Lecciones de la prohibición de bebidas alcohólicas. Una intervención gubernamental en la vida de las personas que tuvo las más loables intenciones. Y registro graves y serias consecuencias colaterales que todo lo empeoraron.

El caso de la Prohibición en los EEUU ha sido con frecuencia citado como un paralelo de la nueva prohibición, la de las drogas.

El fracaso de la primera de ellas, sin duda alguna, puede ayudar a entender a la nueva. Y ya que poco conocimiento reciente he encontrado acerca de la Prohibición, creo que vale la pena recordarla.

Para hacerlo con una base sólida he acudido a una publicación del Cato Institute realizada en 1991, como el número 157 de su serie policy analysis, bajo el título Alcohol Prohibition Was a Failure.

Lecciones de la Prohibición: datos e información

Inicio y objetivos

Fue aplicada en los EEUU de 1920 a 1933. Sus objetivos eran diversos. Buscó reducir crimen, disminuir corrupción y elevar bienestar.

Quiso evitar problemas sociales, mejorar la salud y elevar calidad de vida. Todas las buenas intenciones que a usted se le ocurran estaban contenidas en esa medida de prohibir a las bebidas alcohólicas.

«La ley seca, entendida como la prohibición de vender bebidas alcohólicas, estuvo vigente en los Estados Unidos entre 16 de enero de 1920 y el 6 de diciembre de 1933. Fue establecida por la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos y derogada por la Enmienda XXI». es.wikipedia.org

Ley y supuestos

La medida tomada fue legal. La coerción del gobierno se utilizó para impedir que las bebidas alcohólicas fueran producidas y vendidas. La población debía renunciar a esos productos.

Necesariamente la hipótesis de la medida suponía que la medida legal y el castigo dado a quienes infringieran las disposiciones acabarían con el hábito de consumo. Y terminando con ese hábito, la sociedad humana sería perfecta o al menos mejoraría sustancialmente.

La medida fue casi total, sin discriminación de tipos de bebidas, lugares, personas. Simplemente el consumo fue prohibido. Sin embargo, las excepciones tuvieron su resultado particular como se verá adelante.

Medición de sus efectos

Las intervenciones gubernamentales como esa con objetivos claros tienen la ventaja de poderse evaluar midiendo algunas variables antes y después de su implantación.

La lógica de operación diría que la medida es exitosa si, por ejemplo, los resultados posteriores muestran una reducción en el consumo del producto. Y que adicionalmente, esa reducción no causa efectos colaterales imprevistos de mayor gravedad.

Además, debe considerarse que la medida partía de otra hipótesis. El consumo de alcohol es causa de males que se pretenden remediar, como el crimen, la desintegración familiar, el ausentismo y el gasto en salud.

Expectativa inicial y posterior

Un razonamiento económico simple indicaría que al menos en el principio, la cantidad de bebidas prohibidas disminuiría. Un efecto natural de precios. El costo de las bebidas se eleva y la cantidad demandada se reduce.

En este caso como en muchos otros, el precio no debe interpretarse exclusivamente como el monto de la cantidad de dinero desembolsada al pagar por el producto. Debe considerarse el costo total, que incluye el trabajo y tiempo dedicado a conseguir el producto, y el riesgo de castigo legal por consumirlo.

El primer efecto de la prohibición de cualquier producto es ese, pero no basta quedarse en ese primer acto de la historia. La oferta y la demanda también juegan en las siguientes etapas: cuando un producto eleva su precio la oferta se eleva.

En otras palabras, resulta de interés y beneficio para quien lo puede hacer, el entrar al negocio del producto que ha elevado su precio.

Por tanto, con buen nivel de confianza se podía haber predicho lo siguiente. Inicialmente las bebidas alcohólicas disminuirán su consumo, pero en una segunda etapa la oferta se elevará y los precios se reducirán produciendo un aumento del consumo.

No es posible estimar las cantidades de las disminuciones y elevaciones, pero sí es factible ver que la medida tendrá efectos colaterales que podrán ser contraproducentes.

La realidad: las lecciones de la Prohibición

Antes de la Prohibición

Las cifras mostraban una caída en el consumo de alcohol. El consumo per cápita de galones de alcohol neto era poco más de 1.6 galones en 1910.

En 1919 ese consumo se había reducido a la mitad, poco menos de 0.8 galones. Cabe la posibilidad de que sin la Prohibición esa tendencia hubiera mostrado un consumo aún menor en los años siguientes.

Una de las lecciones de la Prohibición: deben examinarse los datos antes de tomar la decisión de modificar las leyes.

La Prohibición inicia en 1920

Después de la Prohibición

El consumo per cápita en 1921 es de poco más de 0.2 galones. La prohibición en EEUU producía el primer efecto esperado en teoría. El consumo se redujo notablemente en el inicio.

Al año siguiente, en 1922, el consumo se elevó más o menos al mismo nivel anterior y fue poco más de 0.8 galones. En 1932 fue de cerca de 1.2 galones y en esos niveles se mantuvo hasta 1929 —que son las cifras que tengo disponibles.

El resultado neto fue una elevación del consumo. Un año antes de la Prohibición el consumo era de menos de 0.8 con tendencia a la baja y en 1929 era de 1.3 galones, con una muy ligera tendencia a elevarse.

El aprendizaje de la ley seca

Es como una obra de teatro en dos actos.

En el primero, bajo los conceptos más nobles que se quiera utilizar, se logra que una autoridad califique de delito el consumo y producción de un producto. La consecuencia inmediata es la reducción real de su consumo y la medida puede recibir aplausos.

En el segundo, la oportunidad de negocio es aprovechada por delincuentes atraídos por grandes márgenes de utilidad y el consumo crece. La ciudadanía se da cuenta que la medida no funciona y que puede violar la ley.

