Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Partidocracia en México
Eduardo García Gaspar
9 junio 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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La expresión ha cobrado fama. Se repite con cierta frecuencia que México, después de 2000 no es propiamente una democracia, sino una partidocracia. La definición de tal palabra es evitada, pero connota la idea de que los que gobiernan en México son los partidos y no los ciudadanos.

Se dice que, esa partidocracia es como una oligarquía con otro nombre: el gobierno de una elite que busca su propio beneficio sin considerar el del país, entendiendo que la máxima ambición de los partidos es una simple: lograr el poder cueste lo que cueste. Si esto es cierto, la situación mexicana sería sencilla de definir: no tenemos democracia, pero si una lucha de poder entre partidos.

El fenómeno no es nuevo. Tocqueville lo trató en el siglo 19 en su libro, La Democracia en América. Hablando de partidos políticos, dijo que dentro de un sistema político aristocrático, los gobernantes se ocupan más de ellos mismos y sus partidos que de sus electores, que es precisamente lo que sucede en México. Consecuentemente, tenemos en el poder una elite, no precisamente con lo más selecto de la ciudadanía.

¿Por qué se tiene tan baja calidad en los miembros de los partidos políticos? También hay una opinión razonable en ese libro. Tocqueville dice que, dentro de sistemas democráticos, los electores tienden a apartar de los puestos públicos a las personas mejor preparadas y que estas mismas personas tienden ellas mismas a evitar carreras políticas en las que no podrían respetar sus ideas y correrían el riesgo de envilecerse.

Un ejemplo ayudará a entender esto que suena tan abstracto. Recientemente una alcaldesa en Nuevo León, México, regaló a sus ciudadanas 80,000 lápices de labios con motivo del Día de la Madre. No creo que una persona preparada como lo entiende Tocqueville lo hubiera hecho. Y sin duda, en muchos electores eso causó una buena impresión de la alcaldesa.

Hasta aquí, por tanto, se tiene una situación que concluye que el gobierno mexicano tiene partidos políticos más preocupados por sí mismos que por el país, y que sus miembros no son personas con la preparación que merecería un puesto público, así sea el de un alcalde. Esto lleva a otra consideración que hace el mismo Tocqueville.

Hace él una división entre tipos de partidos. A unos llama grandes y son los que están“más ligados a los principios… a las generalidades… a las ideas” y menos a las particularidades, a los detalles y a las personas. Los otros partidos, a los que llama pequeños, son los que se“exaltan e irritan sin motivo, los que usan lenguaje violento, los que agitan y alborotan y cuya única meta es extender su poder.

La enorme desventaja de hablar de la partidocracia es que al mismo tiempo que señala una realidad y lo hace de manera fiel (a la que he añadido algunas precisiones por encima de las usuales), coloca toda la responsabilidad en esos partidos y se olvida del otro responsable, al que Tocqueville también trata.

Escribe él que cuando los ciudadanos no se preocupan más que de sus asuntos particulares, eso crea la oportunidad de que los partidos políticos se hagan“dueños de los negocios públicos y hablen a nombre de esos ciudadanos que se ausentan y descuidan. En otras palabras, el ciudadano despreocupado de las cuestiones políticas, crea un vacío de poder que es llenado por esos partidos pequeños.

A lo de Tocqueville es posible añadir algo más, el caso del ciudadano que se felicita por favorecer gobernantes que le hacen regalos, como esos lápices de labios, algunos útiles escolares, Viagra, playas callejeras. Ya no es esto un caso de descuido político, sino de corrupción política del ciudadano.

Todo lo que he querido hacer y que creo que bien vale una segunda opinión es señalar que el estado de la democracia mexicana, que no es precisamente muy sano, no es algo único ni nuevo. Fue tratado, en su esencia, en una obra de mediados del siglo 19. No es que eso sea un consuelo, pero sí es reconfortante: tiene remedio y ese remedio, me parece lógico, tiene su inicio en la conducta del ciudadano elector convertido en un votante receloso de las grandes promesas y los gobernantes carismáticos.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



3 Comentarios en “Partidocracia en México”
  1. Virgilio César Dijo:

    Estoy de acuerdo que por el simple hecho de ser ciudadano mexicano se tenga el derecho de votar pero también de ser votado, esto segundo en México ya no aplica… considero, que la incipiente democracia en México dejo de serla para darle paso a la Partidocracia… Considero que no presentarse a votar es manifestarles a los políticos que no nos interesan nuestros asuntos democráticos y eso es darles nuestro aval para que sigan siendo dueños de los negocios públicos. Darle nuestro voto a alguno de ellos (aunque sea el menos peor) es estar de acuerdo con las condiciones legales vigentes que los partidos políticos crearon para su propio beneficio. Yo prefiero presentarme a votar para anular mi voto con una tacha a lo largo y ancho de las boletas, para que cuente como un rechazo a lo que representan los políticos y sus partidos.

  2. roberto linares Dijo:

    Algo muy similar de lo que ocurre en mi pais, Argentina

  3. Gabriel Aguilar Mendoza Dijo:

    La partidocracia es un asalto en despoblado al pueblo de México, ya que es la democracia de las minorías, o sea, de los plutócratas (gobierno de ricos) y de los oligarcas (gobierno de pocos), los cuales ven a las mayorias como si fuera una masa amorfa para usarla a sus caprichos dictatoriales. Lo grave de lo anterior es que tanto los medios ce comunicación escrita cómo de radio y televisión están al servicio de los partidócratas y por ende en contra de las multitudes silenciosas.





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