Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derecho a Mozart
Eduardo García Gaspar
18 diciembre 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El fantástico de Mozart es un favorito mío. Tiene más complejidad de la que aparenta. Su música es atractiva desde la primera vez que se escucha. Pero en el fondo se descubren cosas con cada repetición de sus obras. Yo tengo derecho a escuchar a Mozart.

Lo escucho ahora mismo si quiero, o más de noche. O mañana, a la hora que se me antoje. No hay problema y sólo me limita el molestar a otros. Poner a todo volumen el Requiem con las ventanas abiertas no será bueno para mis vecinos, especialmente en la madrugada. Con limitaciones, pero tengo derecho a Mozart.

Y, sin embargo, ese derecho que es lo más inerme del mundo contiene una posibilidad diabólica. Puedo interpretarlo como una obligación que otro tiene y reclamar que me sean regalados discos del compositor y boletos para sus conciertos. La cosa vista así ha cambiado notablemente. Todo porque he modificado la obligación de un lugar a otro.

Bajo una interpretación, yo compro mis discos y mis boletos, la única condición que se impone en los demás es la de dejarme que pueda hacerlo, como la de no robarme y no lastimarme. Pero bajo la otra interpretación, yo voy con usted y le pido que me dé su dinero para comprar discos y boletos, y si acaso no me lo da, entonces voy con el gobierno para reclamar mi derecho a Mozart.

No es una exageración lo que digo. Tome usted el derecho al trabajo y verá que tiene dos posibles interpretaciones. La más saludable de ellas es la que me da libertad, bajo mi responsabilidad, de dedicarme a las tareas que yo decida, las que sean. La única limitación es que se respete esa misma libertad en los demás, lo que prohibiría oficios como el del ladrón, el defraudador, matón y otros por el estilo.

Pero el derecho al trabajo puede interpretarse como el trasladar la obligación a terceros, a quienes se asignaría esa exigencia, la de darme un trabajo a mí. En esta interpretación indebida de un derecho, se ha dividido el derecho de la obligación: el derecho es mío, pero la obligación es de otros. Igual que cuando el derecho a Mozart se convierte en mi derecho, pero en obligación de otros.

No tiene sentido hacer eso, pero se hace. La terminología usada es la de derechos económicos y es parte de un síntoma de nuestros tiempos, la de ampliar sin sentido la lista de derechos que los humanos deben tener. No hay problema en tener derechos de los que uno mismo es responsable también. Mi derecho a Mozart implica una obligación, la de quizá tener un ingreso y con parte de él comprar discos.

Pero su alguien llega a mi casa diciendo que tiene derecho al trabajo y con eso me obliga a contratarlo, todo cambia por una razón: estaría afectando mi derecho a Mozart y a muchas cosas más. Toda la obligación que exijo a los demás es la de no impedir que yo escuche a Mozart, por ejemplo, no robándome.

No es difícil de entender y tiene sentido. Pero con frecuencia se habla de derechos económicos que tendrían el efecto de alterar los demás derechos de todos. Se habla del derecho a un ingreso digno, lo que no está mal, si se interpreta como dejarme trabajar en lo que desee y, por ejemplo, tener impuestos muy bajos.

Pero si el derecho al ingreso digno significa que se va a retirar dinero de los bolsillos de otros para dárselo a quien reclama ese derecho, el asunto es muy diferente. Y tiene consecuencias, porque si se aplica va a ser por la fuerza. O la persona que quiere un ingreso mayor entra a mi casa y se lleva parte de mis propiedades, o pide al gobierno que haga eso mismo por él. De cualquier manera es un robo.

Esos derechos económicos tienen una buena intención, la de mejorar el bienestar de las personas. Nada malo existe en esa meta. La dificultad es que es sólo un argumentum ad misericordiam: uno que apela a la caridad y la compasión, pero nada más. Y, de trasladar a otros las obligaciones que satisfacen esos derechos, se cometería un acto de injusticia.

Los derechos económicos son una bonita parte del discurso político de los bien intencionados, pero mal orientados. No puede beneficiarse a unos lastimando a otros sin alterar la igualdad humana. Por eso es que al escuchar que alguien los menciona, lo mejor es preguntar cómo piensa implantarlos. Generalmente contestarán que es el gobierno el que los debe aplicar. Un robo legalizado.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.





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