Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bienvenidos a La Realidad
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace ya tiempo, un amigo contó el caso de un proceso de fabricación de un metal, que hacía esa producción más barata y le daba una ventaja competitiva a la empresa. Todo iba bien admirando el talento de la tecnología que reducía costos, hasta que mencionó que el proceso, basado en el consumo de gas, pagaba precios subsidiados por el gobierno.

Toda la contabilidad del proceso era una fantasía creada por precios artificiales, que eran más bajos por decreto gubernamental. Si los burócratas hubieran decidido retirar el subsidio, todo el proceso dejaría de ser la maravilla que impresionaba a tantos. Casos como este ilustran muy bien el tema de la imposibilidad de conocer los resultados de una empresa cuando los precios no son reales.

La tasa de interés es también un precio, el del dinero, o mejor dicho el precio del uso presente del dinero. Si una autoridad lo maneja a su discreción ello alterará las decisiones de la gente. Si el precio del dinero es muy bajo, ello animará a las personas a usar más del crédito. Es lo mismo que el precio del gas, una fantasía contable y económica que no presenta a la realidad y si ella no se conoce, las decisiones serán malas.

Un mercado libre es uno en el que los precios son reales, es decir, formados por las decisiones libres de muchos miles y millones de personas que compran y venden. El mercado del dinero es un mercado más y necesita precios reales. Si se decreta una reducción de la tasa de interés, eso elevará la cantidad demandada de crédito y, con ello, una mayor aceptación de riesgos. No se hubiera hecho eso sin la reducción artificial del precio.

Además, dentro del precio se incluyen otros factores, como las garantías externas. Si alguna regla escrita o no hace suponer que el riesgo del crédito es aún menor al percibido, eso es una reducción de precios por encima de la baja de la tasa. Esto es precisamente lo que hicieron Fannie Mae y Freddie Mac, hacer presuponer una garantía gubernamental que bajaba el precio del riesgo.

Si esa demanda de crédito basada en una tasa artificial produce una elevación de la demanda de otros bienes como casas, los precios se elevan. Todo es artificial, pero la percepción es lo que cuenta. Se ven los precios de las casas, pero no se ve que son ficticios, y se sufre una especie de inflación que aconseja gastar más y más, lo que produce de nuevo elevaciones de cantidades demandadas.

Las autoridades hicieron todo con una buena intención, la de reanimar a la economía y, mediante eso, hacer que todos vivan mejor. Nadie se opone a tal cosa, pero hay un problema con la manera de hacerlo y que crea una situación ilusoria. De momento todos mejoran y se elogia a la autoridad por sus acciones. Eventualmente vendrá una situación opuesta y que es un regreso a la realidad.

Piense usted en esto: si la reducción del precio del dinero fuera la verdadera solución del bienestar económico, todos viviríamos en todas partes como millonarios desde hace siglos. Sobre la base de una situación falsa, las decisiones son equivocadas y la fantasía trastorna las mentes: banqueros y financieros elevan la fantasía con lo que ha sido calificado de “exóticos” instrumentos financieros que se “burlan” del verdadero concepto de inversión.

Es un mundo aparente y fabricado que engaña haciendo creer a casi todos que las cosas son mejores de lo que en realidad son. El gobernante ve maravillado su obra y piensa que será popular. Los banqueros crean inversiones basados en una ficción. Y las personas sienten que pueden vivir fuera de sus posibilidades. Todo, sin esfuerzo personal, gracias a medidas decretadas por la burocracia.

La economía, al final de cuentas, la hacen las personas decidiendo ellas lo que más les conviene en lo personal. El cúmulo de acciones de millones de personas es la realidad y si ella es alterada por medidas artificiales, las consecuencias se verán tarde o temprano. Algunas consecuencias se verán con facilidad, como en el caso de la crisis actual. Otras serán más difíciles de descubrir.

Tome usted por ejemplo a la pobreza y verá que detrás de situaciones de miseria sostenida y sistemática, siempre hay una variable consistente: malas políticas económicas decretadas por un gobierno que con las mejores intenciones hace cosas que deberían ser dejadas en manos de cada una de las personas.

Post Scriptum

Ha sido una tradición desde el siglo 19 predecir el fin del capitalismo. Marx y Engels creían que con cada problema de sus tiempos se había presentado ese final. Nunca llegó durante sus vidas y el marxismo fue forzado en el país que menos propicio era según la predicción marxista. La tradición siguió y esta crisis no es la excepción. De nuevo se opina que la crisis fue debida al liberalismo, al capitalismo, al neoliberalismo, que este es su final y que, por tanto, debe haber un retorno a la concentración de poder en los gobiernos para que ellos nos conduzcan sabiamente a la prosperidad como lo intentaron Luis XIV y sus acólitos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras