No hay pregunta más humana que esa, preguntar por qué. Más allá de las explicaciones científicas y las leyes naturales. Más allá de la razón y las argumentaciones racionales. La pregunta que busca dar sentido a la vida misma.

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Introducción

Quizá esa pregunta muestre la curiosidad natural humana, su deseo de conocer más. Cuando esa curiosidad se detiene, sin embargo, es como dejar de caminar y eso provoca insatisfacción.

Y es que hay varios por qués. Niveles distintos de satisfacción de la curiosidad por buscar más allá de leyes naturales, yendo hasta la búsqueda de propósito y sentido. Esta es la genial idea de Scruton.


La idea fue encontrada en Scruton, Roger (2012). The Face of God: The Gifford Lectures. Bloomsbury Academic.


El punto de partida

La idea destacada aquí comienza con una afirmación directa: Dios es inevitable y si se evita, eso crea un vacío. Y puede seguir con una consideración sobre el ateísmo.

Los ateos, dice el autor, obtienen dos grandes conclusiones metafísicas de su modo de pensar.

• La primera, todo sucede de acuerdo a leyes naturales, incluyendo el pensamiento y la acción humana. Las mismas leyes que gobiernan a los átomos gobiernan a lo que está en la mente.
• La segunda, todo lo que sucede es contingente, sin que haya una razón para que suceda. Simplemente sucede de acuerdo con esas leyes de la naturaleza.

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«File:Images-stories-Photos-roger scruton 16 70dpi photographer by pete helme-267×397.jpg» by Pete Helme is licensed under CC BY-SA 3.0

Pero ¿por qué eso?

Las dos ideas no satisfacen. Quedarse en la explicación de que hay leyes naturales que todo lo explican y que existen porque suceden y nada más por eso, no complace totalmente. ¿Por qué nada más eso?

Incluso sin necesidad de ir por el camino religioso, la pregunta es irremediable. ¿Es realmente contingente, es decir, accidental, fortuito? ¿Por qué hay leyes naturales?

No son preguntas que puedan ignorarse. Es una pregunta muy humana el inquirir la razón, el por qué.

«¿Por qué, para qué fin y por qué razón, vivimos en un mundo gobernado por leyes?», pregunta Scruton.

Esto es lo que permite hacer una distinción entre los «por qués». No es el por qué de la razón. Es otro, el que dé su explicación, el que va más allá de aceptar que simplemente así es y así sucede.

Sería paradójico que existiera un mundo con leyes naturales, con conciencias, que no tuviera más explicación que el de existir y nada más que eso.

Es el por qué del significado. El de ¿por qué existo? Una pregunta muy humana que no puede ignorarse como irrelevante, ni tratar de ser contestada como en el existencialismo: cada quien le da el significado que quiere.

Ese que puede preguntar ¿por qué?

Las leyes naturales, que la ciencia descubre, se toman como explicaciones de la conducta humana, como cuando se explica por la evolución el altruismo recíproco, o un proceso mental por medio de reacciones químicas y eléctricas.

Olvidan que aunque las partes del cuerpo admiten esos análisis, no los admite la consideración del sujeto como tal. La persona que tiene conciencia de sí misma y sin necesidad de observaciones conoce su mente y lo que en ella sucede en el tiempo.

Más aún, el sujeto, yo, sabe también que puede razonar solo y con otros sus jucios, sus creencias, sus actos. Alguien que puede preguntar por qué.

Una pregunta humana, «¿por qué?»

Más aún, el por qué de lo no observable une a las personas «en una red de encuentros cara a cara». Y llega a la posibilidad de decidir hacer una cosa y no la otra. Es el uso de la razón, el actuar por razones que pueden afinarse y corregirse.

En otras palabras, hay varios tipos de «por qué», varios significados muy distintos:

• El porqué de la ciencia, eso que busca causas y descubre leyes físicas que rigen al mundo. Son las explicaciones de los objetos, sus composiciones y propiedades, donde no existe la posibilidad de encontrar a sujetos.
• El porqué de la razón, eso que busca argumentos, razones.
• El porqué del entendimiento, eso que busca el significado y sentido de la vida.

En resumen

La idea de Scrupton es asombrosamente sencilla, la de encontrar diversos significados de la pregunta más humana en la que podemos pensar, por qué.

Esto es lo que permite entender la insatisfacción que deja el entender al mundo bajo la perspectiva única de leyes físicas que simplemente existen y suceden, sin que nada más pueda ser dicho de la existencia.

En este nivel de por qué, desaparecen las personas. Desaparece Dios.

Cuando se llegan al por qué de la razón, se adelanta buen trecho, al comprender más a la realidad incluyendo al sujeto, a la persona que es yo y que es tú. Algo que no encuentra el enfoque meramente científico.

En este por qué aparecen las personas. Y, si Dios es una persona, podría encontrarse porque aquí si pueden hallarse personas.

Y, al llegar al siguiente por qué, es que se llega al querer encontrar significado, propósito.

«¿Qué tipo de mundo contiene una cosa como yo —una cosa con libertad y conocimiento de sí mismo?», escribe el autor. Un mundo que contiene seres vivos y está ordenado por leyes causales.


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[Actualización última: 2021-11]