Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Que Una Lista de Pendientes
Eduardo García Gaspar
22 septiembre 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Hacia mediados de agosto recibí una llamada de Manuel Sánchez González. Me pidió ser presentador de su libro, Economía Mexicana para Desencantados.

La recomendación no podía venir de mejor conducto, de Everardo Elizondo. Acepté de inmediato para luego darme cuenta de quiénes habían sido los presentadores en la Ciudad de México.

El libro de Manuel fue presentado por el mismo Everardo, por Francisco Gil y por Federico Reyes Heroles. ¿Qué podía decir yo que no hubieran dicho ellos?

Claro que podía hacer un copy-paste de lo que ellos comentaron acerca de la obra y eso era una tentación grande. Pero siendo de naturaleza conservadora y ortodoxa, preferí tomar el riesgo de intentar mi propia revisión del libro y comentarlo aquí.

Y luego supe de quiénes serían los presentadores aquí, Jorge Vázquez al que me alegra ver después de tanto tiempo, a Pepe Mendirichaga a quien afortunadamente veo con frecuencia y a Gerardo Cruz Vasconcelos, a quien me da gusto conocer…

En fin, frente a tantas personalidades, aquí está un simple columnista y autodidacta que espera hacerle justicia a la revisión de un libro escrito por otro personaje de grandes dimensiones.

Después de terminar el libro, a los pocos segundos puede concluirse algo con facilidad: esa obra debería ser lectura obligada para nuestra clase política y muchos otros en posiciones de influencia, especialmente en los medios.

Por una razón: es un repaso actualizado de los problemas que tenemos en México, me refiero a los económicos. Casi puede verse como una lista de problemas, sus análisis y la dirección de sus soluciones.

Con otra ventaja, las soluciones son pragmáticas, directas, sencillas, capaces de ser entendidas por todos, incluyendo a muchos de nuestros legisladores.

Y ése es otro de los méritos de la obra, el plantear las soluciones ofreciendo exactamente lo opuesto de lo que suele hacerse. Manuel ofrece datos, da información, provee razonamientos, que justifican las soluciones y esto, mucho me temo, es novedoso. Recuerdo a uno de nuestros senadores quien no hace mucho espetó al viento una aseveración: “las privatizaciones eléctricas nunca han funcionado” y lo dijo así, sin argumentos, como un dogma y sin vergüenza.

Dicen que lo que se afirma sin pruebas, gratis se niega. Somos pues afortunados de contar con este libro que en unas 350 páginas nos da una visión de los problemas económicos mexicanos y sus soluciones, razonadas e informadas. Todo en conjunto hacen recordar un par de ideas que flotan en el ambiente:

• El problema de México no es económico, sino político. Sabemos lo que debe hacerse en la economía, pero no existe en la política la claridad mental para decidirse a hacerlo.

• La otra, quizá más memorable, es la que dice que en México tenemos demasiadas “ces” y muy poca “eme”. Las “ces” que nos lastiman son la “ce” de Criminalidad, la de Corrupción y la de Crispación política. La “eme” que nos falta es la de Modernidad. Y de eso precisamente habla la obra, del modernizar a México, de actualizarlo, de ponerlo al día para prosperar.

Los temas de la modernización en el libro están claramente ordenados en capítulos, 24 de ellos que cubren temas siempre de actualidad: desde “Mercados y concepciones alternativas” hasta “Banca y mercados financieros”, pasando por “Crecimiento y ciclos económicos”, “Globalización y comercio internacional” y otros temas más, como estado de derecho, inflación, banca.

La obra prácticamente abre y cierra con el mismo tema: muchos de los comentarios económicos que escuchamos o leemos en los medios vienen de aficionados a la economía y no es raro que contengan, por ende, escasa fundamentación. Manuel, por el contrario, en su obra nos ofrece un bienvenido sentido común económico, fundamentado, razonado, probado con evidencias.

Todos hemos oído eso de que la pobreza se reduciría con una elevación del gasto social del gobierno; que el crecimiento económico en sí mismo no ayuda a los pobres. Son afirmaciones que se oyen con frecuencia y que llegan a ser creídas por la fuerza de su repetición. Es en esto donde Manuel actúa como una cubeta de sentido común que se arroja sobre esas ideas para hacerlas desaparecer, pues hay indicaciones de que exactamente lo opuesto a lo que esas ideas afirman.

