Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Chuecos Humanos
Eduardo García Gaspar
3 octubre 2002
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quiero explicarle por qué los organismos responsables de hacer respetar los derechos humanos en México pueden estar en realidad promoviendo el crecimiento de la criminalidad.

Por una serie de razones que no tiene caso repetir, he estado muy en contacto con una de las secretarías de seguridad pública de uno de los municipios del norte de México.

Gracias a estos contactos cercanos y a otros con otras fuentes de información, he podido establecer la siguiente idea.

La situación es ésta: existen instituciones estatales cuya misión es velar por los derechos humanos en México. Sin duda, el objetivo de estas instituciones es loable.

Sin embargo, es muy común la queja de que esas instituciones trabajan mal y, por eso se han convertido en mecanismos de defensa de delincuentes que impiden la aplicación de penas y castigos.

¿Por qué esas instituciones de protección de los derechos humanos se han convertido en instrumentos de protección a los criminales?

La verdad es que no es una sorpresa que las personas encargadas de la aplicación de la ley, e incluso ciudadanos comunes, expresen continuamente esa queja, la de que la gente de Derechos Humanos es de hecho una herramienta que permite al criminal lograr una protección contra su sentencia y condena.

Déjeme darle en esta segunda opinión, una explicación de eso que hace a las personas de derechos humanos un factor que incentiva la criminalidad.

Primero, desde luego, está la función de quien tiene a su cargo evitar que se violen los derechos humanos por parte de los departamentos de policía de los gobiernos.

Cuando usted tiene esa función, o cualquier otra por la que gana un ingreso, la va a querer cumplir para justificarse a sí mismo. Si usted trabaja en derechos humanos y no encuentra gran número de violaciones a esos derechos humanos, eso significa que usted no tiene gran trabajo y que su empleo tiene escasa utilidad.

Pero si usted encuentra que hay muchas violaciones a los derechos humanos, eso lo coloca a usted en una posición muy positiva en la que usted es indispensable y su sueldo está más que justificado.

La consecuencia es lógica, usted tiene el incentivo de declarar más violaciones de derechos humanos de las que realmente existen. Sí, para justificar su ingreso, usted va a imaginar más casos de los que realmente existen.

Los empleados de derechos humanos van a crear más casos, más graves, de violaciones de derechos humanos de los que ciertamente suceden. Es humano que lo hagan.

Segundo, las personas que tienen más razones para solicitar la ayuda de la gente de derechos humanos son los criminales y delincuentes.

No es razonable esperar que yo me queje ante la gente de derechos humanos por el ruido que causa mi vecino, pero sí es muy sensato esperar que acuda a esa gente quien está en una situación clásica en la que potencialmente se pueden violar los derechos humanos.

En otras palabras, los delincuentes y criminales son una población que recurrirá con más frecuencia que el resto de la sociedad a esa instancia de derechos humanos… con la ventaja de que van a encontrar personas que tienen un incentivo personal para creerle más al criminal que a lo que diga la policía.

Si la gente de derechos humanos le creyera a la policía, entonces sus puestos no se justificarían. Es un círculo vicioso que crea una situación en extremo peligrosa, las instituciones responsables de velar por la aplicación de los derechos humanos se convierten en una causa del incremento de la criminalidad.

A mayor defensa de los derechos humanos, mayor crecimiento del número de crímenes. Visto en otro plano: uno de los grandes clientes de la gente de derechos humanos son el criminal y el delincuente y todo negocio que quiere tener éxito debe dar la razón al cliente.

No es raro, pues, que eso suceda… lo que no significa que la totalidad de las funciones de esa gente sea negativa, pero sí quiere decir que están trabajando con un diseño de funciones que es en extremo peligroso para toda la sociedad.

Un buen caso de efectos no intencionales.

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