Símbolo de trabajo humano
Mortero que combina ideas y trabajos

La remuneración al trabajo es el tema en común de las siguientes columnas de colaboradores del Acton Institute, a quien agradecemos el amable permiso de reproducción.

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Las reflexiones sobre la remuneración al trabajo inician con una idea de Dylan Pahman. El título original de la columna es «The cooperative magic of work».

La magia cooperativa del trabajo

«El trabajo», escribió Lester DeKoster, el teólogo reformado, «es la forma en la que nos hacemos útiles a los demás». Me gusta esta definición porque pone las cosas en una perspectiva realista y cotidiana.

Ciertamente las personas pueden trabajar solamente porque quieren un ingreso para gastar ellas mismas. Eso puede ser codicioso, pero necesitamos ser cuidadosos para no confundir a los ingresos con la codicia.

La gente trabaja para obtener ingresos, pero el beneficio en sí mismo no es bueno ni malo. Ese juicio dependería de las circunstancias en las que se obtuvo y del uso que se le dé.

Y como señala DeKoster, nuestro trabajo en sí mismo es servicio a los demás. Si no fuera de este modo, en primer lugar no nos pagarían por hacer y la mayoría de la gente no querría hacerlo gratuitamente. Es un intercambio.

Especialización

La división del trabajo es el fenómeno por el cual se puede producir más eficientemente cuanto más pueda dividirse la manufactura de los componentes individuales de un futuro producto terminado.

Adan Smith ofreció el ejemplo clásico del productor de alfileres.

«Un hombre saca el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta, un cuarto afila la punta, un quinto lo pule para para colocarle la cabeza; hacer la cabeza requiere dos o tres maniobras; colocarla es una tarea particular, cromarla es otra; es aún una fase en sí misma colocarlos en el papel; y la ocupación importante de hacer un alfiler es, de este modo, dividida en 18 operaciones, las que en algunas empresas son realizadas por manos diferentes, aunque en otras el mismo operario realizará dos o tres».

Mientras que Smith duda de que alguien sin preparación en la fabricación de alfileres pueda hacer más de uno al día, e incluso un trabajador con experiencia pudiera hacer 20 como máximo, él apunta que 10 personas que ha dividido el trabajo de esta manera produjeron «aproximadamente 12 libras de alfileres en un día».

¿Cuántos alfileres es eso? «En una libra hay más de 4,000 alfileres de tamaño mediano. Estas 10 personas, por lo tanto, podrían hacer entre ellas más de 48,000 alfileres al día».

Otra forma de pensar en esto es el poder de la cooperación humana. Podríamos decir que la división del trabajo es entonces solamente jerga económica de «trabajo de equipo».

La multiplicación

Cuando las personas trabajan juntas (literalmente), son ellas capaces de multiplicar los frutos de sus trabajos mucho más allá de lo que podrían hacer solas.

Dios nos hizo para florecer en comunión con otros. 10 personas que trabajan solas podrían ser capaces de producir 10 alfileres en un solo día, quizá si fueran realmente buenos hasta 200 (20 cada uno), pero nunca cerca de 48,000.

Es digno de señalar también que esta producción en masa no modificó en modo alguno la calidad de los alfileres producidos. A veces ese es el caso de los productos de hoy, pero no es necesariamente cierto.

En este caso, lo que hizo toda la diferencia fue simplemente dividir el trabajo necesario para hacer un alfiler en cada una de sus partes y luego así crear una sola tarea a cada persona.

Debido a que podrían hacer tantos mucho más rápidamente, podrían bajar el precio a los consumidores mientras también tener ingresos astronómicamente más altos. Es un ganar-ganar.

Nuestro mundo está lleno de ejemplos similares

Considere la producción de un libro. Si está leyendo la versión impresa, el papel proviene de árboles que fueron talados por leñadores con barba vistiendo franela roja y tirantes (como me lo imagino), convertidos en papel en fábricas, después enviados a un impresor.

De manera similar, la tinta para las palabras y la cubierta tuvo también que ser producida. Y todas las fábricas involucraras usaron herramientas que tuvieron que ser hechas en algún otro lugar, por otros, algún tiempo antes.

Todos los vehículos utilizados para transportar el capital que se convertiría en este libro tuvieron que ser producidas por personas alrededor del mundo, trabajando para proveer a sus familias y, sin saberlo, proporcionar este libro a usted.