La obra pone el dedo en una de las causas de nuestra falta de desarrollo, cuando por ejemplo, no sin humor, dice que la economía mixta logra resultados mixtos, mediocres, por ese miedo a definirse y tomar un rumbo claro en favor de la libertad humana e insisto en favor del sentido común, por encima del sentido de lo aparente.

Es en esto en lo que el libro de Manuel es una gran contribución al país y el entendimiento de sus problemas. Por ejemplo, la tratar los temas de corrupción y delincuencia nos provee con las explicaciones de esos problemas usando a la Economía y los incentivos que tenemos las personas en este país para, por ejemplo, convertirnos en criminales. Si hay una industria que haya recibido estímulos en México, ella es la de la criminalidad y no sorprende que florezca.

Manuel nos explica las razones de esa situación. Nos habla de la importancia de tener un eficiente estado de derecho, con bien protegidos derechos de propiedad como un requisito indispensable para el crecimiento.

Todos hemos oído eso de que la globalización produce pobreza. Por absurda que la aseveración pueda ser, su repetición indiscriminada llega a dejar huella o al menos dudas en la opinión pública. Manuel trata el tema muy bien, iniciando con la comparación entre Cuba y Taiwán dos islas comparables en los años 50 y que en la actualidad muestran condiciones muy distintas de prosperidad. ¿Por qué? En buena parte porque la globalización no produce pobreza, un punto que Manuel se encarga de probar en algunas de sus más amenas páginas.

Todos hemos escuchado eso de que conviene más exportar que importar, que la automatización debe ser detenida porque crea desempleo, que el país debe ser auto suficiente, que la privatización es un fracaso por perder soberanía las naciones, que debe elevarse el salario mínimo para incrementar el poder adquisitivo de los más pobres, que en las conquistas laborales no debe darse un paso atrás porque eso dañaría a los segmentos de menores ingresos, que el gasto social debe elevarse, que la brecha en la distribución del ingreso en México es el mayor problema…

Es en esto donde el libro de Manuel brilla con propia luz. No sólo es una lista de pendientes en la modernización del país. Es también una fuente de corrección de errores comunes de pensamiento como los de esas ideas que acabo de mencionar. Por ejemplo, es común creer que para resolver el problema de un mayor tasa de crecimiento el gobierno debe intervenir más, cuando hay buenas indicaciones de lo opuesto: para elevar el dinamismo económico debe reducirse el tamaño del gobierno.

Todos hemos escuchado que los impuestos en México son muy bajos como parte del PIB, que quienes más ingresos tienen deben pagar más impuestos, que desde 1982 de aplican sin piedad todas las medidas neoliberales en México sin que hayan producido resultados, que debe devaluarse el peso para ayudar a los exportadores, que debe tolerarse algo de inflación porque ella elevaría la tasa de crecimiento económico, que las tasas de préstamos bancarios son muy elevadas y el gobierno debería reducirlas, que la pobreza en el mundo ha aumentado…

Insisto en mi punto. La obra de Manuel es como una especie de lista de corrección de ideas equivocadas como ésas y no sería nada mala iniciativa recomendar que se convirtiera en lectura de ése que no hace mucho escuché en la radio decir que “es inconcebible que se tengan tantas reservas internacionales en el Banco de México y aún exista pobreza en México”. La vida, mucho me temo, es bastante más que distribuir reservas, sean de quien sean.

El estilo de Manuel es cordial y amable. Tiene algo útil que decir y lo dice bien, como por ejemplo, cuando habla de la relación entre tasas de interés y leyes que tratando de proteger a los ciudadanos terminan por lastimarlos retirándolos de la posibilidad de ser sujetos de crédito. No es un estilo agresivo, al contrario, es cortés e inclinado a ofrecer evidencias para probar lo que dice.

Cierra Manuel con un capítulo sobre la economía y los economistas, con reflexiones personales sobre su profesión. Una lectura en extremo agradable, que nos introduce a ideas como la de “economía de aeropuerto” y lo tonto que es ayudar a los pobres de ciertas maneras muy atractivas.

Bravo por Manuel y su nuevo libro. Bravo por su sentido común y la habilidad para tratar temas complejos de manera clara y entretenida. Lo que ha hecho es doble: sí, se trata de una lista de pendientes para la modernización mexicana, pero también es una herramienta que sirve para deshacernos de las malas ideas económicas que pululan por tantas partes.

Gran lectura, muy recomendable.


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