Las lecciones, hasta aquí, parecen claras, la Prohibición no funcionó en el objetivo que perseguía. Y más aún, tuvo efectos contrarios al elevarse el consumo del producto que deseaba anular.

Pero otra de las lecciones de la Prohibición es que los efectos imprevistos no paran allí.

Consecuencias no intencionales

Los fondos gubernamentales necesarios para aplicar la ley se dedican a una medida sin resultados.

El documento citado muestra los datos de un análisis que indica que el presupuesto gubernamental dedicado a la Prohibición fue de 4.4 millones de dólares a 13.4 millones durante los años 20, cuando la guardia costera gastó en eso 13 millones al año.

Los gastos y el personal dedicados a aduanas se elevaron también.

Al desperdicio de recursos debe añadírsele un efecto que me parece poco conocido aunque sea obvio. Ha sido llamado Iron Law y establece que cuanto más intensa es la prohibición de un producto mayor será la potencia que este tenga, mayor adulteración sufrirá y no será consumido bajo situaciones normales.

Lo que eso significa es que pueden preverse consecuencias como las siguientes. Más lecciones de la prohibición.

• El consumo se moverá de bebidas de bajo contenido de alcohol a bebidas de alto contenido. Eso fue lo que sucedió. Es natural, porque después de todo resulta más jugoso llevar y fácil de ocultar 1,000 litros de whisky en un camión que 3,000 de cerveza.

El consumidor se ve forzado a cambiar su consumo a productos de más potencia y que tienen menores precios. La potencia promedio del producto fue mayor que cuando no existía la prohibición.

• La fabricación y la distribución deben ocultarse y realizarse en instalaciones de escasa higiene a cargo de personas sin preparación. La consecuencia es bebidas con potencial de daño en la salud de las personas, a veces letal.

El documento cita cifras que muestran muertes cuadruplicadas en número entre 1920 y 1925, por causa del envenenamiento por alcohol —de 1,064 a 4,154.

Más efectos no intencionales de la Prohibición

Los efectos colaterales no paran en lo anterior. De la Prohibición se aprendió otra de sus lecciones, ella sirvió para promocionar la bebida, hacerla atractiva y ponerla al alcance de menores de edad.

Hay reportes de más del doble de speak easies o pequeños bares clandestinos, que los bares cerrados por la Prohibición.

Las bebidas autorizadas, como los vinos sacramentales y los tónicos medicinales, se volvieron más fuertes y, naturalmente, sus ventas subieron. Más aún, se creó un incentivo para los sustitutos del alcohol con productos como marihuana y narcóticos.

Una de las causas esgrimidas en defensa de la Prohibición fue la reducción del crimen. Una de las grandes lecciones de la Prohibición fue que en realidad sucedió lo contrario.

La tasa de homicidios se elevó de 5.6 por 100,000 habitantes en ciudades grandes a 8.4. Los presupuestos de los departamentos de policía se elevaron.

La población en prisiones en 1920 era de aproximadamente 1,100,000 —dos años después había subido a más o menos 1,600,000.

La tasa de homicidios, vista panorámicamente, revela una caída sustancial a partir de 1933, dando reversa a una tendencia ascendente desde incluso antes de la Prohibición. Delitos como robo, asalto y similares fueron dramáticamente reducidos cuando se dio de baja a la Prohibición.

La Prohibición, desde luego, produjo corrupción en todos los niveles de gobierno y dio financiamiento a organizaciones criminales que florecieron y pudieron entrar a otras actividades. De esta experiencia puedo derivar varias conclusiones.

De las lecciones de la Prohibición de alcohol a la de las drogas

La nueva prohibición, la de las drogas, parece estar funcionando como la anterior, con todos sus efectos colaterales indeseables —con un serio agravamiento, lo está haciendo a escala mundial y no de un sólo país.

Las semi-prohibiciones no necesariamente logran sus objetivos. Me refiero a las iniciativas de elevar los precios de cigarrillos y alcohol para reducir consumo, y a prohibiciones como las de casas de juego que son violadas consistentemente.

Sin embargo, la más importante de las conclusiones es entender que las decisiones de la autoridad deben ser evaluadas antes de ser tomadas en términos de sus efectos colaterales.

Y si la medida no da resultados, los gobernantes deben tener el valor para cancelarla.

Y unas cosas más…

[Nota del 12 de septiembre de 2005]

El libro Modern Times de Paul Johnson trata este tema una de sus partes de la que tomo alguna información (Revised edition, Harper Perennial, 1992, pp. 211 y 213).

  • En Washington DC había antes de la Prohibición 300 cantinas registradas, después, 700 clandestinas proveídas por 4,000 bootleggers.
  • Massachusetts tenía 1,000 establecimientos legales, después 4,000 ilegales más otros 4,000 sólo en Boston.
  • En Detroit había 20,000 establecimientos ilegales.

El punto central es el entender que las lecciones de la Prohibición.

Ayudó al crimen, a que que delincuentes tuvieran acceso a fondos que le permitieron tener una fuente de financiamiento que le ayudó a profesionalizarse y refinarse. Tanto que Johnson lo califica como el lanzamiento del crimen organizado en los EEUU, con consecuencias que hoy se sufren, como la de los cárteles de las drogas, una industria realmente globalizada.

La Prohibición al igual que la Guerra a las Drogas son al final de cuentas eso que se llama “ingeniería social”. Son intentos miopes de intervención estatal y de consecuencias terribles, que llegan a asociarse con actos de terrorismo.

Otro de esos casos en los que los sueños tontos de querer tener un mundo perfecto se convierten en pesadillas reales.

[La columna fue revisada en 2019-08]