Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cifras a la Medida
Eduardo García Gaspar
7 junio 2007
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El Banco Mundial reportó hace un par de meses buenas noticias: desde 1990 el número de pobres ha disminuido en el mundo en 260 millones. Son buenas noticias y desde luego también es una cuestión de mediciones.

Según un amigo, muy exagerado, es pobre todo aquel que no posee un Ferrari… lo que haría que el número de pobres en el mundo se elevara notablemente.

Mi punto es simple. La medición de la pobreza es un efecto de los parámetros que se utilicen. No igual, pero similar a usar termómetros con diferentes escalas. La definición de pobreza es la de un ingreso diario igual o menor a 1.08 dólares de 1993, según el Banco Mundial. Podía haber otra definición, como la de mi amigo, o como la que a usted se le ocurra. Ninguna de esas definiciones va a carecer de problemas.

Y esto es algo vital porque esas definiciones suelen estar a cargo de burócratas, gobernantes y activistas, cada uno con su agenda personal. ¿Quiere usted cambiar la cifra de pobres para mejorarla o empeorarla? No hay problema, modifique la definición y haga su declaración a los medios, la que a usted le convenga.

¿Quiere usted probar que la globalización empobrece a la gente? Tampoco hay problema. O lo opuesto. Todos le van a creer, especialmente lo negativo.

En 1999 el Banco Mundial reportó que el número de pobres había aumentado en 300 millones desde 1987. ¿Le conviene a alguien probar que la pobreza se ha elevado? No hay problema, que use esa cifra.

En 2002, el mismo banco dijo que el número de pobres se había reducido en 200 millones desde 1982. ¿Le conviene esa cifra a alguien? Que la use y dará credibilidad a su opinión.

Me recuerda esa situación a lo que Alexis de Tocqueville escribió a mediados de siglo 19. El tema era el de los impuestos y al carecer de cifras dijo que debía usar su sentido común para saber si los impuestos eran o no altos. Algo así podemos hacer nosotros. Usar el sentido común e irnos hasta esas fechas. No creo que haya problema en decir que en esos tiempos la regla era la pobreza.

Suecia, la nación que se ve como desarrollada y avanzada, en esos días era el clímax de subdesarrollo. “En 1870, Suecia era más pobre de lo que hoy en día es el Congo. La gente vivía veinte años menos de lo que se vive en la actualidad en los países en desarrollo, y la mortalidad infantil era el doble de la del país en desarrollo promedio”, escribió Johan Norberg, un sueco.

Fue desde poco antes que comenzó algo insólito, el crecimiento. Y al tener crecimiento se produjo la reacción natural, preguntarse la causa de la riqueza. Recuerde el título completo del libro de Adam Smith, “una investigación sobre las causas de la riqueza…”. Y eso, poco más tarde ocasionó otra reacción igual, el preguntarse las causas de la pobreza, lo que fue maravilloso al presuponer que la pobreza ya no era el estado normal de las cosas, como se había creído.

¿Es el mundo más pobre que en el siglo 19? Definitivamente no. La pobreza ha disminuido notablemente, especialmente cuando se considera que la población ha crecido mucho. Por esos tiempos, en 1800, había unos mil millones de personas, ahora hay seis mil y somos más ricos ahora que entonces. Sí, el número de pobres ha ido hacia abajo muy marcadamente y de eso pocas dudas podemos tener.

El problema no es ése, el de si hay más pobres o no. No los hay. El problema es el que se percibe en la frase de Norberg: “En 1870, Suecia era más pobre de lo que hoy en día es el Congo”. Dos partes del mundo. Las dos en circunstancias similares. Una se vuelve rica, tan rica que implanta el ineficiente estado de bienestar. La otra parte sigue en la pobreza.

Ya no es un problema de lamentos, reclamos e indignación. Cualquier mente razonable concluirá que la pobreza puede remediarse haciendo eso mismo que hicieron Suecia y el resto de los países ricos. No es una cuestión de física cuántica.

A lo que voy es que muchos de los que se lamentan acerca de la pobreza son ellos mismos causas de lo que tratan de resolver. Menos lamentos y más acción les vendrían bien. Por no mencionar el dejar de lado a todas esas escuelas que producen pobreza: comunismo, socialismo y dictaduras corruptas. Si hay pobres, es porque se quiere que existan.

POST SCRIPTUM

Los datos del Banco Mundial vienen de la columna de Carl Bialik del 1 de Junio en el WSJ “Flaws in Measuring The World’s Poor May Hinder Solutions”.


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