estado de bienestar

La narrativa maternal del Estado Benefactor, ese que se comporta como una nana cuya misión es hacer felices a los ciudadanos, a los que contempla como niños inmaduros.

El Estado Benefactor y su maternal narrativa

Es una narrativa. Un relato que presenta una historia. La historia muestra e ilustra algo. En la narrativa política sucede lo mismo. Es una manera de persuadir al ciudadano.

El Estado Benefactor tiene su narrativa, una historia que intenta demostrar su maternal bondad. Más o menos lo mismo que la narrativa del vendedor que quiere vender sus productos al futuro cliente.

Un ejemplo muy bueno de la narrativa del estado de bienestar se encuentra en un texto de una instituto público mexicano (el Instituto Federal Electoral, el enlace ya no es vigente) y que cuenta la historia de la manera siguiente:

«Ahora bien, la ampliación de los derechos civiles y políticos a capas cada vez más amplias de la población, como los analfabetas, los asalariados, los campesinos, los grupos étnicos, los jóvenes y las mujeres, presionó para que el Estado, originalmente mínimo, se ampliara para dar respuesta a las demandas que formularon esos grupos, que ya eran otras que la simple protección de la propiedad, como lo querían los grupos pudientes.
Así nació el Estado social: Si el núcleo de la doctrina liberal es la teoría del Estado mínimo, la práctica de la democracia, que si bien es una consecuencia histórica del liberalismo o por lo menos una prolongación histórica de él, ha llevado a una forma de Estado que ya no es mínimo, aunque no es el Estado máximo de los regímenes totalitarios.
El liberalismo ortodoxo vio afectadas sus aspiraciones de mantener sin cambios al Estado mínimo, al surgir como un hecho histórico incontrovertible el Estado social».

El breve relato es llamativo. Parte de una base, la de los derechos ampliados. Me imagino que se trata del aumento del número de derechos. Y esos derechos más numerosos puso presión al gobierno para que también se ampliara.

La relación establecida es clara, y desnuda, causa miedo: más derechos es igual a más gobierno.

¿Cómo opera este crecimiento estatal?

De manera sencilla: con derechos más numerosos cierto grupos producen demandas. Más derechos es igual a más demandas y más demandas es igual a más gobierno.

¿Qué grupos hacen esas demandas al gobierno? La narrativa del Estado Benefactor habla de analfabetas, asalariados, campesinos, grupos étnicos, jóvenes y mujeres. Una parte importante de su historia.

No son todos los que demandan esos derechos más numerosos, sino algunas colectividades nada más.

Y el resto de la narrativa explica la modificación del gobierno, el que ya no es un gobierno reducido, sino otro mayor, al que califica de «social». Y de inevitable.

📌 Es una narración simple que relaciona a más derechos con más reclamos; y luego a los más reclamos con lo incontrovertible, un gobierno mayor.

El punto de arranque de la narrativa es el aumento del número de derechos. Esta es la causa del crecimiento gubernamental. La ampliación de derechos ha sido justificada como una modernización o una actualización. Y esto ha originado que se creen categorías de derechos.

Una lista interminable de derechos

La maternal lista de derechos que ampara la narrativa del Estado Benefactor presenta una visión evolutiva inacabable que justifica el crecimiento estatal.

De Primera Generación. Estos son los clásicos y ortodoxos. Son las libertades que conocemos, como la de expresión, la religiosa y cosas similares. Son los originales.

• De Segunda Generación. Esta es una adición y se refieren a aspectos igualitarios en economía, cultura y demás. Aquí se añadieron cosas como el derecho al agua, al trabajo, a la salud.

De Tercera Generación. Otra adición, referida a cuestiones un tanto vagas. Aquí están cosas como el derecho a Internet, al medio ambiente limpio, a la vida digna y similares.

Esto abre la puerta a derechos de Cuarta Generación y siguientes.

¿De dónde salen esos nuevos derechos?

En realidad son simples ideas que salen de organizaciones como el Instituto de Derechos Humanos en Estrasburgo, de pactos internacionales, de la ONU, de los gobiernos mismos, de otras partes.

No tienen otra justificación que la de ser la opinión de algunos y tener la apariencia de ser ideales, sin que se considere otra cosa que el ser algo deseable.

Por ejemplo, el derecho al agua o a Internet no considera costos, lo que produce que el gobierno se convierta en proveedor gratuito de esos servicios.

La narrativa del estado benefactor está sustentada en una base muy maternal y emotiva: la creación de una lista creciente de derechos que solo puede otorgar un proveedor único, el gobierno (sin atención mínima a los costos de tales servicios).

En busca de la felicidad de los hijos-ciudadanos

Una muestra de no hace mucho, la apertura del Viceministerio de la «suprema felicidad social del pueblo». El presidente heredero de H. Chávez, en Venezuela, dijo, «He decidido crear el despacho de viceministro, y lo he llamado así en honor a nuestro comandante (Hugo) Chávez y a nuestro Bolívar, para la suprema felicidad social del pueblo venezolano».

