Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonio: Su Redefinición
Eduardo García Gaspar
13 agosto 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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La persona, en una conversación que dominaba, habló con total certeza. Dijo que el matrimonio en estos tiempos modernos, debía ser redefinido y aceptar de una vez por todas que exista el matrimonio entre homosexuales. Lo dijo así, sin más razón que ésta: los tiempos lo requieren.

La reacción entre quienes escuchamos eso fue mixta. Mientras que algunos movían la cabeza de arriba a abajo en señal de aceptación, otros la movíamos de un lado a otro en señal de reprobación. Fue desafortunado que a esa idea no siguiera una discusión ordenada. Tanto unos como otros terminaron haciendo lo mismo: lanzándose insultos. No hubo posibilidad de esgrimir argumentos, ni de un lado ni del otro.

Salí de allí con muy mal sabor de boca, más por la falta de una buena discusión, que por la idea que sostuvo esa persona. Y me puse a pensar.

Si queremos redefinir al matrimonio, como él propuso, debemos primero definirlo en su concepción original. Todos hemos escuchado que el matrimonio es el origen de la familia y que ella es el núcleo de la sociedad. Si esto es cierto, y creo que lo es, mi primera reacción es de precaución: redefinir al núcleo de la sociedad es redefinir a toda la sociedad. Algo que es en extremo riesgoso.

En su concepción tradicional, el matrimonio es una institución formal, muy formal, universal en tiempo y lugares, formada sobre la base de un compromiso entre personas de sexo distinto. Es el primer paso de la familia, a la que forman, esas personas y los hijos que procreen. Del matrimonio depende la continuidad del género humano.

Si la redefinición del matrimonio altera esa continuidad, debo confesar que comenzaría a ponerme muy nervioso. Estaríamos en un agravamiento de la situación actual de poblaciones que decrecen ya sin aplicar aún esa redefinición de matrimonio. No es un bonito panorama el prever desapariciones eventuales de las sociedades que apliquen esa redefinición.

El matrimonio tradicional tiene características muy adecuadas a la procreación: un complemento de personas a cargo y que se complementan mutuamente en lo intelectual, emocional y biológico. Más aún contiene normas aceptadas: monogamia, fidelidad por el resto de la vida, compromisos mutuos, responsabilidad paternal por tiempo indefinido.

Es decir, ese matrimonio es muy diferente al tener amigos y al formar sociedades de cualquier otra clase. Necesita otro tipo de emociones y decisiones, más sólidas y firmes. A un amigo se le puede dejar de ver mañana mismo, pero la separación matrimonial es un problema muy serio. Después de todo fue una deliciosa unión sexual la que creó la vida de los hijos y con ello responsabilidades vitalicias.

Redefinir al matrimonio con el propósito de legitimar contactos sexuales que por definición no conllevan posibilidades de procreación es un cambio radical en la estructura de nuestras civilizaciones. Podrán así satisfacerse ambiciones de satisfacción corporal bajo apariencias legales de respetabilidad, pero los efectos en la sociedad no dejarán de sufrirse.

El matrimonio redefinido, más aún, ya no tiene necesidad de las normas que rigen al tradicional. Ya no necesita ser monógamo, ni requerir fidelidad, ni ser un compromiso vitalicio. Sería como expandir las facilidades del divorcio y sus efectos, incluyendo los apareamientos momentáneos.

Creo que el tema bien vale una segunda opinión por las consecuencias que tiene. En lo personal, sostengo una opinión opuesta a la redefinición del matrimonio, en parte por las razones que expuse (a las que no he añadido mis razones morales y religiosas). Pero hay algo en todo esto que indigna.

Personas como la que mencioné van por la vida sosteniendo opiniones a las que no justifican. Se limitan a repetir una posición políticamente correcta, que no evalúan. Es su imprudencia la que me indigna, porque si vamos a hablar del tema, hagámoslo con seriedad, que lo merece.

Razonar que el matrimonio debe ser redefinido porque estos tiempos lo merecen es un argumento que nada dice. Nadie puede decir con seriedad que se redefinan las leyes físicas porque ya son tiempos de hacerlo.

Esta falta de seriedad es un agravante del problema, muy bien representado en la realidad: sin la menor pena ni vergüenza, muchos piden esa redefinición porque alguna encuesta señala que la mayoría de la gente la aprueba. Mayor superficialidad es difícil de tener.

Post Scriptum

La idea de Hayek sobre el exceso del racionalismo es quizá la mejor lectura posible para comprender lo que está sucediendo en este asunto de los matrimonios homosexuales. Hablar de ellos sin comprender esa idea resulta superfluo.

En la columna me he adentrado siquiera un poco en los asuntos de más fondo, pero la base del conflicto da muy bien la razón a Hayek: redefinir el matrimonio sería un exceso racionalista que presupone tener la capacidad de rediseñar también al resto de la sociedad haciendo caso omiso de lo que sea no visto a simple vista como racional, empírico, positivo y utilitario.

El trasfondo es el contraste entre dos maneras de comprender a las personas y cómo viven. Una es la visión de un diseño intencional, perfectamente racional y deliberado, que es producto de la razón (los progresistas). Otra es la visión del diseño espontáneo, no intencional, producto de la evolución cultural, de intentos fracasados y exitosos que han llevado a la situación actual (los conservadores).


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Matrimonio: Su Redefinición”
  1. Juan Dijo:

    En principio, el matrimonio es, por definición, la unión entre hombre y mujer. Sin embargo, como las acciones privadas de los hombres sólo las juzga Dios y acá no se trata de una acción privada sino de un acto público, por el cual el Estado legaliza la unión de dos personas, no cabría denominarlo matrimonio, sino unión civil. En este caso con los derechos y deberes de los matrimonios, EXCEPTO adoptar o procrear hijos por métodos artificiales, como podría ser la donación de semen “alquilando” un vientre o en el caso inverso comprando semen para utilizarlo en el propio vientre. NOTA DEL EDITOR: usar diferentes palabras para pretender que no son lo mismo, es un artificio que no cancela los efectos de largo plazo de los que habla la columna.





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