Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felicidad Expansiva
Eduardo García Gaspar
1 noviembre 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La noticia tuvo dos facetas. La primera fue la obvia y natural.

La de causar risa, pena, crítica general. Fue una ocasión para el sarcasmo.

La segunda faceta no fue ya tan obvia.

Empecemos por la primera, la del Viceministerio de la “suprema felicidad social del pueblo”.

El presidente heredero de H. Chávez, en Venezuela, dijo, “He decidido crear el despacho de viceministro, y lo he llamado así en honor a nuestro comandante (Hugo) Chávez y a nuestro Bolívar, para la suprema felicidad social del pueblo venezolano”.

La ocasión es preciosa, incluso en medio de sucesos políticos que presentan a diario motivos de crítica y burla. Los gobernantes no tienen acostumbrados a cosas como ésta, pero Maduro creó algo que no puede desperdiciarse. Desde luego, hizo recordar a George Orwell y su novela, 1984.

Pasados los días, el asunto se aquieta y da la oportunidad de una segunda opinión. La noticia, como fue reportada, tiene un dato importante. Dice el reporte:

“El despacho se encargará de las distintas exigencias, reclamos y necesidades de la población y las misiones, ‘y de atender a los viejitos y viejitas y niños y niñas, para atender a lo más sublime y amado del pueblo revolucionario’”.

En fin, la nueva oficina de gobierno es una que va a coordinar programas de ayuda a la gente. En el idioma chavista, “se va a coordinar estas misiones” de las que se tendrá información “en tiempo real” (en serio). Aquí está la clave del tema. La real clave y ya no es para echarse a reír.

Lo que Maduro ha hecho es un simple movimiento burocrático de reorganización al que le ha puesto un nombre muy gracioso. Pero quite usted el nombre a ese nuevo viceministerio y la noticia pierde su gracia. Podría suceder en cualquier parte, en cualquier gobierno.

La reestructura burocrática es una simple concentración de programas de ayuda bajo un único responsable. En el caso Venezolano, Rafael Ríos. En otras partes la persona será distinta, pero no el fondo.

Vea usted a su alrededor y verá que el gobierno tiene una enorme cantidad de programas de ayuda: pensiones, seguro de desempleo, reparto de alimentos, medicina gratuita, becas, transporte barato, escuelas gratuitas, casas financiadas. Lo que usted quiera.

El gobierno de cualquier país, por tanto, podría hacer lo mismo que Venezuela, el centralizar los programas en una unidad burocrática. La variable sensible sería la del buen gusto de no usar la expresión “suprema felicidad del pueblo”. Usarán otras, como “secretaría de desarrollo social”, o “ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad”.

Mi punto es que lo sucedido en Venezuela y lo que pasa en otros países es igual en el fondo. La única diferencia es la ingenuidad del vocabulario de Maduro, eso de la “suprema felicidad”. El resto es igual y no es cosa de risa. Es el gobierno haciéndose cargo de la felicidad de usted y de la mía y de la de todos.

México, por ejemplo, bajo la presidencia de Peña Nieto ha lanzado la pensión universal y el seguro de desempleo. La continuación lógica de su antecesor, con la cobertura médica universal. Si en el país reunieran los programas de ayuda en una sola dependencia de gobierno, no le pondrían “de la felicidad”, por miedo a bromas, pero sería lo mismo.

Esto es lo que nos lleva a un fenómeno universal y de todos los tiempos: los gobiernos tienen una tendencia natural a expandirse y crecer más allá de sus funciones naturales y lógicas. En otras palabras, los centros de poder están inclinados, por su propia naturaleza, a crecer.

En nuestros tiempos, esa expansión gubernamental se conoce como estado de bienestar y se sufre en todas partes. Los EEUU, por ejemplo, la padecen ahora con el ObamaCare. En México, ahora se pasa por la expansión de derechos constitucionales.

Bajo diferentes nombres, con distintas modalidades, el padecimiento es universal. Antes, hace siglos, eran las conquistas de territorios y pueblos cercanos, ahora son los deseos de hacer felices a los ciudadanos. En el fondo, lo mismo, ese ensanchamiento del poder del gobernante.

Maduro, por supuesto, muestra una ingenuidad política que sirve de motivo a burlas y chistes, algo que muestra la perspicacia de Orwell. El resto, ya no ingenuos, tienen sin embargo, la misma mentalidad, la de dilatarse hasta abarcarlo todo y hacerlo con malicia, hablando de derechos sociales.

Sí, en la primera reacción ante la noticia, hay motivos de risa. Pero en la segunda, hay motivos de preocupación. La ruta del estado de bienestar, de la expansión gubernamental, siempre termina con el sacrificio de la persona por el bien del gobierno… y eso es perder todos los derechos personales.

No se ría, su gobierno en su país también tiene un ministerio de la felicidad del pueblo, aunque no tenga ese nombre.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Estado de Bienestar.

La expansión gubernamental, da pena decirlo, suele recibir apoyos ingenuos. Por ejemplo, en México, se reportó que 58 intelectuales dieron su apoyo a la reforma fiscal mexicana (que expande el tamaño del gobierno e implícitamente le produce un déficit mayor).

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