Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Demanda
Eduardo García Gaspar
2 enero 2003
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Dos de los más básicos conceptos de la Economía son los de la Demanda y la Oferta. Su conocimiento resulta en extremo útil para cualquier persona por añadir un sentido práctico a lo que esa persona desee comprender de la realidad que le rodea. Este ensayo está dedicado a la demanda. En otra entrega se ve la Oferta.

La Demanda

La manera clásica esquemática en la que la Demanda es representada gráficamente es la de una línea inclinada y que cae dentro de un eje de coordenadas. La lógica de un diagrama así es obvia y establece una relación de sentido común entre el precio y la cantidad demandada.

Si el precio es reducido, la cantidad demandada es alta. Y si el precio es elevado, la cantidad demandada es baja.

Las rebajas de artículos son un ejemplo claro de esa forma de actuar: si en un supermercado se encuentra una rebaja en el precio de un paquete de seis cervezas será lógico esperar que ese producto se venda más que si no existiera esa reducción de precio.

Alicia va al supermercado y encuentra que hay una rebaja en los precios de las naranjas, por lo que decide comprar más de las que tenía pensadas y usarlas para hacer agua de naranja, además de hacer mermelada de esa fruta. Con el mismo dinero ahora puede comprar más naranjas.

El precio bajo de las naranjas, además, puede hacer que el dinero que Alicia iba a dedicar a comprar fideos, lo dedique ahora a comprar más naranjas, o que compre las mismas naranjas de costumbre y con el sobrante adquiera otro bien que no tenía pensado.

El eje de coordenadas que se usa para representar a la Demanda coloca en el eje vertical a los precios y en el eje horizontal a las cantidades. Cada punto en la curva de Demanda establece que cantidad se demandará en cada uno de los precios bajo la idea de una relación inversa entre precios y cantidades demandadas.

Esta idea de que la elevación del precio de un bien reducirá la cantidad demandada de él, tiene fundamentos sólidos.

Uno de esos fundamentos es la realidad de que los ingresos de las personas son finitos, es decir, limitados. Por esta razón, es natural esperar que si un bien deseado sube de precio, la persona verá la consecuencia de que al gastar más en ese bien tendrá menos dinero para comprar los otros bienes que desea.

El medio que hace posible la adquisición de bienes, los que sean, es un ingreso limitado y esta naturaleza del ingreso es una de las causas que mueven las cantidades demandadas de los bienes y sus precios.

Más aún, las personas tienen jerarquías que ordenan las prioridades de su consumo, lo que les hace reducir las cantidades demandadas de los bienes menos prioritarios en caso de que los bienes más prioritarios eleven sus precios.

Y viceversa, cuando los ingresos se elevan, es posible esperar una elevación de las cantidades demandadas de bienes considerados menos prioritarios.

Jorge ha recibido un aumento de sueldo al lograr un nuevo puesto en la empresa donde trabaja. Ahora ha decidido que puede fumar puros, quizá una vez a la semana, cuando se reúne con sus amigos. Antes fumaba puros muy ocasionalmente, quizá unas tres o cuatro veces al año.

Otra razón por la que se mueven los precios y las cantidades demandadas de los bienes es la existencia de productos que tienen poder de sustitución entre sí. Cuando una marca de cerveza sube de precio siempre es posible cambiar a otra marca si es que ella no ha elevado sus precios.

Y si todas las cervezas han subido sus precios, se tienen opciones de consumir menos de ellas y cambiar a otras bebidas disponibles. Las demandas de los bienes están relacionadas entre sí cuando los bienes son sustitutos o complementarios, es decir, cambios en la demanda de un bien pueden producir cambios en las demandas de otros bienes, elevándolas o reduciéndolas.

Ramón acude a un bar a tomar una copa con sus amigos. Allí se encuentra con la novedad de que los precios del tequila han subido notablemente, por lo que decide tomar ron en lugar de tequila. La decisión de Ramón altera la cantidad demandada de Coca-Cola, pues toma el ron mezclado. Estaba por tomar whiskey, pero no lo hace porque el médico le ha dicho que esa bebida baja la presión.

Esto tiene una consecuencia interesante: es posible que en algún momento exista un monopolio de algún bien, por ejemplo, ron. En la superficie podrá creerse que ese monopolio podrá elevar sus precios más allá de lo razonable, cuando en la realidad es seguro que no lo podrá hacer por dos razones.

