¿Qué son y como funcionan los paraísos fiscales? La naturaleza de la competencia entre impuestos bajos y altos.

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Introducción

Vayamos a principios de 2009. La reunión del G-20 en Londres, tuvo una parte —la del combate a los paraísos fiscales. Esta es la demanda común: los paraísos fiscales deben desaparecer.

Tiene su gracia el reclamo, pues significa que lo que debe mantenerse vivo es al «infierno fiscal», el que por inferencia es la misma serie de gobiernos que reclaman retirarles esa competencia.

La mentalidad que alimenta el reclamo está bien ilustrada así:

«El entramado mundial de paraísos fiscales agrava esta desigualdad, al permitir que una minoría privilegiada de grandes empresas y grandes fortunas muevan fácilmente su dinero para no pagar los impuestos que les corresponden. Estos impuestos que no se pagan por la fuga de dinero hacia paraísos fiscales suponen menos recursos públicos para políticas sociales como la sanidad, la educación, la protección social y la cooperación». oxfanmintermon.org

Paraíso fiscal, la definición

La idea general es acertada. Se entiende la paraíso fiscal como ese lugar en el que los impuestos son bajos, muy bajos —sobre todo, comparados con los impuestos del resto de los países.

«Un paraíso fiscal es una zona geográfica, normalmente un Estado, cuyo régimen tributario impone unas cargas fiscales mucho más bajas en comparación al resto del mundo». economipedia.com

Reciben otros nombres, como refugio impositivo o fiscal, traducciones del inglés, tax heaven. Tienen elementos que los identifican con facilidad:

  • Son territorios o Estados independientes.
  • Tienen un sistema fiscal en extremo favorable.
  • Ofrecen confidencialidad financiera

Las dos características centrales del paraíso fiscal pueden verse en esas definiciones.

1. Bajos impuestos

Lo que esos lugares ofrecen es un lugar con impuestos muy reducidos, incluso sin impuestos. Esta característica los convierte en competidores de países con gobiernos que tienen altas tasas impositivas.



Eso los hace muy atractivos a quienes persiguen reducir sus impuestos y tener más dinero en el bolsillo, sean personas o empresas. Además, el país receptor del capital se beneficia al recibir inversión extranjera.

2. Alta confidencialidad

Esta es otra ventaja para quien envía capital a esos lugares, ya que no existe transparencia en el intercambio de información con los países que no son paraísos fiscales.

Esta falta de apertura por el secreto bancario es atractiva a quien desea pagar menos impuestos. Sin embargo, abre la posibilidad de transacciones financieras delictivas, como lavado de dinero por actividades ilícitas.

La realidad de su funcionamiento

Para comprender el tema es necesario ver que entre las varias leyes económicas, como la de la oferta y demanda —existe otra que debe ser hecha explícita, la de la tendencia de los gobiernos a elevar sus ingresos, es decir, subir impuestos y otras maneras de recolectar ingresos propios.

Se tienen dos «fuerzas naturales» operando al mismo tiempo y en sentido contrario:

  • Los gobiernos quieren elevar sus ingresos y, por tanto, subir los impuestos.
  • Las personas quieren también elevar sus ingresos y, por tanto, pagar menos impuestos.


Similar a lo que sucede en un mercado libre: el comprador quiere el precio más bajo posible y el vendedor el más alto. Y, con varios oferentes de bienes, el comprador está en ventaja pues podrá seleccionar entre ellos.

En el caso de los impuestos no sucede lo mismo, ya que no hay oferentes de impuestos a distintos niveles, sino un solo monopolio fiscal. Los paraísos fiscales, por tanto, son competencia impositiva a los gobiernos de altos impuestos.

Es muy natural el atractivo que tienen entonces los paraísos fiscales —no muy diferente a encontrar bienes a precios más bajos.

Gobiernos sedientos de recursos

La causa de la querencia de los gobiernos a elevar los impuestos y así tener más ingresos es la acumulación de funciones y responsabilidades —lo que confirma la hipótesis de Montesquieu: el poder siempre tiende a ser abusado. Alguien con poder siempre tratará de elevarlo.

Ya que los gobiernos sólo tienen una manera de obtener ingresos, la de retirarlos por la fuerza del bolsillo de los ciudadanos, esa tendencia indica una cantidad decreciente en manos de sus propietarios. Cuanto más recolecte un gobierno, menos dinero tendrán sus ciudadanos.

Con una mayor cantidad de funciones, los gobiernos necesitarán de mayores recursos para realizarlos.

¿Cómo eliminar esa tendencia de elevación de impuestos?

La solución más directa es la de reducir el número de funciones de gobierno —menos responsabilidades implicarán menores gastos.

Otra solución muy pragmática es la de la competencia entre naciones y sus sistemas fiscales, en los que los tax heavens o paraísos fiscales juegan un papel vital.

Un tax heaven puede tener una definición simple: un país con un gobierno que tiene como característica central el cobro de impuestos en extremo bajos y quizá, ningún impuesto —lo que, por supuesto, ocasiona las quejas de otros gobiernos que lamentan la existencia de una competencia «desleal», igual que el empresario lamenta la existencia de competencia extranjera.

