Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Severo Cambio
Eduardo García Gaspar
24 mayo 2004
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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De hace algún tiempo para acá, el asunto de las familias formadas por homosexuales ha cobrado una importancia enorme, especialmente desde los fallos judiciales que permiten esas uniones como matrimonios equivalentes a los tradicionales.

La cuestión va bastante más allá del plano de igualdad de derechos y de discriminación en el que se ha manejado. Merece ser examinado.

Como quiera que se le vea, esas uniones de personas del mismo sexo significan en realidad una redefinición de la familia y teniendo la familia un papel básico de cimiento social, todo lo que intente modificarla debe ser atendido con agudeza y precaución.

Suena razonable, por tanto, ver lo que está queriendo ser reformado.

En resumen, la tradición milenaria ha entendido al matrimonio como una sociedad especial formada por un hombre y una mujer con el propósito central de formar una familia.

La definición es expresa en el sentido de que se unen un hombre y una mujer y es apoyada por preceptos religiosos, costumbres y leyes, con la condición de que la familia es una institución anterior al estado, de la que éste, por tanto, depende.

Como cimiento de la sociedad, la familia es el medio por el que los hijos son alimentados, mantenidos y educados, dentro de una casa en la que ambos padres se complementan uno a otro.

Sin duda, esa estructura familiar es de beneficio para la sociedad, como lo muestran estudios en los que los hijos de familias tradicionales son mejores adultos que los hijos con familias que padecen problemas.

Con esto en mente, ahora se presenta el reclamo de homosexuales que entienden como discriminación el hecho de que ellos no pueden formar familias y que eso viola sus derechos, lo que, dicen ellos, equivale a una discriminación muy similar a la de prohibir matrimonios interraciales.

Este argumento no parece válido, por ser el homosexualismo una decisión voluntaria no igual a la de haber nacido de cierta raza y por tener la familia una definición esencial que implica la unión de dos personas de sexo diferente.

Es decir, lo que los matrimonios homosexuales solicitan es una redefinición total del cimiento de la sociedad. Se trata de un cambio de consecuencias impredecibles, solicitado sobre una base muy endeble.

Las posible consecuencias de esto no las sabemos con exactitud, pero existen datos sobre los efectos en los hijos de familias no tradicionales, los que apuntan a la conveniencia de criar a las generaciones futuras bajo la idea de la familia habitual.

Sin embargo, es posible pensar en algunas consecuencias, incluso en campos fuera de la familia. Por ejemplo, quienes sostengan ideas tradicionales, podrían sufrir limitaciones en su libertad de expresión para sostener sus ideas, contrarias a esos matrimonios, e incluso podrían generarse presiones para aceptar homosexuales en instituciones que rechazan esa conducta, como iglesias y escuelas, por ejemplo.

El asunto es en extremo serio, por las consecuencias que puede tener.

Si algunos ecologistas manifiestan temor por los efectos de plantas genéticamente mejoradas y por ello se niegan a aceptarlas, este asunto es similar pero elevado a la n potencia. Se trata literalmente de un cambio total en el cimiento de la sociedad, con efectos colaterales que llegan a terrenos alejados, como por ejemplo, seguros cambios en la educación y, desde luego, polarización de personas con diferentes creencias en un asunto en donde hay convicciones fuertes.

No es, por tanto, un sencillo asunto de igualdad de derechos. Si lo fuera, tendría que legalizarse también la poligamia para respetar la opinión de quien cree en ella.

Tampoco se trata de reconocer lo que de hecho existe y se da en la sociedad, porque con ese razonamiento tendría que legalizarse también el tener amantes. Creo que el punto de esta segunda opinión es claro.

El asunto de la legalización de matrimonios entre personas del mismo sexo no es una cuestión de respeto a derechos personales, sino la destrucción del cimiento de la sociedad misma al modificar a la familia que es la institución que cuida y educa a las generaciones que formaran a las sociedades del futuro.

Las consecuencias de esa modificación son enormes, complejas y muy dispersas. Lo que sabemos de esas consecuencias es claramente negativo. Nada hay que indique que esas uniones produzcan ventajas. Todo lo contrario.

Post Scriptum

Un artículo de la Heritage Foundation, en fecha reciente, señala lo siguiente,

“The most stable and secure household, the available research shows, is the intact family. Therefore, the state has an interest in protecting the intact family and we should be cautious about facilitating other forms of household, the effects of which are either deleterious or unknown.

“Compared with counterparts in other common household arrangements, adolescents in intact families have better health, are less likely to be depressed, are less likely to repeat a grade in school, and have fewer developmental problems, data show.

“By contrast, national surveys reveal that, as a group, children in other family forms studied are more likely to experience poverty, abuse, behavioral and emotional problems, lower academic achievement, and drug use.

“The data on the homosexual household is extremely limited. We know relatively little about the long-term effects of homosexual relationships on partners and even less about the children that will be raised in such households. Such an absence of data should give us pause before reconfiguring the basic institution of society.

“Thus we should study the results of the current experiment in homosexual households with children rather than forcing communities at large to accept, by law, same-sex marriage and parenting. We should also further explore what it is about marriage that sets the intact family apart in the current research.”

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