Una es la existencia de bienes sustitutos, ya que si el ron eleva sus precios los consumidores pueden cambiar a otras bebidas. La otra es la posibilidad de que otros encuentren atractivo el mercado de rones en el que una empresa ha elevado los precios y ellos pueden importarlo o hacerlo para ofrecerlo a precios más bajos (véase El Inexistente Salvajismo).

La demanda de bienes es una relación dinámica entre los precios y las cantidades demandadas. La demanda puede subir y puede bajar. Malas noticias acerca de los efectos en la salud de un bien o de una marca pueden reducir su demanda estableciendo otra relación entre precios y cantidades demandadas.

Igualmente, el lanzamiento de una nueva tecnología de computación puede elevar la demanda de ordenadores de cierto tipo. Esto es lo que hace posible que en la realidad puedan darse casos que contradigan en apariencia la idea de que existe una relación inversa entre precios y cantidades demandadas.

Elena ve las ofertas del día en el periódico. Una de ellas ofrece dos botes de sal por el precio de uno y ella decide no comprar porque tiene un bote casi lleno de sal. Otra de las ofertas dice que los vinos de mesa están a mitad de precio y decide comprar esos vinos, aunque la tienda se encuentre lejos, porque la semana siguiente tiene una cena de veinte personas en su casa y la cerveza, más barata que ese vino rebajado, que usualmente se toma en ella no cree que esté a la altura de esa cena.

Por tanto, es posible encontrar casos en los que algunos bienes elevan su precio y, sin embargo, también elevan la cantidad demandada de ellos porque la demanda ha aumentado. La explicación de este fenómeno es ese cambio en la demanda, la que se ha elevado y por ello producido una nueva curva de demanda que establece una nueva relación entre precios y cantidades demandadas para el mismo bien.

La relación esencial entre precios y cantidades demandadas es clara en una curva de demanda: cuanto más bajo es el precio mayor será la cantidad demandada.

A esta relación inversa entre precios y cantidades demandadas hay que añadir un conocimiento adicional de utilidad y que es el tamaño del impacto de un cambio en el precio en la cantidad demandada.

La pregunta básica es la de qué impacto tiene un cambio en el precio en la cantidad demandada del bien en cuestión, un efecto proporcional o no. Si un bien eleva su precio en 10% puede esperarse que el cambio en la cantidad demandada sea menor, mayor o igual a ese 10%.

Esta idea de la proporcionalidad entre un cambio en el precio y su efecto en la cantidad demandada es la elasticidad de la demanda.

Las posibilidades de elasticidad de la demanda son esencialmente tres.

La más obvia es la de una relación proporcional por la que un cambio de cierto monto en el precio produce un cambio en la cantidad demandada por un monto igual. Las otras dos posibilidades son la de producir un efecto menos que proporcional y la de causar un efecto más que proporcional.

Cuando un bien tiene una elasticidad de su demanda de 1, eso significa que un cambio en su precio tiene un efecto proporcional en la cantidad demandada; si el precio de ese bien se reduce en 5%, la cantidad demandada se eleva en 5% también.

En cambio, un bien tiene una demanda elástica cuando un cambio en su precio produce un efecto más que proporcional en la cantidad demandada; si su precio se reduce 5%, la cantidad demandada se eleva en 10%, o cuualquier otra prorporción superior a la reducción de 5%.

Un bien con demanda inelástica tiene un comportamiento contrario, pues sus movimientos de precio tienen efectos menos que proporcionales en las cantidades demandadas; por ejemplo, si el precio de un bien de este tipo se eleva 10% su demanda se reduce 2%, o cualquier cantidad inferior a ese aumento de precio.

Es posible razonar que la demanda de viajes en avión es inelástica para los negocios pero elástica para los vacacionistas; igualmente, una droga adictiva tiene una demanda inelástica para el drogadicto.

La fórmula para calcular la elasticidad de la Demanda es muy sencilla, pues se trata de dividir el porcentaje de cambio en la cantidad demandada entre el porcentaje de cambio en el precio.