Si usted está usando una edición electrónica, bueno, hay mucha más gente y recursos involucrados.

Casi todos los productos, todos frutos del cultivo de la creación, nos conectan con casi todos los demás seres humanos en el planeta. Y sus contribuciones colectivas hacen a este libro más asequible mientras también benefician a más personas en el proceso (¡Gracias, amigos!).

De esta manera, nuestro trabajo nos conecta con otras personas, atiende a las necesidades mediante productos y bienes, nos provee y cumple con uno de los propósitos por los cuales Dios nos hizo.

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ContraPeso.info presenta una idea de Dylan Pahman. El título original de la columna es Giving the Just Wage Its Due.

Lo merecido al salario justo

En una reciente carta al Congreso [estadounidense], 33 líderes religiosos, en conjunto con Interfaith Worker Justice (IWJ) y Faith in Public Life (FPL), expresaron su apoyo al aumento del salario mínimo federal en los Estados Unidos.

En lugar de una justificación prudente, sopesando costes y beneficios, ellos creen con firmeza que el tema es un asunto moral totalmente claro: «Impulsados ​​por repetidas advertencias de la Escritura en contra de la explotación y la opresión de los trabajadores, creemos que cada puesto de trabajo debe permitir a aquellos que trabajan mantener a una familia».

Continúan: «Para que el salario mínimo sea moral y justo, debe ser un salario familiar de vida digna. Un salario mínimo que paga al trabajador de tiempo completo $290 a la semana es injusto en una economía tan rica como la nuestra».

Por desgracia, un enfoque tan simplista del salario justo no presta la debida atención al principio de la misma justicia.

El sentimiento de la carta de los líderes religiosos es frecuente. Una declaración en febrero de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB) declaró de manera similar: «El salario mínimo federal necesita ser aumentado, no solo por la seguridad financiera de los trabajadores, sino también por su dignidad y la salud de su familia».

Tanto la carta de IWJ-FPL como la declaración de USCCB conectan al salario mínimo con el concepto de un salario digno y al salario digno a la idea de un salario justo. Por lo tanto, argumentan, el aumento del salario mínimo es necesario para asegurar un salario justo.

Pero, ¿están estos conceptos tan inextricablemente conectados?

No sólo no están necesariamente conectados; que no pueden relacionarse de esta manera en absoluto. El problema radica en centrarse en lo universal en detrimento de lo particular: un error colectivista.

📌 La justicia, en su definición clásica, es dar a cada uno lo que es debido. Un salario justo, entonces, es el salario que remunera a un trabajador teniendo debidamente en cuenta su contribución particular, necesidad y otras circunstancias.

El enfoque en un salario digno reduce este criterio a necesidad solo y, además, supone que la necesidad de cada trabajador es la misma. Pero, ¿es este el caso? No, no lo es.

Por un lado, el costo de vida es muy variable dependiendo de la localidad. Un salario digno en Grand Rapids, Michigan, por ejemplo, está muy lejos de un salario digno en la ciudad de Nueva York.

Además, si una persona es el único sostén, sostén conjunto de la familia, o dependiente de los ingresos de otras personas o de otras fuentes, cambia enormemente lo que constituye un salario digno para un trabajador concreto.

Para un adolescente dependiente de los ingresos de sus padres, un estudiante que subsiste en parte con préstamos y becas, o un jubilado que simplemente complementa sus ahorros y su Seguridad Social, un salario digno podría ser cero, pero esto difícilmente sería justo.

La USCCB, por lo menos, parece estar consciente de esta variedad, indicando, «Una cuarta parte de todos los trabajadores que se benefician de un aumento del salario mínimo federal propuesto son padres, criando a 14 millones de niños».

Continúan: «El cuarenta por ciento de los trabajadores con salario mínimo son el único sostén de su familia».

Sin embargo, dado que sólo un 25-40 por ciento en realidad necesitan un salario digno, ¿qué pasa con el otro 60-75 por ciento? ¿Por qué no abogar por una política que se dirija a este solo grupo más pequeño, en lugar de ocultar esta significativa realidad concreta?

Y ahí radica el problema: los salarios mínimos federales, e incluso los salarios mínimos estatales, tienen un carácter universal —los salarios mínimos no pueden considerar detalles como ciudad de residencia, situación familiar, u otros detalles vitales y personales requeridos por las exigencias de la justicia.

