Los excesos de la sobreprotección gubernamental de las personas. El síndrome del gobernante convertido en nana protectora del ciudadano al que considera un menor de edad al que consiente, cuida y debe sobreproteger.

12 minutos

Introducción

Esta columna propone la existencia de un síndrome de sobreprotección gubernamental del ciudadano. Una tutela excesiva del gobierno dirigida a sus gobernados, a los que resguarda y ampara, retirando responsabilidades personales.

Sobreprotección infantil

«La sobreprotección se suele definir como proteger o cuidar en exceso a los hijos y puede mantenerse desde los primeros meses de vida, hasta el resto de la misma. Los niños sobreprotegidos no asumen responsabilidades ni desarrollan sus capacidades porque no les dejan los mismos padres». salud180.com

📌 Así como existe el problema del cuidado exagerado de los hijos de todas las edades, se propone aquí que en la política también se sufre una situación de resguardo excesivo de las personas. La sobreprotección gubernamental del ciudadano.


«Cuando el gobierno asume la responsabilidad de la gente, entonces la gente ya no se hace responsable de sí misma».

— G. Pataki

Narrativa maternal de la sobreprotección política: los derechos aumentados

La sobreprotección gubernamental tiene su narrativa, una historia que intenta demostrar bondad.

Un ejemplo muy bueno de la narrativa del estado de bienestar se encuentra en un texto de un instituto público mexicano (el Instituto Federal Electoral, el enlace ya no es vigente) y que cuenta la historia de la manera siguiente:

«[…] la ampliación de los derechos civiles y políticos a capas cada vez más amplias de la población, como los analfabetas, los asalariados, los campesinos, los grupos étnicos, los jóvenes y las mujeres, presionó para que el Estado, originalmente mínimo, se ampliara para dar respuesta a las demandas que formularon esos grupos, que ya eran otras que la simple protección de la propiedad, como lo querían los grupos pudientes. 
Así nació el Estado social: Si el núcleo de la doctrina liberal es la teoría del Estado mínimo, la práctica de la democracia […] ha llevado a una forma de Estado que ya no es mínimo, aunque no es el Estado máximo de los regímenes totalitarios».

El breve relato es llamativo. Parte de una base, la de los derechos ampliados.

Es decir, el aumento del número de derechos. Y esos derechos más numerosos puso presión al gobierno para que también se ampliara. La relación establecida es clara: más derechos es igual a más gobierno.

¿Qué grupos hacen esas demandas al gobierno?

La narrativa de la sobreprotección gubernamental habla de analfabetas, asalariados, campesinos, grupos étnicos, jóvenes y mujeres. Una parte importante de su historia.

No son todos los que demandan esos derechos más numerosos, sino algunas colectividades nada más.

Y el resto de la narrativa explica la modificación del gobierno, el que ya no es un gobierno reducido, sino otro mayor, al que califica de «social». Y de inevitable.

El punto de arranque de la narrativa es el aumento del número de derechos. Esta es la justificación de la sobreprotección gubernamental. La ampliación de derechos ha sido justificada como una modernización.

En busca de la felicidad de los hijos-ciudadanos

La narrativa del estado benefactor está sustentada en una base muy clara: la creación de una lista creciente de reclamos que solo puede otorgar un proveedor único, el gobierno (sin atención a los costos de tales servicios).

📌 Esos derechos culminan en una meta final, la felicidad del ciudadano. Los gobiernos deben asumir esa responsabilidad que resume la satisfacción de todas las demandas y todos los derechos.

Una muestra de no hace mucho, la apertura del Viceministerio de la «suprema felicidad social del pueblo». El presidente heredero de H. Chávez, en Venezuela, dijo, «He decidido crear el despacho de viceministro, y lo he llamado así en honor a nuestro comandante (Hugo) Chávez y a nuestro Bolívar, para la suprema felicidad social del pueblo venezolano».

La noticia, como fue reportada, tiene un dato importante. Esa oficina se encargará de las varias peticiones, exigencias y necesidades de la población «y de atender a los viejitos y viejitas y niños y niñas, para atender a lo más sublime y amado del pueblo revolucionario».

Efecto de la narrativa

La estructura de la sobreprotección gubernamental del ciudadano es una concentración de programas de ayuda bajo un único responsable, los gobernantes que ahora tienen la facultad de hacer felices a los ciudadanos satisfaciendo esos derechos crecientes.