Elasticidad de la demanda = %cambio en cantidad / %cambio en precio

La naturaleza en extremo cambiante de la demanda se vuelve a comprobar por la existencia de diferentes elasticidades para un mismo bien dependiendo del tiempo transcurrido, corto o largo plazo. La demanda también se ve afectada por la existencia de relaciones entre bienes de distintos tipos y, desde luego, por cambios en los ingresos de las personas y por modificaciones a cuestiones fiscales.

Esa sencilla curva que relaciona inversamente a los precios con las cantidades demandadas es en extremo compleja.

Detrás de la demanda

Necesariamente la hipótesis inevitable que está implícita en la simplicidad de la relación que establecen las curvas de demanda es la existencia de personas capaces de razonar y con libertad de acción.

La realidad de que la elevación del precio de un producto cause una reducción de su cantidad demandada es posible sólo si se piensa en la capacidad de decisión de las personas y que actúan de acuerdo a sus ideas.

Más aún, necesariamente se toma como un supuesto obligado la existencia de demandas personales como fuente original. Es decir, la unidad de base del estudio de la Demanda es el individuo, con la suma de las demandas individuales convirtiéndose en la demanda general de un cierto bien.

La experiencia diaria prueba esto al observar las diferentes reacciones de las personas ante cambios de precio en el mercado; para muchos, la reducción del precio de una cierta marca de cerveza producirá la total indiferencia, pues pueden ser personas no bebedoras, bebedoras de otro tipo de bebidas, o personas leales a otras marcas.

Detrás de los movimientos simples de las curvas de demanda pueden verse, por tanto, procesos en extremo complejos de decisión personal en cada uno de los compradores, cuyo resultado final neto se expresa en esas curvas.

Ignacio es muy leal a la marca Apple de computadoras, mientras que Antonio cuando necesita herramientas de computación se guía por el precio sólo. Ignacio es casi siempre uno de los primeros en comprar las nuevas máquinas de esa marca y compra únicamente con el distribuidor autorizado, pero Antonio visita varias tiendas para comparar precios y decidir la compra. La conducta de Ignacio es inexplicable para Antonio y viceversa.

La complicación del tema se amplía cuando se acepta que cada persona tiene curvas de demanda propias y personales, distintas a las de otras personas, y que pueden ser diferentes en el corto y largo plazo, e incluso variar dependiendo del uso de un mismo bien.

Esto equivale a decir que la definición del bien demandado es un asunto en extremo sutil, que debe ser expresamente establecido. Por ejemplo, es una realidad la existencia de demandas distintas para un mismo bien y por parte de un solo individuo.

Aunque Felipe no lo piense así, él tiene dos demandas diferentes para boletos de avión. Cuando viaja por motivos de negocio sus prioridades son las de poder decidir a última hora, llegar a tiempo y viajar cómodo. Pero cuando viaja con su familia por vacaciones, su demanda está basada en buscar tarifas bajas que le signifiquen poco gasto, ya que debe llevar a su esposa e hijos y él cubre esos gastos, no la empresa para la que trabaja.

Las personas, además, toman decisiones dependiendo de la cantidad de bienes de un cierto tipo que ellas posean. En lo general, cuanta mayor sea la cantidad de un bien poseído, menor será su valor; pero esto no es siempre cierto y eso depende del bien y de la persona.

Leonor colecciona campanas pequeñas de todas partes del mundo y decide comprar otras dos adicionales que tienen un gran costo pero que ella piensan enriquecerían su colección. Gustavo ha recibido varios regalos de Navidad durante años, lo que le ha creado una cantidad enorme de plumas fuente que no usa. Al recibir otra pluma, decide venderla entre sus amigos a precios muy por debajo del normal.

La conclusión a la que debe llegarse es que detrás de ese sencillo comportamiento de las curvas de demanda existen personas con capacidad de decisión para elegir y capacidad de elegir, que parten de realidades como la existencia de bienes limitados y que asignan valor subjetivo a los bienes.

Esto lleva a pensar en personas que tienen iniciativas, desde las muy simples hasta las más refinadas; por ejemplo, la existencia de una prohibición de entrada de cierto producto a un país generará la iniciativa de algunos para realizar actividades de contrabando de ese bien, o bien la elevación de los precios de algún artículo creará la idea en algunos de la oportunidad de hacer ese mismo producto y ofrecerlo a precios menores (lo que a su vez podrá echar a andar la imaginación necesaria para crear procesos de producción que reduzcan esos costos de producción).