La ocasión es preciosa, incluso en medio de sucesos políticos que presentan a diario motivos de crítica y burla. Los gobernantes no tienen acostumbrados a cosas como esta, pero Maduro creó algo que no puede desperdiciarse. Desde luego, hizo recordar a George Orwell y su novela, 1984.

La noticia, como fue reportada, tiene un dato importante.

Esa oficina se encargará de las varias peticiones, exigencias y necesidades de la población «y de atender a los viejitos y viejitas y niños y niñas, para atender a lo más sublime y amado del pueblo revolucionario».

Efecto de la narrativa

Una buena ilustración de la maternal narrativa del Estado Benefactor que otorga al gobierno la responsabilidad de hacer felices a sus ciudadanos.

La estructura burocrática del Estado Benefactor es una simple concentración de programas de ayuda bajo un único responsable, los gobernantes que ahora tienen la facultad de hacer felices a los ciudadanos satisfaciendo esos derechos crecientes.

Vea usted a su alrededor y verá que su gobierno, donde sea que usted vida, tiene una enorme cantidad de programas de ayuda: pensiones, seguro de desempleo, reparto de alimentos, medicina gratuita, becas, transporte barato, escuelas gratuitas, casas financiadas. Lo que usted quiera.

El gobierno de cualquier país, por tanto, podría hacer lo mismo que Venezuela, el centralizar los programas en una unidad burocrática. Asumen entonces la «suprema felicidad del pueblo» según el gobernante haya definido felicidad.

Un fenómeno universal de expansión estatal

Esto es lo que nos lleva a un fenómeno universal y de todos los tiempos: los gobiernos tienen una tendencia natural a expandirse y crecer más allá de sus funciones naturales y lógicas. En otras palabras, los centros de poder están inclinados, por su propia naturaleza, a crecer.

En nuestros tiempos, esa expansión gubernamental se conoce como estado benefactor y se sufre en todas partes. Bajo diferentes nombres, con distintas modalidades, el padecimiento es universal.

Antes, hace siglos, eran las conquistas de territorios y pueblos cercanos, ahora son los deseos de hacer felices a los ciudadanos. En el fondo, lo mismo, ese ensanchamiento del poder del gobernante. Pero ahora con la modalidad de una narrativa maternal que el Estado Benefactor usa para engañar a los ingenuos.

estado de bienestar

La situación en resumen

La situación hasta aquí puede ser vista esquemáticamente:

  • Un gobierno que crece proporcionalmente más que la sociedad.
  • Justificando su crecimiento con su intención de hacer felices a los ciudadanos.
  • Definiendo felicidad como la satisfacción de una lista creciente de derechos y de la que es responsable el gobierno.
  • Presupone que los ciudadanos son incapaces y necesitan el cuidado estatal para ser felices.
  • Presupone que la felicidad de todos es una sola única y igual.

Y unas cosas más…

Debe verse:

El ciudadano creado por el Estado de Bienestar
Síndrome de sobreprotección estatal

Otras ideas relacionadas:



[Actualización última: 2020-09]

Notas extras sobre la narrativa del Estado de Bienestar: la teoría de la deserción

Por Leonardo Girondella Mora

Ciudadanos como desertores del Estado Benefactor

Las siguientes pueden ser instancias de algo de fondo —quizá sean síntomas de algo que puede estar sucediendo y de lo que poco se ha hablado. Un escrito de D. Rodríguez Herrera habla de:

• [En Kenia] un ingeniero decidió coger agua de un río cercano y tratarla con una pequeña instalación en su patio trasero. Pronto descubrió que sus vecinos querían comprársela. Ahora tiene una pequeña empresa con cinco empleados y es capaz de servir a 10,000 personas. Tiene camiones para llevar agua a los hoteles y porteadores para la gente pobre. El Estado no está ni se le espera.

• [Una investigación] Descubrió que, por ejemplo, en la ciudad nigeriana de Lagos, siendo gratuita la educación pública, los padres pagan por una educación privada, pese a que disponen de unos 50 dólares al mes, porque funciona mucho mejor. En la India, la puntuación media de los colegios privados es de 19 puntos en lengua y 17.9 en matemáticas, mientras que en los públicos es de 17.4 y 16,3, respectivamente.

• [Un periódico] describe como en diversas zonas de África, los pobres, que no reciben asistencia sanitaria estatal, están creando pequeñas mutuas sanitarias con las que cubrir por muy poco dinero. Generalmente formadas por menos de 100 personas, negocian con una clínica local un buen precio.

• El Banco Mundial publicó un informe en el que asegura derribar tres mitos: que el sector privado es para ricos, que no está muy desarrollado y que la mayor parte del dinero dedicado a sanidad viene de fondos públicos. Llegó a la conclusión que los pobres empleaban intensamente los servicios privados de salud y que los públicos, de hecho, subsidiaban a los más ricos.

