Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuestión de Elegir
Eduardo García Gaspar
25 junio 2004
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Volví a encontrarme con la idea de que los criminales son gente enferma que no necesita de castigos, sino de atención médica.

Eso fue en un programa de radio, en el que esa persona insistía en hacernos ver que, al final de cuentas, es lo mismo ser un ladrón o un secuestrador que un tipo que es atacado de apendicitis o pulmonía.

Eso me parece un error. Sí, en cierto sentido, los criminales son gente enferma en cuanto a que han realizado acciones indebidas y violado las normas y leyes de la sociedad en la que viven.

Un ladrón, por ejemplo, ha violado el principio de la propiedad privada y las leyes que apliquen a su caso particular en el país en el que vive. Pero esa idea de “enfermedad” es muy diferente a la de tener tres úlceras estomacales simultáneas.

Examinando la conducta del ladrón podremos ver esto más sencillamente. El tipo este ha seleccionado una acción concreta y específica, la de entrar a una casa y robar lo que encuentre de valor. Es así que un cierto día a una cierta hora, con toda intención, usando alguna ganzúa comprada para ese propósito, fuerza la puerta de la casa seleccionada, entra a ella y escoge los artículos que se llevará con él.

En toda esa serie de actos, hay decisiones expresas y voluntarias.

Podría haber seleccionado otra casa, usado otra herramienta, escogido otros artículos… pero sobre todo, podría haber decidido no robar.

Si vemos al mismo ladrón, pero ahora en otro plan, veremos con facilidad que su voluntad jugará un papel nulo en sus enfermedades. No será objeto de su elección personal el padecer piedras en la vesícula o en los riñones.

La diferencia es abismal. Me ayudo con el pensamiento de un autor, G. K. Chesterton, que en su libro Ortodoxia, dice lo siguiente,

“Si me hablas de sanar a un cura disoluto igual que de aliviar un cura asmático, hé aquí lo primero que se me viene a los labios: ponme gentes que quieran ser asmáticas, así como las hay que quieran ser disolutas. Un hombre puede curarse de sus dolencias y seguir metido en la cama. Pero si lo que quiere es redimirse de algún pecado, entonces, no seguirá tendido…”

Claro, Chesterton habla de religión y aquí yo estoy hablando de leyes civiles, pero la esencia es igual. Las enfermedades no se deciden, pero los actos contrarios a las leyes, como las acciones de ladrones, asesinos, secuestradores y demás, sí son decididas voluntariamente por quien las realiza.

De aquí derivo que sus tratamientos deben ser diferentes y no iguales. Una enfermedad tiene su remedio en medicinas y otras intervenciones de los médicos.

Pero, los criminales no pueden tener ese tratamiento, sino uno que castigue una acción deliberada, lo que generalmente es una pena corporal, como un término de prisión y multas. La sabiduría de estas penas es muy grande, pues ellas son consideradas en el proceso de decisión del criminal antes de realizar su delito.

Me parece muy obvio decirlo, pero es natural que el criminal haga un análisis de riesgos. Uno de esos riesgos es el del castigo que recibirá en caso de ser capturado y juzgado culpable, riesgos a los que ve como incentivos negativos, en idioma de economía más moderna, pero que coincide con la esencia de lo que dice Chesterton.

En pocas palabras, un proceso de decisión que lleva a la comisión de un acto delictivo tiene como remedio más efectivo el riesgo de prisión que el riesgo de ser tratado como inocente y llevado frente a un médico.

Y sí, desde luego, entre los criminales encontraremos casos que pueden ser clasificados dentro de lo que podemos considerar patológico, como un asesino en serie. Aún en este caso, está justificada la prisión, quizá tanto como castigo como previsión de crímenes potenciales.

La idea que propongo a los lectores es sencilla. Si la idea es la de reducir los crímenes y con eso tener el objetivo de mejorar a la comunidad por medio de la protección de los bienes y personas que allí viven, resulta más prometedora la idea de tratar al criminal como alguien que realizó una acción voluntaria, ilegal e intencional, y que debe tener un castigo consistente con el de una acción voluntaria.

Tratar a los criminales como enfermos, mucho me temo, tendería a convertirse en un incentivo positivo que elevaría a la criminalidad por ser el remedio equivocado.

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