Ya que la persona es la fuente original del comportamiento de las curvas de demanda, también por necesidad lógica, esas curvas se ven afectadas por el conjunto de ideas que la persona posea, incluso las más profundas y alejadas de los aspectos económicos considerados tradicionalmente.

Existen por esta razón curvas de demanda para bienes como libros de arte, pero también para publicaciones pornográficas; para alimentos sanos como las verduras, pero también para alimentos de dudoso nivel alimenticio; para drogas y para medicinas; para trabajos de limpieza y para tareas criminales.

Es lógico, por tanto, concluir que la moralidad de una demanda radica en las personas y no en la gráfica que representa a esa demanda y su comportamiento (un error con frecuencia cometido).

Flor evita la compra de embutidos que vienen empacados con materiales que no son reciclables y prefiere comprar productos de ese tipo que se piden en el mostrador. Sergio ha empezado a leer libros sobre su religión, pues piensa que eso le permitirá conocerla más a fondo.

Aplicación a otros terrenos

La Demanda representada gráficamente o en su concepción teórica rebasa los aspectos normales que suelen tratarse en cuestiones económicas.

Con facilidad puede hablarse de la demanda de queso parmesano importado y de cómo sus movimientos de precio pueden alterar la cantidad demandada de ese queso, de quesos sustitutos e incluso del consumo de pastas en casa y en restaurantes.

Pero no con tanta facilidad se suele hablar de curvas de demanda de servicios religiosos, de actos criminales y de otras conductas que no han sido sujetas de verse, al menos en parte, como posibles de estudiar con esta herramienta.

Los ingresos de las personas pueden entenderse mejor cuando se usa una herramienta como la Teoría de la Demanda. Véase, por ejemplo, Deportistas y Maestros, en Ama-Yi, para examinar el porqué una labor de gran importancia recibe compensaciones menores que otra de menor importancia.

Cuando en algún país existen prohibiciones religiosas de algún tipo será posible entender el efecto de ellas en la asistencia a servicios religiosos.

Esas prohibiciones pueden ser vistas como el precio que hay que pagar por asistir a misa y que puede ser tan bajo como la existencia de un único templo en toda la ciudad al que llegar toma una hora de camino para asistir a la sola misa permitida por el gobierno; pero también puede ser un costo en extremo alto, como la sentencia de cárcel dada a toda persona que asista a servicios religiosos de todo tipo.

Las personas decidirán su conducta sobre las bases de sus personales razonamientos; quizá los sacerdotes tengan una demanda muy inelástica de servicios religiosos y los den cualquiera que sea el costo que ello represente, al igual que los más profundos devotos.

Otros fieles, posiblemente, prefieran no enfrentar esos costos y reduzcan su cantidad demandada de servicios religiosos, pues para ellos su demanda es elástica.

Lo contrario es cierto y la reducción de costos por servicios religiosos puede ocasionar una demanda de ellos. La cercanía de los templos baja costos de transporte, al igual que la multiplicidad de horarios y sermones bien preparados por los sacerdotes.

Más aún, una reducción extrema de costos, por ejemplo, podría ser la disponibilidad de religiones nuevas que dispensaran a sus fieles de acciones de arrepentimiento e incluso condonaran actos como el exceso sexual o el consumo de drogas considerándolas actos religiosos; una religión de ese tipo abarataría los costos que imponen otras religiones.

Las acciones criminales, igualmente, son susceptibles de un análisis de su demanda. Aunque requiere un poco de imaginación, es posible concebir una demanda de robos que establecería una relación inversa entre la cantidad de robos y el precio de ellos: cuanto menor fuera el precio a pagar por robar, más robos habría.

Desde luego, es natural que el precio del robo está expresado por una combinación de las probabilidades de ser aprehendido y condenado, más lo severo de las penas impuestas. Una alta probabilidad de ser aprehendido en combinación con castigos severos podrá así verse como una manera de reducir los robos significativamente (Véase Criminales Racionales).

El punto aquí es entender que los costos de una acción, como por ejemplo el robo o el asesinato, no están expresados en dinero propiamente, sino en castigos y la probabilidad de cumplirlos.

