Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Periodismo de Acusación
Eduardo García Gaspar
28 agosto 2012
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son noticias de cierto tipo. Son las que reportan acusaciones serias.

Son dadas a conocer como eso, acusaciones de lo que usted quiera. La noticia está en la acusación, concreta y grave.

La noticia no está en las pruebas, sino en eso, en la acusación.

Un tema que bien vale una segunda opinión.

Tomemos una reciente. Una coalición de partidos, el Movimiento Progresista, acusa al gobernador del banco central en México de un acto fraudulento.

Alterar registros de transferencia de fondos con la idea de dar recursos a un partido opositor, el PRI. Dice, al tiempo que lanza la acusación. que presentará la demanda la semana que viene.

Esa coalición presentó hojas impresas que, dicen, prueban tal desvío de fondos. No hay en el reportaje reproducción de las pruebas. Total que tenemos una de esas noticias que consisten en una acusación concreta y grave, en la que las pruebas no existen, o no han sido valoradas.

Sin embargo, se reporta la acusación. Vayamos a otra instancia más clara. Suponga usted que un político acusa a otro de ser drogadicto. Lo dice sin rodeos, lo asegura dándolo como un hecho. ¿Qué hace usted como reportero?

Dos caminos se abren. Puede reportarse la acusación y hacerla noticia: “Fulano acusa a Mengano, es drogadicto”. O, la otra y mejor, puede solicitarse a quien acusa que presente pruebas. Si no lo hace, no se reporta la acusación.

Es un terreno resbaladizo, nada claro. La política está llena de acusaciones entre gobernantes. Acusaciones de todo tipo. Las obvias y generales, son el pan de todos los días. Yo me refiero más bien a las acusaciones concretas, directas y específicas.

Como una no hace poco, cuando una persona de un partido opositor acusó al presidente mexicano de ser alcohólico. O como ésta, de alterar documentos de transferencias bancarias.

No me refiero a las acusaciones genéricas, sino a las precisas y graves, esas que reclaman pruebas válidas, no especulaciones personales. Piense que usted es el reportero a quien un actor de cine dice que otro cierto actor sufre bulimia.

Si usted vive de armar escándalos, la noticia es fantástica. Usted la pública y se arma la discusión buscando la reacción de la otra parte, la que quizá sea otra acusación sin pruebas, que generará un nuevo reportaje.

Pero si usted, el reportero, piensa las cosas siquiera un poco, le pedirá pruebas a quien acusa, o las buscará usted. Si no encuentra nada convincente, se olvida de la acusación y nada se publica. Pero si usted tiene pruebas válidas, seguramente las publicará. Ya no es una acusación lo reportado, sino una realidad. Algo muy diferente.

Todavía más. Digamos que usted tiene pruebas convincentes de que ciertas personas pudieron estar involucradas en un acto de corrupción que alguien le reveló.

Por mero sentido común, le conviene hablar con los involucrados y avisarles que al día siguiente publicará eso, y pedirles su punto de vista. De esta manera, su periodismo ya no es de acusaciones, sino de búsqueda de la realidad. También algo muy diferente.

En fin, que los lectores tenemos frente a nosotros algunos reportajes que buscan y se regodean en acusaciones lanzadas entre personas, donde las pruebas no se piden ni se evalúan. Todo lo que se persigue aquí es presentar escándalo y alborotOp.

Y, por desgracia, se da entrada a las acusaciones infundadas que lastiman a quien el acusador pretende dañar.

Es decir, el medio se vuelve una herramienta que usa a su antojo el político que acusa. Pocas cosas tan preciadas para un político que un reportero o un medio que no le exige probar nada de lo que dice, que es un simple repetidor de lo que afirma. Y los hay, conscientes de eso o, por pereza, involuntarios.

En cambio, el reportero o el medio que hace preguntas, que exige pruebas, son los mayores enemigos que un político pueda tener. No los verá como lo que son, cautelosos buscadores de realidades, sino como enemigos personales que se atreven a dudar de lo que él dice. Para ser de estos se necesita valor.

Dije que el terreno es resbaloso. A diario hay acusaciones lanzadas entre políticos. No todas son del calibre suficiente como para pedir pruebas tangibles y validarlas antes de publicarlas. Pero toda acusación debe ser seguida de la solicitud del reportero: “¿quiere usted decir qué pruebas tiene?”

Post Scriptum

Si usted es el conductos de un noticiero de radio y entrevista a una persona que asegura que el presidente es alcohólico, pero no presenta más pruebas que sus propias palabras; usted tiene dos alternativas extremas, entre las que hay opciones intermedias:

A. Usted toma como verdadera la acusación, la hace suya conviertiéndose en un segundo acusador y exige públicamente que el presidente demuestre que no es alcohólico.

B. Usted escucha la acusación, la valora como grave y exige pruebas sólidas que el acusador no tiene, lo que le lleva a rechazar la acusación verbalmente a su auditorio.

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