La situación hasta aquí puede ser vista esquemáticamente:

  • Los ciudadanos tienen demandas y derechos que exigen sean satisfechos.
  • El gobierno asume la responsabilidad de esas exigencias y las convierte en un objetivo general: hacer felices a sus gobernados.
  • El traslado de responsabilidades de las personas al gobierno, el que se hace ahora cargo de cuidarlas y protegerlas de todo lo posible.
  • El gobierno crece y aumenta su responsabilidad hasta el punto de tener que lograr la felicidad de sus gobernados.

«La real libertad de cualquier persona siempre puede ser medida por la cantidad de responsabilidad que ella asume para su propio bienestar y seguridad».

— Robert Welch

Sobreprotección gubernamental

Ese es precisamente la situación que define a la sobreprotección gubernamental de los ciudadanos: el gobierno ha asumido la responsabilidad de hacerlos felices satisfaciendo sus demandas y exigencias a las que interpreta como derechos.

Una historia de felicidad buscada

Las palabras de Billy Sunday fueron más famosas mucho después de haberlas dicho al entrar en vigor La Prohibición en 1920 en los EEUU. Dijo él que:

«El reino de las lágrimas ha terminado. Los barrios bajos serán pronto un recuerdo. Convertiremos a nuestras prisiones en fábricas y a nuestras cárceles en graneros y molinos. Los hombres caminarán erguidos ahora, las mujeres sonreirán y los niños se reirán. El infierno estará en renta para siempre». old-post-gazette.com

Queriendo tener a una sociedad feliz se prohibieron las bebidas alcohólicas. El gobierno sobreprotegió al ciudadano quitándole la responsabilidad de beber con moderación y la asumió él con esa medida.

Protección y sobreprotección

Es parte de las funciones de gobierno la protección básica del ciudadano, su persona, sus propiedades, e intereses. Es lo que se conoce como seguridad contra el crimen y servicios conexos de policía y tribunales.

Esto suele ser complementado con la llamada protección civil — definida como «un conjunto de actividades que, con apoyo gubernamental, se aplican en la mayoría de los países que tienen como objetivo apoyar a las poblaciones que habitan en zonas vulnerables para hacer frente a los desastres naturales o de carácter antrópico».

La protección de gobierno, determinada en los dos anteriores niveles, tiene sentido y puede verse como algo razonable. Es cuando esta frontera se rebasa que surge el síndrome de la sobreprotección estatal.

📌 Este síndrome de sobreprotección gubernamental suele expresarse en la frase de un Estado que cuida al ciudadano desde la cuna hasta la tumba retirándole responsabilidades personales. Es la situación en la que el ciudadano no tiene ya responsabilidades personales y, por tanto, exige al gobierno que él las asuma.

Ejemplos

Existe el síndrome de sobreprotección gubernamental en los casos de La Prohibición de la guerra a las drogas, de impuestos para combatir a la obesidad, regular el número de hoyos en los saleros, de regulación de empaques, prohibiciones de fumar y similares.

Esas medidas tiene su clímax en el establecimiento de servicios estatales de salud, de educación, de pensiones, leyes laborales sesgadas, protección en alquileres, créditos blandos, subsidios, aranceles, ayudas a madres solteras, seguro de desempleosalarios mínimos, control de precios, reparto de condones y otras prácticas similares.

Todas ellas inspiradas en la filosofía de un gobierno que tiene la obligación de remediar cuanto problema se presente en la vida de sus ciudadanos —porque su responsabilidad ya no es de protección, sino de  logro de felicidad.

Síndrome de sobreprotección gubernamental

Él existe cuando los gobiernos retiran de las personas responsabilidades personales y se hacen cargo de ellas, creyendo que eso logra la felicidad de sus gobernados. Es la misma mentalidad de los padres que hacen ellos los deberes escolares de sus hijos.

En un mundo imperfecto resulta absolutamente lógico que existan problemas, muchos de ellos considerables. Siempre existirán esos problemas, de una naturaleza u otra y atenderlos es una obligación.

Subsidiariedad

El centro del asunto es quién los puede y debe atender, para lo que existe una solución razonable —la del principio de la subsidiariedad: aquel que teniendo la capacidad para hacerlo se encuentre más cercano a la situación concreta.

Bajo ese esquema, el gobierno es el último de los recursos a usar y eso es lo que ha cambiando el síndrome de la sobreprotección estatal, el que establece que el gobierno debe ser el primero es dar solución a problemas de los ciudadanos.

Algunos de esos problemas son concebidos por personas que los narran como asuntos de protección y cuidado. Como la protección del consumidor, la del trabajador, de las madres solteras, de los ancianos y demás.

Igualmente los narran como protección contra actos y decisiones de la persona misma.

Eso significa protección de dos tipos. El de protección contra actos de terceros, que es concebida como protección de un grupo frente a otro grupo opresor; y el de la protección contra actos propios como la protección contra la bebida, la comida. o las drogas.