Esta consideración apoya otra hecha antes. La naturaleza de la acción decidida no radica en el mecanismo de la Demanda sino en la persona que crea esa demanda personal. Lo que esto significa es que la moralidad de las acciones en un mercado tiene un origen en la moralidad de las personas y no en la inexistente naturaleza moral de un proceso. Son las personas el origen de las demandas.

Roberto es drogadicto y encuentra que las drogas han subido de precio, lo que le exige un gasto adicional que no tiene. Ya que no puede dejar de consumir drogas, las comprará a cualquier precio. Benito está desempleado y planea robar una tienda de conveniencia que ya conoce y que tiene escasa vigilancia por las noches, con la ventaja de que la policía de su ciudad es famosa por su ineficiencia.

Las personas tienen capacidad de pensar y sobre sus ideas tomar decisiones que significan la elección de una opción sobre el resto, decidiendo también las formas en las que sus actos se realizarán. Todas estas decisiones son tomadas de acuerdo a las percepciones de valor que cada persona posea.

Esto, por definición, incluye las creencias morales y éticas de los individuos, las que actúan como condicionantes de las opciones abiertas a toda posibilidad. La demanda de drogas y de películas pornográficas sigue los mismos mecanismos que la demanda de libros religiosos, servicios médicos y asistencia a obras de teatro; la lógica del comportamiento de la demanda es igual, lo que varía es la naturaleza de la acción demandada, que es otro terreno, no dependiente del proceso sino de la decisión personal del individuo.

Lo anterior significa que sin remedio un análisis de Demanda implique la aceptación de una idea, por vaga que sea, del ser humano, lo que no es con frecuencia reconocido. La noción de un ser humano libre, con capacidad de juicio y conciencia moral conducirá a conclusiones diferentes que el tener una noción en la que eso no sea reconocido.

Los recursos o medios disponibles en el proceso de toma de decisiones son limitados necesariamente, pues de lo contrario no sería necesaria esa toma de decisiones que en última instancia forma una demanda personal.

La más obvia de esas limitaciones es el tiempo; aún teniendo un ingreso en extremo abundante, una persona tendrá que decidir entre viajar al Oriente o hacer un viaje a Europa.

Sin que medien consideraciones de ingreso, otra persona tendrá que decidir entre quedarse en casa viendo la televisión en pijamas o complacer a su hijo menor y llevarlo a jugar un partido de fútbol.

El precio de llevar al hijo es el esfuerzo que ello tiene y con simplicidad es posible ver que conforme menor sea ese costo, mayor será la demanda de esa actividad; si el partido del hijo es a las siete de la mañana del domingo, eso quizá tenga un precio alto para el padre y un precio menor si el partido se hace a las once de la mañana (podemos suponer que si el padre es aficionado al deporte el costo desminuirá, y que se elevará si el hijo es un mal jugador).

Un costo importante en estas decisiones es el de oportunidad, que está expresado en la renuncia a la realización de otra acción; si la esposa pide a su marido que la acompañe de comprar, el marido enfrenta el costo de no realizar eso que iba a hacer en ese tiempo, quizá ver el partido final del campeonato de fútbol.

Las decisiones, por tanto, suponen valoraciones personales o subjetivas de los recursos y los medios. La decisión de permanecer casto por parte de un sacerdote necesariamente implica un costo ante la toma de una decisión entre muchas.

Esta valoración subjetiva puede explicar conductas extremas de bondad, como la consagración personal de la vida en un asilo de ancianos decidida por una persona, lo que supone la renuncia a otras opciones de menor costo y tomada sin duda por el gran peso que esa persona dio a su vocación.

Esto equivale a tener una jerarquía de valoraciones personales, prácticamente irrepetible en cada persona.

Y, dentro de esa escala de valuaciones, será lógico que la persona actúe en consistencia con ella de manera que lo que recibe las más altas valuaciones sea lo que primero se decida, que es la llamada ley de la utilidad marginal decreciente: primero se atenderá lo que más importancia tiene para la persona.

Una vez decidido lo más valorado se procederá a actuar en lo siguiente más importante y así sucesivamente.