Si bien esto no los convierte en injustos per se, sí significa que es ilegítimo confundir salario mínimo, salario digno y salario justo. Más bien, lo bueno (o malo) por lo tanto está supeditado a sus consecuencias y a una cuestión de juicio prudencial.

En cuanto a las consecuencias, en contra de la afirmación de la carta IWJ-FPL de que la «[a]bundante investigación económica demuestra que el aumento del salario mínimo no hace daño a las pequeñas empresas ni causa despidos, sino en realidad estimula a la economía, mientras que saca a muchos de la pobreza», es justo decir que los economistas generalmente están divididos en el tema cuando se trata de pequeños aumentos en el mínimo.

Esto es probablemente debido a la disponibilidad de otros métodos para mitigar el aumento de los costos, incluyendo la reducción de horas de los empleados, de los beneficios no salariales y la capacitación, así como el aumento de los precios, el encontrar maneras de aumentar la eficiencia, reducir los salarios de los empleados que ganan más, o disminuir ganancias (y, por lo tanto, la inversión), entre otros, como ha señalado un estudio de salarios en favor del mínimo, centrándose en incrementos del 5 al 10 por ciento.

Pocos de estos efectos son en sí mismos positivos, y la mayoría de los economistas están de acuerdo en que los aumentos más grandes afectarían de hecho negativamente al empleo de los trabajadores de bajos salarios.

La CBO estima una pérdida de medio millón de puestos de trabajo debido al aumento propuesto por el presidente Obama de $7.25 por hora a $10.10, y que apoya la carta IWJ-FPL. Esto sería un aumento del 39 por ciento.

Un «salario digno» —sin ninguna consideración de las preocupaciones vitales anteriores— a menudo se estima como entre $12 y $15 por hora, un incremento de 65 a 107 por ciento, respectivamente.

Sin duda, la pérdida de puestos de trabajo como resultado de un cambio tan significativo sería muy superior a medio millón.

El economista Wilhelm Röpke estudió los efectos de la vinculación del salario mínimo a un salario digno estimado.

En Una Economía Humana, advierte sobre «una espiral de precios y salarios en la que el aumento de los salarios y los precios siguen empujándose unos a otros, en especial y de forma más eficaz en presencia del sistema fatal de una escala móvil de salarios determinada por el costo de la índice de vida».

Por lo tanto, los beneficios de este aumento para los que mantienen sus puestos de trabajo, de acuerdo con Röpke, resultarían rápidamente ineficaces debido a los crecientes costos de vida.

Esto se complica aún más por el aumento de la inflación: «la espiral de precios y salarios presupone inyecciones continuas de dinero nuevo» en la economía. Y esto, por supuesto, con el tiempo sería malo para todos.

Por lo tanto, los costos de un aumento tan grande en el salario mínimo superarán los beneficios, en última instancia volviéndolo imprudente. Sin embargo, centrarse exclusivamente en este debate, por importante que sea, sería perder completamente de vista el problema del salario justo.

Ben Casselmen, en un reciente artículo en Five Thirty-Eight, da una excelente delineación de las características demográficas de los trabajadores de salarios bajos y mínimos, señalando que «una mayor proporción de trabajadores con bajos salarios están tratando de mantenerse a sí mismos hoy que en los últimos años. Alrededor del 39 por ciento de los trabajadores que ganan menos de $10.10 por hora —ajustado por inflación— se mantenían a sí mismos en 1990, en comparación con más de la mitad hoy».

Una mejor pregunta de cómo podemos hacer que estas personas tengan un aumento de sueldo es, en primer lugar, preguntar cómo llegaron a esa situación y si el aumento del salario mínimo sería realmente capaz de revertir esta tendencia. Teniendo en cuenta lo anterior, no estoy convencido de que lo haría.

Tal vez un aumento menor podía detener algo de la hemorragia, pero no abordaría la causa o causas mucho más grandes y más importantes.

IWJ, FPL y USCCB genuinamente desean ver más salarios justos en nuestra economía y salarios dignos para los que se mantienen a sí mismos y a sus familias (como todos los cristianos deberían).

Sin embargo, en primer lugar, la búsqueda de respuestas a por qué tantas más personas hoy en día se encuentran con salarios menores a los adecuados debe tener prioridad sobre la defensa de la más reciente política económica progresista.

Peor aún, a pesar de sus buenas intenciones, sin considerar las consecuencias negativas de estas políticas, sin tener en cuenta las particularidades de la situación de cada persona, y confundiendo salario mínimo, salario digno y salario justo, al final fallan no dándole a la justicia lo que merece.

