Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es la Variedad
Eduardo García Gaspar
27 mayo 2014
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Lo hacemos a diario. Todos lo han hecho. androjo

Sucede desde el inicio de la humanidad. Es tan obvio que se olvida. Es el tomar decisiones.

El hacer cosas. Y eso tiene algo que poco notamos: cada decisión es una renuncia.

Sucede desde que despertamos. Si comemos una manzana, eso quiere decir que renunciamos a comer otra fruta. Si comemos pan con mantequilla, renunciamos a comer pan dulce. Si vemos un partido de futbol, renunciamos a hacer todo lo demás que podíamos hacer.

Si se compra un disco, se renuncia a todo lo demás que podía haberse hecho con ese dinero, incluyendo dar ese dinero a una obra de caridad o bien a comprar una botella de ron.

La idea es real: cada acto que realizamos es una renuncia al resto de posibilidades que tenemos.

La pregunta que sigue es por qué realizamos ciertas acciones cuando podíamos haber hecho otras cosas. La respuesta es obvia: porque queremos eso más que las otras cosas.

Eso lo decidimos en la mente y lo realizamos en la práctica, es algo que puede verse, por ejemplo, cuando entramos a un cine.

Nos mueven las cosas que queremos y que colocamos en primer lugar de preferencia en un momento determinado. Por eso, el agua es lo primero para el sediento en un desierto y muy poco para un tipo en la ciudad.

Es decir, la situación en la que estamos tiene una gran influencia en lo que decidimos hacer.

¿Es obvio y aburrido? Por supuesto, pero nos lleva a cosas en las que no suele pensarse. Sigamos.

Primero, con el número de decisiones diarias por persona. Digamos que cada una toma cientos de decisiones diarias. Supongamos arbitrariamente que sean 200 al día. En una ciudad con un millón, son 200 millones diarias. Ahora multiplique y llegue al total anual.

La cantidad es enorme. Imagine un país con 30 o con 300 millones. Los números son abrumadores.

Segundo, incluyamos las circunstancias de cada decisión: cambiantes en cada persona y sujetas a la evaluación personal. Una evaluación que se realiza en el momento de realizar la acción.

Tenemos, por tanto, complicaciones causadas por la cantidad masiva de decisiones y, más aún, por la evaluación subjetiva de las circunstancias. Cosas tan simples como encontrar naranjas en rebaja, o tan complejas como un aniversario de bodas.

Tiene usted ahora una misión, la de diseñar el sistema que mejor satisfaga a las personas bajo las condiciones reales anteriores. ¿Qué hacer? Hay varias opciones por supuesto, pero…

La verdad es que no hay manera de diseñar ese sistema que maximice satisfacción si el sistema se basa en recolectar la información de lo que la gente quiere. La razón: la gente no puede anticipar lo que querrá en cada momento, porque no puede pronosticar las circunstancias. Ni modo.

Usted se tiene que volver creativo y pensar en otras maneras de hacerlo. Por ejemplo, pensar en una cosa obvia: cuantas más opciones tenga la persona mejor para ella. Un ejemplo mexicano: en cuanto a gasolina hay una opción (y eso es malo), pero hay cientos de opciones de cervezas (y eso es bueno).

La primera clave es clara: si no puede anticiparse lo que la gente quiere, sí puede concluirse que cuantas más opciones existan para cada decisión, eso será mejor para todos.

Con una adición: cuanto menor sea el costo de cada opción, mejor será para las personas.

Es como una estrategia general para mejor vivir: elevar el número de posibilidades o alternativas de medios para que entre ellas cada persona seleccione la que más le convenga. Por ejemplo: más productoras de gasolina, o más escuelas distintas, o más supermercados…

Eso quiere decir, si seguimos la lógica de la estrategia, que debe tenerse un aumento de productores de esas posibilidades.

O, visto desde el otro lado, la disminución de alternativas (y de productores) afecta negativamente las probabilidades de vivir mejor.

No es gran ciencia la que se necesita para llegar a esas conclusiones. Es la misma mentalidad que guía al principio de diversificación de riesgos. Mero sentido común.

Ahora, lo que llama la atención es que sabiendo estas cosas, se haga lo opuesto creyendo que es mejor reducir las alternativas de selección para las decisiones de las personas. Un ejemplo notable es Pemex, el monopolio estatal de petróleo y que obliga constitucionalmente a las personas a comprar gasolina a un solo proveedor.

Ese caso y otros como él son realmente llamativos porque van en contra del sentido común y de la lógica que defiende la mejor vida de la gente. El por qué sobreviven esos casos es un caso digno de estudio.

Post Scriptum

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