Esto, desde luego, repercute en las decisiones temporales, como en el caso de quien en un momento determinado decide entrar a una casa a robar, pero en otro momento diferente denuncia un robo; si perdido en un bosque a falta de agua y alimento esa persona fuerza la cerradura de una cabaña, una persona puede pensar que así salvará su vida, que es uno de sus mayores valores, pero en otra ocasión puede avisar a la policía de un robo que ha visto cometer a otro quitando un radio de un coche.

Si muchas de las necesidades que se tienen están satisfechas, resulta natural que la persona tome decisiones que a los ojos de quien no está en el mismo estado resulten chocantes por su refinamiento.

Lo que sucede es que esas dos personas están en niveles diversos de satisfacción de sus prioridades; para uno de ellos es escaso el problema de la satisfacción de sus necesidades de comida, bebida, vestido, vivienda, diversión, mientras que para el otro su ingreso a duras penas alcanza para comer.

Aún más, dos personas en exactamente las mismas condiciones de satisfacción de sus necesidades más básicas y con ingresos sobrantes idénticos tomarán decisiones siguientes de muy diversa naturaleza; quizá uno opte por elevar su limosna al templo de su predilección y el otro decida gastar su dinero en francachelas.

El medio ambiente en el que opera esa conducta personal supone obligadamente la existencia de la posibilidad de decisión humana, circunstancias que permitan la acción de elegir y crear esas demandas personales.

Visto del otro lado, no puede hablarse de Demanda en donde no exista la posibilidad de elegir por parte de la persona. Más aún, dada la complejidad impresionante de las fuerzas que crean las demandas y el hecho de que cada persona cree sus propias demandas crea la imposibilidad física y total de originar demandas que no sean las reales, es decir, creadas por los mismos individuos y modificadas por ellos mismos.

No existe ni podrá existir un instrumento que permita el conocimiento instantáneo de las consideraciones y valuaciones que hace cada persona en cada momento para su toma de decisiones.

Si la fuente de la creación de la Demanda es la decisión personal en un momento específico, bajo circunstancias concretas, con valoración subjetiva, resulta imposible que un tercero pueda recrear la acumulación de esas demandas personales porque no tiene acceso a la información que en cada persona produce su Demanda personal.

Por tanto, resulta un imposible físico la planeación centralizada de la actividad humana a menos que se parta del supuesto que el ser humano no es libre y sobre él deba imponerse un patrón de decisiones y acciones dictadas por terceros.

Finalmente, el punto en el que debe insistirse es el de que detrás de esa simple curva de Demanda existen complejos razonamientos personales y subjetivos de individuos autónomos que poseen escalas de valores y actúan en momentos diversos.

La Demanda de drogas, por tanto se puede explicar por medio de gráficas económicas, igual que la producción de esas sustancias puede entenderse por medio de explicaciones químicas; ni la economía ni la química pueden ser culpadas éticamente de lo que han producido.

La misma Química y la misma Economía han servido para crear alimentos, tecnología y medicinas. Véase La persona y sus herramientas, para explorar la noción de la persona en la economía.

Casos y situaciones

La comprensión de un concepto como el de la Demanda siempre es mejor si se acude a casos imaginados o reales, comunes o extremos, que aclaren ideas. La siguiente es una breve colección de casos sencillos de Demanda.

Un condón para prevenir que termina fomentando

Una campaña para prevenir embarazos entre jóvenes incluye el reparto gratuito de condones en las escuelas de educación superior. El objetivo de los organizadores de la campaña es reducir el contagio de enfermedades sexuales. ¿Logrará esa campaña su objetivo?

No hay una respuesta definitiva, pero es posible razonar que el reparto gratuito de condones reduzca en algún monto el costo de las relaciones sexuales entre los jóvenes y en esa proporción se eleven los contactos sexuales; no sólo por el hecho de no pagar el precio comercial del condón, sino por el hecho de tenerlo disponible de inmediato.

Un mayor número de relaciones sexuales puede derivar en una elevación del contagio de enfermedades.

Un ejemplo hipotético, antes de la campaña sólo el 26% de los jóvenes eran sexualmente muy activos y de ellos la mitad poseían alguna enfermedad sexual; después de la campaña de regalo de condones el número de jóvenes sexualmente muy activos se elevó a 35% de los que un tercio reportaron una enfermedad sexual.

Esto significa que el reparto de los condones prácticamente no tuvo efecto en el número de jóvenes con enfermedades sexuales, 13% antes y poco menos de 12% después.