Los tax heavens, lejos de ser prohibidos o atacados, como se pide en la reunión del G-20 deben ser fomentados —y en verdad son una alternativa para muchas naciones que pueden modificar sus regímenes de impuestos: menores tasas y mayor simplicidad de pago.

Paraísos fiscales, la competencia

Los impuestos son un costo de vida, que cuanto más bajo sea, mayor bienestar crea en la gente —atrae inversiones y genera empleos en plantas que producen a menores costos.

Los ejemplos de Irlanda, Luxemburgo, las Islas Vírgenes Británicas, Madeira, Malta, Chipre, Belice, Mónaco y otros más suelen mencionarse como ejemplos.

No es la única variable de la que depende la prosperidad, pero sí una de las condiciones necesarias en el combate de la pobreza que se logra por medio del crecimiento económico —y tiene como premisa una condición necesaria: la reducción del aparato gubernamental.

Puede encontrarse más información en el Adam Smith Institute —pero lo que he tratado de hacer es llamar la atención sólo sobre una paradoja interesante: quien pide que el gobierno crezca y tenga más funciones, también está pidiendo que el gobierno le quite más dinero del bolsillo. Es una actitud poco comprensible.

Quizá sea producto de una falta de conciencia personal, de cortedad de vista, o alguna otra causa. Es posible que la persona piense que a ella no el afectarán los impuestos, pero sí a otros y así piensa que se beneficiará del daño ajeno —una actitud egoísta y miope, pero que es común.

Si una empresa es sujeta a un alto impuesto, sus productos serán más caros, sus oportunidades de inversión menores y eso repercutirá en el resto de la gente, aunque ellas no paguen ese impuesto.

Competencia fiscal

La idea es simple. La llamamos competencia. Consiste en disponer de alternativas variadas de bienes y servicios. Lo opuesto sería tener un monopolio, por ejemplo, de gasolina. Con competencia, habría varias marcas que comprar.

Eso tiene ventajas para el consumidor: si el vendedor quiere tener éxito sostenido, debe de atraer a clientes y para hacerlo, debe darles gusto.

La vida del vendedor en competencia no es placentera, como sí lo es la del propietario de un monopolio que no tiene que complacer a nadie para tener ingresos.

La competencia es una situación compleja, en la que el deseo de ganar más que tiene el vendedor solo puede lograrse complaciendo al comprador. Un mecanismo doble que pone freno a las maneras negativas en las que se busca ganar más.

Será buena idea el trasladar la idea de competencia a otros campos.

Existe competencia en las elecciones, por ejemplo, pero eso es un día cada varios años. Sería una gran idea incorporar a la competencia durante todos esos años en los que realmente el gobernante no está en competencia con otros.

Una idea ilustra esto: la competencia fiscal, es decir, entre tasas de impuestos entre naciones y dentro de ellas.

El país A competiría en impuestos con el país B, cada uno ofreciendo quizá impuestos más bajos y más sencillos. O bien la región C dentro de un país podría competir de igual manera con la región D.

Esto permitiría a los ciudadanos seleccionar las opciones más ventajosas para ellos. Forzaría a los gobiernos a continuamente buscar complacer a la gente.

Los gobernantes son máquinas de aumentos de impuestos y canales de gasto público, sin que exista preocupación alguna por ser productivo y eficiente. Peor aún, los gobernantes hacen algo que prohiben a otros.

Ellos buscan crear cárteles internacionales de impuestos: países que cobren todos los mismos y crecientes impuestos. Critican y desean cambiar a los países cuyos gobiernos tienen la osadía de cobrar menos impuestos. Ellos son competencia indeseable, que les quitan clientes.

Odian los monopolios, pero tienen el peor de todos, el fiscal.

Competencia interna

La idea de competencia entre países, con impuestos, puede llevarse al interior de cada uno. Esto nos lleva a dos posibles situaciones.

• Impuestos centralizados, cuando dentro de un país la gran parte de los impuestos se recolectan por el gobierno central y los gobiernos locales cobran una proporción muy pequeña.

• Impuestos descentralizados, cuando dentro de un país una parte grande de los impuestos totales que paga el ciudadano los cobran los gobiernos locales y proporcionalmente menos el gobierno central.

Esta descentralización es la que facilitaría la competencia fiscal entre regiones de un mismo país. La centralización fiscal, en cambio, dificultaría la competencia fiscal interna.

[Conviene ver Norquist, G. G. et al (2014). A U-turn on the Road to Serfdom: Prospects for Reducing the Size of the State (Occasional Papers). Institute of Economic Affairs. El pequeño libro puede ser obtenido sin costo en el sitio de IEA.]

Conclusión

Los paraísos fiscales son una forma de competencia al gobierno caro de impuestos elevados. Satisfacen la necesidad de las personas para mantener la mayor cantidad posible de los frutos de su trabajo en el bolsillo.



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[Actualización última: 2021-06]