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Sigue el tema de la remuneración al trabajo con una idea de Samuel Gregg. El título original de la columna es «Our Minimum Wage Circus».

El circo del salario mínimo

Con el lanzamiento del informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso [CBO en EEUU] sobre los efectos de la última propuesta de aumentar el salario mínimo federal, vemos la confirmación de que los salarios mínimos decretados son, cuando mucho, una manera torpe de tratar de ayudar a los necesitados.

Dejando de lado el hecho de que la CBO estima una pérdida neta de puestos de trabajo como el resultado de un aumento gradual a $ 10.10 por hora antes de julio de 2016, una de las reivindicaciones más importantes del informe fue que sólo el 19% de los aumentos de los salarios sería recibido por los estadounidenses que viven por debajo la línea de pobreza.

Es por eso que se estima que esta propuesta sacaría de la pobreza a sólo 2% del número total de personas proyectadas en ese tiempo a estar viviendo en la pobreza. De hecho, un porcentaje mucho mayor del aumento iría a gente ya cómodamente colocada por encima de la línea de pobreza.

¿Es eso justo?

Dados los (perdón por el juego de palabras) mínimos efectos en la pobreza de los salarios mínimos obligatorios, hay que preguntarse por qué algunas personas invierten tanta energía intelectual y capital político en una política que tiende a beneficiar, por ejemplo, a adolescentes y jóvenes en situaciones holgadas que no se quedarán por largo tiempo en empleos con salario mínimo.

En parte, es el funcionamiento del enfoque de arriba hacia abajo. Legislar salarios mínimos nos da la ilusión de que los legisladores y los gobiernos pueden accionar un interruptor y así mejorar las cosas. Los salarios mínimos por ley, sin embargo, no son inmunes a los mecanismos de la oferta y la demanda.

Nos guste o no, los empleadores que quieren que su empresa sobreviva (y no solo prosperar) tienen que considerar los efectos de los aumentos prescritos de salarios mínimos sobre la capacidad de su negocio para obtener un beneficio (y por lo tanto seguir empleando personas).

Y eso a veces da lugar a una congelación o incluso una reducción del número de empleados en industrias particulares. Una bien intencionada acción del interruptor, resulta que puede empeorar la situación de algunas de las mismas personas a las que uno está tratando de ayudar.

Pero otro aspecto que no es a menudo considerado es cómo las políticas que emanan de otras instituciones del gobierno socavan el impacto de los salarios mínimos estipulados.

Si, por ejemplo, un banco central mantiene una política monetaria flexible (como una forma definitivamente ineficaz de tratar de compensar el fracaso de los gobiernos y las legislaturas para llevar a cabo las reformas económicas serias que sostienen el crecimiento en el largo plazo), entonces la disminución del poder de compra de una determinada divisa puede anular cualquier efecto beneficioso de un aumento del salario mínimo, por no hablar de los beneficios de los aumentos salariales en general.

Una caída del 3% en el poder adquisitivo de la moneda en el año, por ejemplo, reduce en más de la mitad los beneficios reales de un aumento salarial del 5% en el mismo año.

Abordar este problema de una manera sistemática, lógicamente implicaría un replanteamiento de, entre otras cosas, la política monetaria. En su lugar, nos encontraríamos con que los aumentos de salario mínimo a menudo se justifican por la erosión del valor real de los salarios.

Bueno, esa es una manera de compensar parte de la pérdida. Sin embargo, no se dirige a una de las razones principales de la erosión. Por otra parte, en vista de la erosión continua, cualquier beneficio del aumento del salario mínimo es sólo pasajera.

Dicho de otra manera, las propuestas para aumentar los salarios mínimos a menudo pueden ser una forma de evitar hacer frente a algunos de los problemas más profundos que (1) ayudan a mantener a muchas personas por encima o por debajo del umbral de la pobreza en una caminadora económica, y (2) los deja con el (a menudo exacto) sentido de que simplemente no están progresando.

De seguro, podemos hacer mejor las cosas.

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La idea de Hunter Baker sigue con el tema de la remuneración al trabajo. El título original de la columna es «The Minimum Wage, Family Values, and the Noted Christian Academic».