Quizá el dinero gastado en esa campaña hubiera sido mejor gastado en otro tipo de campaña; peor aún, se elevó el número de jóvenes sexualmente activos y no se sabe cómo responderán ellos en las situaciones en las que no dispongan de condones gratuitos. Véase Tiros Por La Culata, para profundizar en los efectos colaterales de las decisiones gubernamentales.

Un restaurante en extremo caro

L’Arvintage es un restaurante considerado de los más caros de la ciudad. Sus precios son verdaderamente elevados y a pesar de eso siempre está lleno. Existen otros restaurantes en la misma ciudad que para muchos son mejores en la calidad de sus platillos y tienen precios muy accesibles.

¿Está loca la gente que va a L’Arvintage cuando hay otros sitios mejores?

No, no están locos; para algunas personas su demanda de L’Arvintage es inelástica y a pesar de que el restaurante eleve sus precios ellos seguirán yendo a él con una frecuencia no afectada proporcionalmente por la elevación de los precios.

En cambio, para otras personas su demanda de L’Arvintage es muy elástica y dejaron de ir al restaurante en cuanto vieron que elevaba sus precios demasiado. ¿Gana más ese restaurante que otros similares que tienen precios menores?

Seguramente, si tienen los restaurantes igual número de comensales diarios y si los que van a L’Arvintage gastan más en promedio eso significa mayores ingresos para su propietario y, si tienen todos gastos similares, L’Arvintage debe ser un buen negocio en términos de utilidades.

Las tres cervecerías

En un país hay tres cervecerías, las únicas que fabrican esa bebida. Dos de ellas deciden fusionarse en una sola empresa, lo que ocasiona quejas de personas que alegan la natural consecuencia de tácticas monopólicas que eleven el precio de la cerveza en ese país.

¿Saldrán realmente afectados los consumidores con precios más altos debido a esa concentración de empresas?

No necesariamente, y lo más probable es que no. Si los consumidores de unas marcas ven que ellas suben de precio ellos pueden optar por consumir menos y cambiar de marca a las de la otra cervecería; la empresa fusionada no tendrá la libertad de mover sus precios pues eso tendría la consecuencia de perder clientes ante su rival.

Más aún, al existir cervezas importadas de diversos precios, la empresa fusionada ve aún más limitada su opción de subir precios a su discreción.

En caso de que fuera una cervecería operando con restricciones de entrada a otras marcas de cerveza, aún así una elevación de precios ocasionaría una reducción de sus ventas y la emigración de sus clientes a otros productos, por ejemplo vinos. (Véase El Inexistente Salvajismo).

Un vaso de agua y una copa de brillantes

Un vaso lleno de agua, si se vendiera en un restaurante, tendría un costo tan bajo que en muchos casos no se cobra a los comensales (aunque si tiene un precio el agua embotellada).

Sin embargo, en una joyería una copa llena de brillantes tendría un precio de venta muchos millones de veces mayor al del vaso de agua.

La aparente paradoja de un bien en extremo barato sin el que no es posible vivir contra otro bien de muy alto precio sin que el que es perfectamente posible sobrevivir se explica en buena parte por la abundancia relativa de cada uno de esos bienes.

Sin agua no se puede vivir, pero hay mucha muy disponible y su precio es el del vaso que ya no puedo beber por haber bebido antes toda el agua que deseaba y más.

El precio de cada brillante es el del brillante que se me ofrece cuando ya tengo una buena cantidad de ellos; los brillantes no me sobran a pesar de que tenga muchos, pues sé que son como dinero en efectivo que en pequeños paquetes puedo transportar e intercambiar por otros bienes.

Se ha dicho que el precio de los brillantes sería igual al del agua si existieran ríos y presas llenas de brillantes. Tal vez. En una situación extrema, sin agua en un desierto y con eminente riesgo de muerte será perfectamente natural cambiar un brillante por una cantimplora llena de agua que permita llegar al oasis siguiente.

Cobrar o no cobrar por el agua

Muchos gobiernos tienen la idea de que elevar los precios del agua no tendría efecto en el consumo que las personas hacen de ese bien y de que una elevación de ese precio les acarrearía una gran impopularidad entre los votantes.

¿Es cierto eso? No y sí. De seguro hay un costo político en el gobierno que decide elevar el precio de cualquier bien público.

