Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Sistema Sin Jefe
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Nadie sabe cómo hacerlo. Cómo producirlo desde el principio. androjo

Y, a pesar de eso, existe. Es una de las cosas más comunes de la vida.

Una muestra de un sistema que funciona muy bien.

Tan bien que no nos damos cuenta de lo que hace.

Piense usted en un lápiz. “Ninguna persona vida sabe cómo hacerlo”, escribió D. Friedman, el abogado-economista.

Es cierto. Es un sistema bastante refinado el que lo produce en diferentes partes. Más aún, hay otro proceso adicional, el que hace parte por parte las máquinas que a su vez producen el lápiz.

Y, más todavía: la gente y las máquinas que hacen las máquinas que hacen otras máquinas que hacen el lápiz. Esto se llama profundización del capital. Un sistema con diversos niveles de fondo que permiten que se llegue al punto en el que emerge producto destinado a su consumo final, como un lápiz, o una manzana, o una silla.

Una breve historia, narrada por el mismo Friedman, muestra las particularidades del sistema, pero sobre todo cómo suele entenderse de manera incorrecta.

Una cierta vez un economista estadounidense estaba de visita en China. Y en ese país se encontró con una persona. Era un oficial del ministerio de suministros y abastecimientos para la industria de ese país. El oficial chino planeaba hacer un viaje a los EEUU.

Quería conocer a sus equivalentes, a gente de gobierno responsable de abastos y suministros. Viendo lo que esa gente hacía en los EEUU quizá encontraría inspiración para mejorar los que él hacía en China.

El economista estadounidense escuchó los planes del oficial de gobierno y trató de explicarle que no había nadie en los EEUU responsable de suministros y provisiones industriales.

No había nadie con quien entrevistarse. Los fabricantes simplemente se ponían en contacto con proveedores, seleccionaban al que mejor les parecía y a él le compraban. No existía nadie del gobierno responsable de proveer materiales a la industria.

El oficial chino, se cuenta, tuvo dificultades para comprender que no había alguien como él que se responsabilizara de esa función. En su mente, me imagino, no cabía la idea de un sistema espontáneo que funciona muy bien sin que nadie lo coordine ni ordene.

Hace ya varios años, un alumno en una clase mía tuvo esa misma dificultad. Para él, la economía necesitaba ser coordinada centralmente por alguien que determinara cuánto producir de qué cosa.

Sabiendo, por ejemplo, cuántos lápices se necesitarán, el gran coordinador calcula cuánta madera se necesita, cuánto grafito, cuánta pintura, cuánto metal y demás.

Sabiendo esos datos el coordinador hace llegar los materiales al productor de lápices, hubiera dicho el alumno que así pensaba. Sí, efectivamente, pero hay algo más.

El coordinador también necesita proveer la gasolina que usará el transporte de las piezas que se usan para producir el metal con el que se producen las máquinas que fabrican los cortadores de madera que se necesita para proveer al fabricante de lápices.

La tarea resulta imposible. El gran coordinador de la economía no lo podría hacer. Incluso aunque tuviera una súper computadora. Es demasiado profundo el sistema y, la verdad, nadie conoce todo de todo.

El conocimiento que se tiene es parcial en cada paso y lo conocen las personas que lo realizan si necesidad de saber nada de los otros pasos.

El que corta la madera sabe mucho de eso, pero no necesita saber sobre los usos exactos que esa madera tiene en otros sectores de la economía. Si con la madera se hacen muebles Ikea o estilo Rococó, eso le tiene sin cuidado. El provee la madera y ya.

El punto es fácil de ver y creo que bien vale una segunda opinión. Un sistema económico que funciona sin coordinación general, sin comando central, si jefe que dé órdenes, resulta difícil de entender. Y, lo peor, resultará una tentación irresistible para quien crea que puede mejorarlo.

Mi alumno decía que sabiendo cuántas bicicletas se necesitan en el país, por ejemplo, bastaba con ordenar que se produjera ese número y así se evitaría producir de más y de menos.

No es mala idea, excepto por un problema, él no sabe cuántas bicicletas se necesitarán en un año. Imposible saber eso, mucho menos saber cuántas toneladas de metal y plástico se necesitarán para producir no sólo bicicletas sino el resto de las cosas.

Sí, no es fácil de ver. Incluso cuesta un poco de trabajo el entenderlo. Pero el sistema funciona espontáneamente muy bien sin necesidad de coordinarlo centralmente. ¿No me cree?

Piense en esto. ¿Sabe usted mismo ahora mismo qué cosas necesitará mañana, dentro de una semana, dentro de seis meses? Si usted no lo sabe, menos lo sabrá un oficial de gobierno en una oficina a cientos de kilómetros de donde usted vive.

Post Scriptum

Por mucho que se explique esto, la cabeza dura de muchos gobernantes no ha asimilado la idea. Siguen creyendo que ellos pueden hacer que mejore el sistema económico cuando ellos lo planeen. Por supuesto, el resultado de esa intervención será como poner a un elefante a armar un reloj.

La cita es de Friedman, D. D. (1996). Hidden order : the economics of everyday life. New York, NY: HarperBusiness, en cuya obra está basada parte de la columna,

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