Las personas que conciben a los problemas de la sociedad como un asunto de protección operan bajo un marco mental que entiende a los gobiernos como agencias de servicios de protección o terapia.

File:NuevoEtiquetadoMex ohs01.jpg«File:NuevoEtiquetadoMex ohs01.jpg» by PetrohsW is licensed under CC BY-SA 4.0

Una agencia de protección general

Este es el síndrome de la sobreprotección estatal, el de gobiernos con funciones de protección que soluciona problemas personales agrupados en colectividades. Y retiran buena parte de la responsabilidad individual.

Un ejemplo es el de la obesidad, una condición biológica producto de las decisiones propias de la persona que ha decidido comer en exceso y que trata de resolverse por medio de impuestos adicionales a ciertos alimentos, lo que se piensa reducirá su demanda. La autoridad convertida en terapista nutricional.

📌 En las entrañas mismas de este fenómeno está la idea de convertir a la autoridad política en un servicio de protección personal que sustituye las decisiones personales con las gubernamentales. Como impedir fumar dentro de propiedades privadas, o prohibir el consumo de ciertas sustancias.

La actividad sexual es un caso especial de este fenómeno, donde la autoridad política se vuelve un proveedor de servicios que tratan de resolver sus consecuencias, ofreciendo condones, anticonceptivos, abortos.

Traslado de responsabilidades

Es un fenómeno de conversión de los gobiernos en agencias de servicios de protección/terapia ciudadana, a las que se acude exigiendo que ellas resuelvan problemas que podrían ser atendidos por las personas.

La protección ciudadana en contra de actos criminales, como robos, se ha expandido a actos como el comer, ahorrar, tener sexo, estudiar, beber y demás. Decisiones en las que el ciudadano ha perdido libertades para decidir por sí mismo, adjudicándose esas responsabilidades la burocracia.

Esto lleva incluso hasta la imposición de los planes de estudio en las escuelas, bajo la idea de proteger a los hijos de las malas decisiones que podrían tomar sus padres.

La paradoja

La gran mayoría de las personas, seguramente todas, desaprueban la sobreprotección de los hijos. Ella produce infantes caprichosos, consentidos, mal educados, irresponsables, que son incapaces de reconocer responsabilidades.

Basta imaginar a la madre de un estudiante de universidad que ha reprobado un curso y ella va con el profesor. Le explica que su hijo pasa por un mal período, que cortó con la novia, que se siente presionado por la vida, que lo disculpe, que le suba la calificación para lograr el pase.

O al padre que compra al hijo cuanto juguete existe, porque si no lo compra el chiquillo se pone a llorar y patalear, y que llegando a los 16 años, le compra un convertible de lujo.

O el caso de los padres que compran a la hija ropa de marca porque ella se siente mal con sus amigas si no la lleva.

Si lo anterior es cierto, resulta sorprendente que la sobreprotección sea aprobada en otra situación. No solo aprobada, sino aplaudida y alabada.

Ahora hay que imaginar que son los padres los sobreprotegidos. Alguien más los protege en demasía: les quita responsabilidades, hace las tareas en su lugar, les regala lo que piden, los cuida en exceso, cumple con sus caprichos.

¿Qué efectos tendría eso en los padres? Los mismos que se producen en los hijos.

Si la sobreprotección de los hijos los torna en seres irresponsables, parece razonable que el mismo efecto se tenga en los padres si alguien les da el mismo tratamiento de sobreprotección.

Serían ahora los padres quienes terminarían siendo mal educados, vanos, irresponsables, perezosos, egoístas, libertinos.

¿Puede alguien sobreproteger a los padres? Sí, puede alguien hacerlo. Podría tenerse el caso de, por ejemplo, el abuelo extremadamente controlador que toma las decisiones por los demás y los cuida de lo malo que realizan.

Conclusión

Ha sido propuesta la idea de la sobreprotección gubernamental del ciudadano. Es una situación en la que el gobierno se adjudica responsabilidades que deberían ser atendidas por las personas mismas, no por la autoridad.

Dos consecuencias graves tiene esto.

Por un lado, se crea un gobierno grande, caro e ineficiente, que consume más recursos de los convenientes.

Por otro, se crea una ciudadanía pasiva, sin disciplina, caprichosa, que carece de fibra moral.

Ambas consecuencias, a su vez, producen otra, una sociedad endeble, presa fácil de gobiernos autoritarios que implantan proyectos fantasiosos y frenan la prosperidad.


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[Actualización última: 2021-12]

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Más de cuatro décadas de escribir columnas de opinión y análisis políticos en periódicos y en línea. Autor de tres libros.