Pero el agua no es más que otro bien que no puede estar exento del principio de la Demanda: cuando su precio se eleva, la cantidad consumida se reduce. Visto de otra manera: en donde el agua tiene un mayor precio va a existir un consumo menor que donde ese precio sea bajo.

Hay cambios de precio tan pequeños que la demanda no se afecta ¿o sí?

Si se decreta un impuesto a los boletos de cine equivalente a un peso, cuando el costo promedio de ese boleto es de 30 pesos, sin duda el aumento es muy pequeño. ¿Afectará al comprador ese tan pequeño impuesto? Definitivamente sí, aunque en proporciones muy variables.

El fanático del cine que ve una película por semana verá su ingreso reducido en unos 50 pesos al año y eso afectará a los bienes en los que hubiera gastado esos pesos; podemos suponer que su demanda de boletos de cine es relativamente inelástica, por lo que su asistencia al cine no se reducirá proporcionalmente al cambio en el precio.

Igualmente, podemos suponer que quien asiste al cine dos o tres veces al año lo seguirá haciendo.

Habrá otros casos, como el de las personas que van al cine en familia, lo que representa un gasto total mayor y posiblemente altere el número de veces que se va al cine.

Otra posibilidad es la caída de la asistencia al cine en las salas de mayor precio y una elevación de la asistencia en las salas de menor precio; quizá se eleve la renta de películas que no ha sido alterada en su precio por impuesto alguno.

El punto central es comprender que los movimientos en los precios tienen efectos en las decisiones de las personas quienes toman decisiones ante esas realidades acomodándose a su mejor conveniencia y que eso altera la distribución del gasto: habrá sin remedio bienes afectados negativamente, los de una menor jerarquía con relación al cine.

La suma de todo el dinero recolectado dará una buena idea de la modificación que ha sufrido la economía por causa de ese pequeño impuesto.

Los mecanismos de seguridad de los coches producen más accidentes

Los automóviles nuevos están llenos de artefactos diseñados para la seguridad de los ocupantes; bolsas de aire, volantes colapsables, barras de acero en las puertas y muchos más. ¿Protege eso en verdad a los ocupantes y así se tienen menos muertes por accidentes automovilísticos? No necesariamente.

Si vemos la lógica de la Demanda es posible ver que esos artefactos reducen el costo o riesgo de manejo imprudencial, lo que puede ocasionar que la cantidad “demandada” de manejo imprudencial se eleve resultando en una cantidad mayor de accidentes con resultados no fatales para los conductores, pero sí para los peatones.

Por el contrario, si los artefactos de seguridad protegieran al peatón, quizá con bolsas de aire para reducir la severidad del golpe, sería posible pensar en que el peatón tendría una cantidad menor de precaución al cruzar las calles.

En uno de los libros de la bibliografía se menciona que el colocar una punta de lanza en el volante apuntando directamente al corazón del conductor sería una manera muy clara de elevar los costos de la conducción irresponsable y reducir su cantidad demandada. Véase Zanahorias Universales para explorar la idea de la decisión humana ante circunstancias diferentes.

La reventa de boletos

Es una posición establecida, sin mucha justificación, el creer que la venta de boletos de espectáculos en un mercado secundario constituye un acto reprobable. Y es una sana costumbre poner en tela de juicio esa posición. Véase Reventa de Boletos.

Bibliografía

Las siguientes obras fueron consultadas para la elaboración de este texto y son lecturas altamente recomendadas.

Lecturas de Economía Política. Jesús Huerta de Soto (ed.) Unión Editorial.1986. En especial Método y Crisis en la Ciencia Económica, de Jesús Huerta de Soto.

Price Theory and Applications. Steven S. Landsburg. Southwestern Thomson Learning. 2002. Un muy buen libro de texto sobre el tema.

Economic Logic. Mark Skousen. Skousen Publishing Co. 1999. Otro muy buen libro de texto que es una gran introducción al tema de la Economía.

The Armchair Economist, economics and everyday life. Steven Landsburg. The Free Press. 1993. Un divertido libro de razonamientos económicos que es de gran ayuda para el lego en la materia.

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2 Comentarios en “La Demanda”
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  2. Fiambreras y mercados: una historia moral | Instituto Acton




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