Adiós al Estado nana

El común denominador de esos casos es el abandono del gobierno benefactor que quiere hacer felices a los ciudadanos —una tesis llamada Teoría del Desprendimiento y señalada por Toni Mascaró Rotger.

En palabras simples, los ciudadanos se alejan del Estado, de los servicios que provee y prefieren acudir a servicios privados u organizarse por sí mismos. Es una teoría de deserción ciudadana —quietos y sin ruido, los ciudadanos abandonan al gobierno, le dicen adiós a la narrativa maternal del Estado Benefactor.

No es un fenómeno privativo de países pobres —en México muchas personas que pagan cuotas al IMSS se atienden en hospitales privados, algo similar a lo que escuché de ciudadanos canadienses yendo a clínicas privadas oficialmente prohibidas.

La deserción ciudadana puede ser una manifestación de la añeja noción liberal: las personas en lo personal son más sabias que el mejor de los gobernantes cuando se trata de manejar asuntos individuales.

Y, lo más interesante: señala una dirección en el camino de las ayudas a los países pobres, la de no ir por la ruta de proveer de fondos al gobierno, sino a los particulares.

Deserción ciudadana

Mascaró explica la Teoría del Desprendimiento de esta manera:

«Prácticamente nadie pide la completa abolición de la educación pública, si bien todos los que pueden se aseguran de matricular a sus hijos en escuelas privadas o, cuando menos, de ofrecerles clases de repaso que ofrecen instituciones privadas y particulares. Tres cuartos de lo mismo sucede con la sanidad, los planes de jubilación, la seguridad, los transportes, las comunicaciones y tantos otros servicios ofrecidos por el Estado».

Las personas pagan impuestos por comprar, por vender, por heredar, por tener y con ese dinero el gobierno paga servicios que ofrece como proveedor. Son servicios que se piensan son gratuitos —desde luego no lo son, pero a pesar de que están allí y le son ofrecidos,

“¡oh, sorpresa!, todo el que puede contesta en la práctica con un rotundo ‘¡no, gracias!’ que, de hecho, es un ‘¡no, gracias, y quédese el cambio!’”

Más deserción

La situación es paradójica —toda familia mexicana podría colocar a sus hijos en una escuela pública, desde la primaria hasta la universidad, y pudiéndolo hacer algunos no toman la oferta: prefieren incurrir en gastos extras con tal de acceder a opciones que consideran superiores.

Ya han pagado por esos servicios, pero desertan de ellos perdiendo dinero en la decisión.

Es cierto que esos servicios estatales pueden en parte estar siendo dedicados a atender personas que de otra manera no los tendrían y los impuestos en parte podrían ser justificados así.

Pero la razón indicaría que fuesen dedicados a segmentos muy focalizados, gente en pobreza extrema por ejemplo y no a todos, como la educación universitaria gratuita en México, la que tienen un efecto canallesco: toma dinero de todos para dárselo a quienes más ingresos tendrán.

La decisión de los ciudadanos desertores indica que, si pueden, prefieren otros servicios, no los que el gobierno proporciona.

Siendo una decisión de compra, eso indica que el ciudadano desertor encuentra más valor en los demás, no en el gobierno que hace de educador o de médico. Es el ciudadano que deserta del estado benefactor.

Mascaró apunta una idea genial,

«El hecho de que a la gente no le guste pagar impuestos no se debe a la tacañería antisocial de unos insolidarios. Se debe a que cada cual quiere comprar lo mejor que su riqueza le permita. Y nadie confía en que lo mejor pueda proceder de una institución que elimina a sus competidores a base del monopolio de la fuerza. Eso, cuando lo hace un hombre, es tachado de chantaje y matonismo. Cuando lo hace un grupito, se tacha de mafia. Que se haga democráticamente puede empujar a muchos a darle coba de cara a la galería. Pero, cuando se trata del bienestar propio, la gente no se deja engañar».

Elementos de la deserción ciudadana

Por mi parte veo esta deserción del ciudadano como compuesta de varios elementos.

Primero, la obligación de pagar impuestos para pagar los costos de los servicios estatales —no es del gusto del ciudadano hacer eso y menos sabiendo que su dinero será empleado en proveer servicios de mala calidad y que no son reembolsables en caso de no ser usados.

Segundo, la distribución de esos servicios, la que con facilidad es sesgada en favor de grupos de interés con influencia, como los burócratas: los fondos recaudados no se emplean con justicia sino que favorecen a los grupos con poder.

Tercero, la posibilidad real de que esos mismos servicios sean ofrecidos por particulares especialistas bajo un sistema competitivo que eleva calidad y reduce precios (véase las lecciones de Suecia).

Pero sobre todo, cuarto, existe una violación amplia y descarada de derechos —la libertad personal se altera impidiendo a la persona el uso de sus ingresos y posesiones de la manera en la que él lo desea: la autoridad quita libertad al individuo. Y esto es por sí mismo causa suficiente como para anular al estado benefactor.

La deserción ciudadana es una muestra del terrible error que significa un gobierno metido en terrenos que no son suyos. Por maternal y bien intencionada que sea