Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tiranía Reconsiderada
Leonardo Girondella Mora
8 enero 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Para tener una lista de los tiranos del año es sencillo acudir a la revista Parade —allí se tienen los nombres de lo más destacado del año pasado:

1. Omar al-Bashir, Sudán desde 1989

Persecusiones religiosas y étnicas, bombardeos a zonas opuestas al gobierno, unos 70,000 muertos, millones desplazados.

2. Kim Jong Il, Corea del Norte desde 1994

Décadas de un país bajo un tirano, desde su padre, Kim Il Sung. Un cuarto de millón de personas en cárceles, con ejecuciones en público. Es un crimen dejar que el polvo cubra los retratos del tirano.

3. Than Shwe, Burma desde 1992

Prohibe la posesión de modems y faxes, con penas hasta de 15 años. Destrucción de miles de poblados, torturas, trabajos forzados.

4. Hu Jintao, China desde 2002

Dentro de su liberalización económica, hay un cuarto de millón de personas en centros de reeducación, ejecuciones por delitos menores, opresión de minorías.

5. Príncipe Abdullah, Saudi Arabia desde 1995

Parte de la familia en el poder por 40 años, sin libertades y trato desigual a mujeres.

6. Muammar al-Qaddafi, Libya desde 1969

Renunció a apoyar al terrorismo y a su programa nuclear, sin libertades y posibles juicios por culpas colectivas. La oposición política es equivalente a traición.

7. Pervez Musharraf, Pakistan, desde 1999

Discriminación de mujeres, sin libertades ciudadanas y poseedor de armas nucleares.

8. Saparmurat Niyazov, Turkmenistán desde 1990 hasta fin de 2006

Abierto culto a su personalidad, un partido de estado, uso de tortura, trabajo forzado, lectura obligada de su libro.

9. Robert Mugabe, Zimbabwe desde 1980

Considera crimen cualquier frase ofensiva en su contra.

10. Teodoro Obiang Nguema, Guinea Ecuatorial desde 1979

La mayoría del dinero del petróleo va a sus manos, extrema pobreza, acusaciones de tortura.

La lista es de David Wallechinsky, en cuya información me he basado —si usted quiere profundizar en la lista, hay una ampliada aquí. Hay otro reporte digno de ser visto,  World’s worst regimes revealed,  en el que se dice que,

The report, “The Worst of the Worst: The World’s Most Repressive Societies 2005,” includes detailed summations of the dire human rights situations in Belarus, Burma (Myanmar), China, Cuba, Equatorial Guinea, Eritrea, Haiti, Laos, Libya, North Korea, Saudi Arabia, Somalia, Sudan, Syria, Turkmenistan, Uzbekistan, Vietnam, and Zimbabwe… Chechnya, Tibet, and Western Sahara are included as territories under Russian, Chinese, and Moroccan jurisdictions respectively”.

Muy bien, allí están y tenemos la habilidad de reconocerlos —pero queda pendiente el conocerlos, el tratar de comprender la naturaleza de esas personas, que es cuando entra en juego una columna reciente de Josh Manchester y que inicia con la idea normal que se usa al hablar de estos personajes.

Es común calificarlos de locos, lunáticos, perturbados, enajenados —pero ¿es ésa una descripción adecuada? Manchester dice que no. Hay más que esa dimensión, mucho más.

El columnista habla de seres despiadados, con una insaciable sed de poder —eso es mejor que llamarles locos. Se adoran a si mismos y establecen un culto a su persona, con estatuas y efigies y pinturas de ellos en todas partes. Tienen, dice, un fuerte instinto de preservación y por eso combaten brutalmente cualquier signo de oposición —el sufrimiento humano no les detiene, por eso las torturas son pan de todos los días.

Son, me parece, el clímax de la concentración de poder en una sola persona, acrecentado conforme se eleva la miseria del resto —por eso, llamarles locos es hacerles un favor. Son adictos al poder absoluto sustentado en ellos como objeto religioso. Su frases, sus dichos, sus discursos son proyectadas como de proporciones bíblicas a su sociedad. Reales adictos a lo que Kissinger llamó el mayor de todos los afrodisíacos, el poder sobre la gente.

Detrás de la adicción al poder, en algunos casos pueden detectarse con facilidad ideas y concepciones que ellos quieren hacer realidad entre sus gobernados —sociedades bolivarianas, socialistas, religiosas, puras, que sólo ellos entienden y pueden aplicar gracias a sentirse iluminados y tener poder absoluto. Tal vez sea como una especie de proyecto del que ellos son responsables y que no admite las molestias democráticas de consensos, ni la exposición al exterior.

Con excepciones, pero esos regímenes tiránicos están cerrados a la vista de extranjeros —raras son las noticias sobre Omar al-Bashir o Than Shwe; o las de Haití, Libia, Burma y demás. Las excepciones son Cuba  —por alguna razón, siempre Castro ha sido noticia; Corea del Norte, por sus intenciones nucleares junto con Irán; Venezuela también. Tal vez se trata de tiranos diferenciados por la dimensión de sus intenciones internacionales.

Finalmente, la prudencia indica el alejarse de la vaga noción del tirano como un lunático, para verlo como un adicto al poder, seguramente con un proyecto a aplicar por la fuerza —algún sueño concebido por ellos como únicos capaces de realizarlo. ¿Tontos? Todo lo contrario, hábiles, diestros, astutos, competentes, mañosos y poseedores de las habilidades que les permitieron llegar al poder, que es su razón de vida. ¿Perfectos? No, tienen ellos el sufrimiento del drama personal: el poder aísla profundamente alejando a la realidad y haciéndolos más propensos a errores constantes y complejos de persecución.

Un adicto no puede vivir sin su droga y un tirano, sin poder.


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