Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos: Incentivos Indecentes
Eduardo García Gaspar
13 enero 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


No es un asunto complejo. Basta detenerse un poco, quitarse de encima los detalles y ponerse a pensar. androjo

Por ejemplo, el asunto de los impuestos.

En México, se emitió una nueva serie de disposiciones fiscales.

Ellas pretenden hacer llegar más dinero al gobierno.

Por supuesto y, antes que nada, no es sorpresa. Era de esperarse. Lo realmente sorprendente hubiera sido lo opuesto, reducirlos.

La tendencia es siempre la misma, la de elevar impuestos y el pretexto es siempre igual, se necesita y es por el bien del país. Interesante mentalidad que debe examinarse.

¿Por qué necesita más dinero un gobierno? La causa de fondo es admirablemente simple: porque se ha adjudicado más responsabilidades y necesita fondos para cumplirlas.

Es la diferencia entre un sistema socialista y uno liberal. En éste último, los gobiernos necesita ingresos mucho menores y tienen impuestos bajos.

Muy bien, no le llamemos socialista, sino intervencionista, de bienestar, lo que usted quiera. Pero la esencia es igual. Necesita ese tipo de gobierno más dinero.

En México, por ejemplo, para la pensión universal, para el seguro de desempleo, para la publicidad gubernamental, para pagar la burocracia que sigue creciendo, para repartir condones, para pagar maestros en huelga.

La situación es clara. Se trata de una transferencia de recursos que van de los bolsillos de personas comunes a los cofres gubernamentales.

Las críticas a los impuestos tiene sus argumentos sólidos, como la eficiencia en el uso de recursos, el riesgo de corrupción y muchos más, incluyendo la ridícula idea de que aumentar los impuestos es una forma de prosperar.

Lo que bien vale una segunda opinión es, sin embargo, una faceta poco examinada al tratar esta cuestión. Los impuestos no son proporcionales, los pagan unos más que otros.

No siguen el principio de la igualdad. Al contrario, son sesgados, están dirigidos a segmentos específicos. Unos pagan más que otros, mucho más.

En este sentido son injustos al violar la igualdad entre personas. Bastaría esto para cambiar y reducir la estructura fiscal de cualquier país. Pero hay más: en lo general son pagados por quienes más ganan, una curiosa manera de castigar el trabajo.

Cuanto más éxito se tiene, cuanto más ingreso se recibe, más se padece la carga impositiva. No hay manera de creer que esto producirá prosperidad.

La cosa no se queda allí. Con los recursos recibidos, el gobierno suele premiar lo opuesto al trabajo y el esfuerzo y el ahorro, al dar ayudas a quienes hacen su negocio el vivir del presupuesto gubernamental. Los sindicatos gubernamentales son un ejemplo brillante.

Visto de manera general, los impuestos castigan el trabajo y premian la holganza. Mucho me temo que no hay manera de poder justificar que esa forma de hacer las cosas puede producir prosperidad. Al contrario, en el mejor de los casos mantendrá el estado de cosas y muy posiblemente lo empeorará.

Es decir, los impuestos están dirigidos a un segmento de la sociedad el que en lo general es el que trabaja, ahorra, toma riesgos, abre empresas, innova, crea y adopta tecnologías. Son estímulos negativos al esfuerzo. Pero también, los impuestos crean incentivos positivos a quien no hace nada de eso.

Los impuestos elevados alimentan el crecimiento de la burocracia, que nada crea. Sirven de sostén a grupos que se alimentan del presupuesto público, como sindicatos, organizaciones no gubernamentales, grupos de presión y segmentos sustanciales de personas que reciben dádivas a cambio de votos.

Hasta aquí, puede verse con facilidad el efecto perverso de los aumentos de impuestos: desmotivar en trabajo y motivar la dependencia. No hay manera creer que eso permitirá un mejor país.

Pero hay algo más. En medio de quien sufre incentivos negativos a su esfuerzo y de quien goza de incentivos positivos a su pasividad, hay una entidad que aumenta su poder.

El gobierno crece a costa del decrecimiento del segmento productivo y crece también mediante la dependencia que crea entre quienes reciben sus dádivas.

El sistema creado es uno en el que se premia la dependencia gubernamental: si no eres productivo, si no te esfuerzas, si aceptas mis ayudas, vivirás bien. Pero si eres independiente, si quieren tener éxito por tu cuenta, entonces tendrás que darme buena parte de lo que ganas.

Por supuesto, el sistema que conviene es el opuesto, el de permitir gozar de los resultados del trabajo propio. Cuanto más se haga eso, más personas habrá que lo intenten y el resultado acumulado será prosperidad general, incluso para quienes no se esfuercen tanto.

El creer que por medio de los impuestos se pueda mejorar la economía de un país es una de las ideas que desafían explicación.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Incentivos.

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