Salario mínimo y valores de familia

Durante una reciente visita a Twitter, me encontré con el texto de un académico cristiano de prestigio. Él había escrito el tipo de comentario conciso que está hecho a la medida para poner en marcha un centenar de retweets de admiración.

Parafraseando un poco, era algo como esto: «Conservadores, no me hablen de los valores familiares si no apoyan un aumento del salario mínimo». Estoy seguro de que él pensó que era una observación aguda con alto poder.

El problema es que no hay una conexión necesaria entre los valores familiares y el aumento del salario mínimo.

En primer lugar, hay un intenso debate, sin resolver, sobre la efectividad del salario mínimo. Los economistas difieren sustancialmente sobre si ayuda a la gente pobre, les hace daño al reducir las oportunidades de empleo inicial, o ejerce poco efecto.

Sería perfectamente posible que un defensor de los valores familiares concluyera racionalmente que el salario mínimo es contraproducente y, por tanto, tomara a la posición del antes mencionado y notable académico cristiano como totalmente opuesta a la perspectiva de «valores familiares».

Este académico no tuvo en cuenta el hecho de que los argumentos sobre el salario mínimo no son como los argumentos acerca de algo así como la gravedad. Hay argumentos respetables e incluso compasivos en ambos lados.

En segundo lugar, el pensador cristiano señalado no considera que hay cuestiones fundamentales acerca de cosas como las leyes de salario mínimo.

¿Qué es una ley de salario mínimo? Se trata de una demanda, suscrita por la amenaza y/o uso de la fuerza del gobierno, para que los empleadores paguen no menos de una cantidad determinada por una hora de trabajo.

Es perfectamente posible pensar que tal poder no debe ser manejado por el gobierno de un pueblo libre y seguir siendo una persona bondadosa.

El minorista Hobby Lobby, por ejemplo, es muy conocido por pagar bastante más que el salario mínimo en sus tiendas. Los dueños de esa corporación son cristianos devotos.

¿Sugeriría el académico que los propietarios de Hobby Lobby carecerían de valores familiares si pagaran a sus empleados muy por encima del salario mínimo al mismo tiempo que se oponen a un ejercicio de ese poder por el gobierno?

Tal vez con razón, podrían creer que si un gobierno puede imponer un salario, también podría dictar cosas tales como la provisión de métodos anticonceptivos y abortivos a una empresa cuyos propietarios se oponen en conciencia al uso de tales productos. Hemos visto suceder cosas así ¿no es cierto?

En tercer lugar, el destacado pensador cristiano parecía abrazar la legislación del salario mínimo como una especie de panacea. Si la ley es tan fácil de usar para la extinción de los problemas de la pobreza mediante un lápiz y un papel, ¿entonces por qué no basta con establecer un salario mínimo cercano a los 50,000 al año?

Por lo demás, ¿por qué no decretar que todos los empleados ganen varios cientos de miles de dólares al año y disfrutar de 2 o 3 meses de vacaciones pagadas? Podríamos acabar con todos los problemas sociales si otra cosa que la voluntad política.

Por supuesto, el problema aquí es que los empleadores optarían por no contratar a las personas si se convirtieron en un insumo tan caro.

Como Jonah Goldberg ha señalado, si dejamos de lado las consecuencias concatenadas de nuestras decisiones políticas, acabaremos dando a los empleadores un incentivo enorme para hacer más de lo que ya han estado haciendo, que es utilizar cada vez menos personas, mientras que emplean más y más a la automatización.

Las inversiones son como el agua, fluyen por donde tienen menos obstáculos. Si utilizamos en exceso nuestra tan cacareada voluntad política para resolver los problemas a través de mandatos, vamos a ahuyentar a las posibles fuentes de prosperidad.

Hay otras direcciones en las que podíamos ir con esta queja sobre el tweeter de este académico cristiano con exceso de confianza, pero como mínimo no es mucho pedir el insistir en un examen más riguroso de los problemas que las grandes acciones del gobierno conllevan.

Mientras que la persona en cuestión no pueda ir a reconsiderar su posición apoyando al salario mínimo, debe él tener más consideración por los análisis ofrecidos por sus rivales, porque no son frívolos, crueles, o irracionales en su naturaleza.

La afirmación de que el apoyo de los valores familiares implica naturalmente la defensa para aumentar el salario mínimo, simplemente va demasiado lejos.


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Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

¿Qué es la ley laboral? Su origen
¿Qué es salario justo? Su monto y determinación

Otras ideas relacionadas:

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