Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derecho a Ser Escuchado
Eduardo García Gaspar
21 abril 2016
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es parte de la libertad. Una de sus varias manifestaciones.

Se es libre de pensar, de razonar, de reflexionar. Pero no solamente eso.

También se tiene la libertad de expresión, la que es simplemente sacar a la luz esas opiniones propias.

El asunto tiene lógica. Si los humanos tenemos por naturaleza propia libertad, podemos pensar lo que queramos. Pensar lo que queramos no tendría sentido sin que también lo expresemos y otros puedan conocer nuestras opiniones e ideas.

Esta realidad ha sido transformada en una expresión usual, «el derecho a opinar». Yo no lo pondría exactamente así, pero serían quizá sutilezas.

Aceptemos que existe un derecho a opinar, es decir, a tener ideas propias. Por necesidad absoluta, eso significa derecho a expresarlas, a hablar de ellas, o escribirlas.

Así, se llega a un punto propasado, desbordado, que se entiende como «derecho a expresar opiniones propias», el que se sobreexcede al ser interpretado como algo que carece de límites y que está por encima de cualquier otra consideración.

Veamos, si le parece, algunas nociones razonables que ponen un cierto yugo a ese derecho interpretado como absoluto.

• La más obvia de ellas es algo que podemos llamar responsabilidad racional. Es la tarea que tiene la persona que opina de pensar para hacer que su opinión sea fiable y sólida. Desde el otro lado, es el sentido del deber que trata de evitar tener opiniones tontas y sin sentido.

Me refiero a opiniones como esta:

«Irán dice que EE.UU. está gobernado por una raza extraterrestre: los del tipo nórdicos altos, blancos y rubios. Documentos filtrados por NSA del denunciante Edward Snowden demuestran concluyentemente que los Estados Unidos está gobernado por una raza extraterrestre, los de tipo nórdicos, altos, blancos y rubios, que también ayudaron al ascenso de la Alemania nazi en la década de 1930».

Si alguien siente tener el derecho a opinar, ello le implica la responsabilidad de pensar y razonar, intentando tener una idea fiable, creíble, sólida. No es nada más que una obligación, un deber que llama a pensar en la opinión propia y a escuchar argumentos opuestos.

• Otra noción que pone un límite al derecho a opinar es la prudencia, esa virtud de examinar las consecuencias posibles de las opiniones propias. Es una virtud propia, que la persona misma debe tener y ejercer ella misma, por decisión propia.

Recuerdo un ejemplo egregio de lo contrario: varios opositores a un cierto presidente mexicano opinaron que sería bueno asesinar a ese presidente para que el país progresara. La imprudencia es notable.

• La interpretación excedida del derecho a expresar opiniones con frecuencia lleva a la creencia de suponer que eso significa derecho a ser escuchado. Esto es una interpretación terriblemente mala porque supondría en otros la obligación de escuchar.

Esto es lo que suele escucharse :

«Toda persona tiene derecho a ser escuchada y a influir en las decisiones que afectan a su comunidad. Este derecho, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, está integrado plenamente en el derecho internacional, en particular en el artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos».

Usted y yo podemos tener nuestras opiniones, que pueden ser razonables y prudentes, pero no podemos exigirle a los demás que se sienten a escucharnos. Si lo exigimos, entonces podríamos obligar al otro a escucharnos.

En términos prácticos, nadie puede exigir a un medio de comunicación que le otorgue espacio y tiempo para incluir sus opiniones; nadie puede exigir a otros que le den espacio y tiempo para dar una conferencia en alguna universidad; nadie puede forzar a una página web a que publique sus creencias.

¿Quiere alguien dar a conocer sus opiniones? Qué lo haga con sus medios y recursos.

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Lo que he tratado de apuntar es al peligro del exceso en la interpretación de la libertad para pensar y para expresarse.

Obviamente, en un proceso judicial, la persona tiene el derecho a defenderse y eso significa, en mucho, expresarse. Claramente, la autoridad política no debe censurar alegando peligros posibles causados por las opiniones (hasta un límite supongo).

Sea lo que sea, imposible es la ambición de un mundo con opiniones siempre prudentes, razonables, inteligentes, sustentadas. Siempre estaremos expuestos a escuchar cosas como:

«¿Dónde se celebra este año el festival de Cannes? La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país».

O, peor aún, algo como esto:

«La inflación no existe en la vida real, esto es, cuando una persona va a un local y se encuentra con que los precios han aumentado, no está en presencia de una “inflación”. En realidad, lo que tiene al frente es justamente eso: un aumento de los precios, problema del cual la inflación en cuanto teoría y sentido común dominante se presenta como la única explicación posible, cuando en verdad es tan solo una y no la mejor».

Es decir, al escuchar las opiniones de los otros, también debemos ser racionales y prudentes. Quizá encontremos grandes ideas; tal vez encontremos lo opuesto.

Nota del Editor

Solo me queda apuntar lo superficial que hay en esa idea de que la diversidad de opiniones nos enriquece. Tomada así, sin calificaciones, la variedad de opiniones significaría una complejidad creciente sin resultados, a menos que se añadiera algo adicional que enriqueciera a a calidad de opiniones, no solamente a su cantidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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