La credulidad combinada con inocencia y candidez frente a una pieza de información en los medios que coincide con las ideas propias. Una tentación irresistible de todos los tiempos.

Imagine a quien hace siglos tuvo en sus manos un libro como el Amadís de Gaula, con sus fantásticas narraciones caballerescas. Alguien lo expresó con claridad.

«Cuando los lectores del siglo XVI tuvieron en sus manos un libro impreso, le otorgaron absoluta credibilidad y realidad a lo que en él estaba escrito. Si no fuera verdad, ¿cómo podía estar impreso entonces? Y los denominados libros de caballerías, ¿no reproducían y certificaban, acaso, aquellas historias que ya conocían de oídas?» Barletta, Roberto. Breve historia de Francisco Pizarro (Spanish Edition) (Kindle Locations 714-717). Nowtilus.

Y eso podría repetirse dentro de varios siglos: «Cuando los lectores de finales del siglo 20 y principios del 21 vieron en una pantalla noticias en Internet, dieron gran credibilidad a lo que allí vieron. Si había sido puesto en línea, tenía que ser verdad; además confirmaba lo que ellos ya pensaban y creían».

Lo que sucede es muy humano. Tenemos ganas de creer todo eso que concuerda con lo que ya creemos. Una especie de inocencia intencional que hace de lado a los más mínimos filtros racionales y abre la puerta a la aceptación absoluta de las más alocadas piezas de información.

Un fenómeno de inocencia voluntaria, de candidez intencional frente a los medios y sus contenidos. Tiene ella tres componentes claros:

1. Una pieza de información pública, disponible en los medios, los que sean; desde la más seria fuente hasta la más dudosa.

2. Una mentalidad a la que es información pública ofrece un soporte, una demostración de veracidad y certeza.

3. La aceptación incondicional de esa pieza de información, sin ser pensada ni analizada. Es tomada como una confirmación absoluta de las ideas propias y, se concluye, debe ser reenviada a muchos otros.

El mecanismo de esos elementos funciona al revés cuando la pieza de información pública contradice a las opiniones propias: ella se descarta y olvida.

Usted puede ver ese fenómeno en todo su esplendor durante las elecciones políticas y cómo reaccionan los partidarios de cada candidato. Presentan ellos un panorama desolador por la ausencia de eso que debía ser tan humano como la razón.

Esto que he descrito no es nuevo, sucede y sucederá. Reconocerlo es un adelanto que sirve solo para tratar de disminuirlo a un mínimo razonable. Nos sucede a todos y lo mejor que podemos hacer es estar conscientes de ello para evitarlo en todo lo posible.

Y una cosa más…

Véase «Noticias falsas credulidad eterna».

Un ejemplo de humor aprovechando esa credulidad

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