Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pobreza y Desarrollo
Leonardo Girondella Mora
5 octubre 2005
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Las noticias han sido buenas para México de acuerdo con las cifras del Banco Mundial. De acuerdo a la medición adoptada, en 2000 un 24 por ciento de los mexicanos vivían en pobreza extrema, la mayor parte en zonas urbanas.

Cuatro años después, la cifra era de menos del 18 por ciento. En términos absolutos, la reducción es de algo menos de 6 millones de seres humanos en esa categoría. Los datos, por supuesto, han sido politizados.

Es decir, negados por quienes tienen ambiciones políticas contrarias a las del presidente Fox. Y también, alabadas alocadamente por quien favorece al presidente actual de México. Razonablemente podemos tomarlas como indicativas de que algo bueno está sucediendo —y de allí partir a consideraciones necesarias dadas las absurdas creencias que al respecto se tienen.

No es infrecuente que algún socialista asegure que la pobreza la cause el imperialismo, el capitalismo, el liberalismo o cualquier otro “ismo” del que no sea partidario. Esta opinión es muy llana y primitiva al poner atención en todo menos en lo que la pobreza es.

El más cándido de los seres humanos entiende que la pobreza es una condición que sufre quien tiene pocos ingresos —igual que la riqueza la tiene quien posee ingresos sustanciales.

La pobreza es un problema de bajos ingresos personales. La solución, de acuerdo con eso, es elevar los ingresos de quien gana poco. El quid es ése, qué hacer para elevar los ingresos del pobre para que deje de serlo.

La disminuida visión socialista propone una solución tonta: quitarle al que tiene más para darle al que tiene menos —pero hay una resolución mejor, elevar los ingresos del pobre sin quitarle nada a los demás.

Es una proposición mejor, pues no tiene necesidad de quitarle nada a otros. La proposición parte de la idea de pensar qué es lo que hace que el pobre tenga poco ingreso —la respuesta es asombrosamente lisa.

Una persona de bajos ingresos es una que no ofrece mucho de valor a los demás y por eso es que ellos no intercambian sus bienes o servicios con los de ella. Los ejemplos abundan, como el del barrendero o el limpiador de coches que no tienen preparación para hacer esas cosas que los demás valoran y realizan lo que muchos otros hacen —en desemejanza con el neurocirujano cuyo trabajo es muy bien pagado.

El pobre, bien analizado, lo es porque su persona no es capaz de ofrecer bienes bien valorados por el resto. La gran ventaja de esta forma de entender la pobreza es que ella ofrece una solución, que es el incremento del valor de lo que el pobre pueda ofrecer. Y así se justifica una solución parcial obvia, la del incremento de la educación del pobre, para capacitarlo y añadir valor a su trabajo.

No es una idea nueva y es mucho mejor que las cegatonas propuestas socialistas para emprender cruzadas de redistribución de riqueza e ingreso. Para probar esta argumentación bastaría con colocar en una gráfica el nivel de educación promedio de varios países y su ingreso promedio —la asociación entre ambas variables sería muy clara: la educación eleva el ingreso y remedia la pobreza. Pero no es todo lo que puede hacerse. Existen otras consideraciones.

La más primordial de todas es el crecimiento económico de la nación, su prosperidad ascendente que sólidamente se mueve hacia arriba. La economía del país debe crecer para que la pobreza sea disminuida. En una noticia de hace ya tiempo, un socialista extraviado en sus ambigüedades, argumentaba que el crecimiento económico no era la solución —desde luego que no es la solución absoluta, sino una condición absolutamente necesaria.

Es un asunto de cordura mínima: cuando la economía está en crisis se crea pobreza y lo opuesto. La lección es inocente y da vergüenza repetirla —quienes se oponen a medidas que eleven el crecimiento económico están creando miseria y eso es lo que hacen muchos socialistas con sus terquedades ideológicas.

Dentro de una situación de prosperidad creciente existirán más recursos destinados a programas de solución de pobreza, como el de la educación que ya mencioné.

Y también para otros, como el de la ayuda inmediata a la pobreza extrema, el de salud, el de fundaciones caritativas y, por supuesto, la creación de más infraestructura en comunicaciones. La pobreza es un problema importante, tanto que no puede dejarse en las manos de los gobernantes solamente.

Existe en este terreno un descarrío inclemente que nos ha acostumbrado a la idea de que la pobreza es un asunto de gobierno nada más y que los ciudadanos nada pueden hacer para remediarla —en otras palabras, aseguro que el combate a la pobreza debe admitir a la iniciativa individual de ciudadanos particulares, cuyos recursos conjuntos son muchos mayores de los que un gobierno pueda reunir.

Esta precisión suele pasar ignorada para los socialistas que piensan que su gobierno es el único que puede hacer caridad — con dinero ajeno. Mi tesis es opuesta: la mayor parte de la ayuda a los pobres debe ser realizada por particulares, como antes se hacía.

Otra precisión que deseo hacer es el de las mediciones de pobreza. Todas las mediciones son arbitrarias y las de pobreza no son la excepción. Esto es lo que ocasiona el tonto argumento que nace de diferentes cifras de pobreza —hay reportes serios que dicen que la pobreza extrema en México es de unos 10 millones de personas, pero también los hay que hablan de 20.

No debe ser causa de sorpresa esto, pues todo depende de la definición aceptada. Varias veces he escuchado al editor de ContraPeso.info ilustrar esto con el ejemplo extremo de definir a la pobreza como la falta de un Ferrari en casa; esta definición haría que la pobreza en el mundo fuera superior al 99.99%.

La precaución a tener es comparar a partir de definiciones iguales —peras con peras. Conviene resaltar otra precisión. La pobreza es un fenómeno familiar, no personal. La unidad de medición debe ser la familia, no el individuo. Todos conocemos a personas que viven con ingreso de cero pesos. Son los hijos de muchas familias.

Lo que cuenta es el ingreso acumulado de sus miembros, concretamente de los que están en edad de trabajar. Con otra afinación de medición que no suele considerarse, la producción interna de la familia y que no pasa por el sistema económico; el caso típico es el del cultivos para consumo propio en zonas rurales.

El Hispanic American Center for Economic Research publico recientemente un artículo de Arturo Damm con este tema, aquí. La pregunta que se plantea el columnista es el qué fue lo que sucedió para que 6 millones de personas salieran de la pobreza extrema en esos años en México.

Si ellos salieron por sus propios méritos, con ayuda externa, pero ahora ofrecer un trabajo de mayor valor, eso es positivo; pero si el ingreso que los sacó de esa pobreza viene sólo de ayudas gubernamentales, el problema no se ha resuelto. Y no sabemos exactamente qué sucedió.

ContraPeso.info, estoy seguro, se ha distinguido por intentar ofrecer ideas e información acerca de situaciones que necesitan ser entendidas correctamente. Siguiendo esa tradición he querido ofrecer unas pocas consideraciones que ayuden a entender a la pobreza, con la esperanza de colaborar a su solución.

Ojalá lo haya logrado. Finalmente debo profundizar con unas pocas palabras mis críticas a los socialistas. Sé que sus intenciones son buenas, pero también lo son las mías, todas admirables.

En lo que diferimos no es en nuestros objetivos, sino es nuestras estrategias y tácticas. Las de ellos se arraigan en la intervención gubernamental y el crecimiento de la burocracia, las mías en las decisiones y las acciones de millones de seres libres.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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