valorar a todas las personas por igual sin distinción.

Más en detalle, me lleva a ver el mérito de la caridad privada y el demérito en el estado de bienestar. Lo que me lleva a reprobar el aborto y el libertinaje sexual, y el asesinato y el robo.

Sin esas guías se corre el riesgo de perderse, de estar desorientado, de no saber qué hacer con la libertad.

Porque valoro el mérito de optar por lo bueno en libertad, es que tengo que aceptar que decidir lo malo es irremediable en nuestro mundo y que quien quita libertades, quita también mérito y aprendizaje personal.

Una sociedad en la que existan creencias religiosas es una en la que se cultiva la responsabilidad personal, las visiones de largo plazo y el desarrollo de la conciencia.

Una sociedad en la que no existan esas creencias es una en la que el gobierno fomenta la irresponsabilidad personal, la visión hedonista del corto plazo y las conciencias se anulan haciendo que las personas se vean unas a otras como instrumentos de satisfacción propia.

Forzado a responder, digo que quienes defendemos a la libertad en contra del gobierno excedido de las izquierdas, vamos por buen camino defendiendo así a la naturaleza humana.

Digo también que quienes defienden a la libertad sin ver la necesidad de una fuente de moral y de ética como la religión, extravían su camino y corren el riesgo de destruir eso que con tanto ardor defienden.

Un ser humano, en libertad, no puede sostener esa condición a la larga sin la ayuda de la religión. Una que le dé perspectiva y sentido a su vida, y oriente sus decisiones y acciones.

Post Scriptum

Otra manera de explicar esto, el la de los Reemplazos de Dios: el creer posible que podemos vivir sin creer en Dios, que lo podemos substituir con una creación humana.

Donde esa sustitución suceda, se crearán sociedades como las producidas por el Comunismo y el Nazismo. Es lo que ha sucedido en la URSS, China, Cuba, donde sea que el materialismo triunfe. En Occidente esto sucede gradualmente coincidiendo, sin que eso sea accidental, con el avance del poder del gobierno.

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